jueves, 30 de diciembre de 2010

México: un año de recuperación insuficiente

Por Héctor Farina Ojeda

La crisis global desatada en 2008 representó un duro golpe para México: en 2009 su economía decreció 6.5%, lo que afectó fuertemente a toda la población. En tanto 2010 fue un año de recuperación.

El crecimiento económico estimado en 2010 fue de 4.5%. Esta cifra resultó mucho mejor de lo que se esperaba a principios de año, cuando se pensaba que la economía mexicana casi no iba a crecer o que mejoraría como máximo 1 o 2%. Sin embargo, se dio un crecimiento mayor, fundamentalmente gracias al repunte de la economía de Estados Unidos.

Pero, si bien México fue el país más afectado por la crisis en 2009, no fue el que tuvo la mejor recuperación. Su desempeño quedó lejos de economías como la de Paraguay, que creció 14.5%, o las de Uruguay, Brasil, Argentina y República Dominicana, entre otros, que superaron el 7% de crecimiento.
México empezó 2010 con un aumento de impuestos. Los números oficiales dicen que por ese motivo la recaudación fiscal creció 4% y se llegó a casi 2 billones de pesos.

En cuanto a los empleos, el dato indica que se crearon más de 1 millón de puestos, de los cuales se perdieron cerca de 300 mil, con lo que la cifra oficial queda en 730 mil empleos generados en 2010.

Hasta aquí tenemos que ha habido una recuperación del empleo en 2010, comparando con la mala situación de 2008 y 2009, pero esta generación de empleos es claramente insuficiente para hacerle frente a la demanda. Hoy, el país tiene cerca 2.5 millones de personas sin trabajo, lo que representa la misma cifra que se tenía el año pasado.

En este contexto, es claro que la recuperación económica que se tiene no es suficiente para revertir la condición de pobreza ocasionada por la crisis de 2009. Según la Cepal, recién en 2012 se podría llegar a los niveles de pobreza previos a la crisis: 34% de la población, que sigue siendo una cifra muy alta. Mientras hubo una leve reducción de la pobreza en el resto de América Latina, en México hubo un incremento.

Un dato preocupante es la caída en el promedio de los salarios reales en México: 2.6% en 2008 y 5% en 2009, lo que representa 7.6% en los dos últimos años. Todo esto debido a la crisis económica global. En 2010 se estima un leve incremento del salario de 0.94%, pero que no alcanza para mejorar la condición real de los ingresos de los trabajadores.

Igualmente, para completar el cuadro, los precios de los productos de la canasta básica subieron 4.32% hasta noviembre –de acuerdo al informe oficial de inflación-, lo que está por encima del pronóstico que esperaba que la cifra se mantenga en 3%. A esto hay que sumarle los aumentos de diciembre, que generalmente son importantes.

Otro aspecto preocupante es la violencia, sobre todo porque –en lo económico- afecta a una de las cuatro principales fuentes de ingreso de México: el turismo. Igualmente, desincentiva la radicación de inversiones, que en el caso de las inversiones extranjeras siguen debajo de los 20 mil millones de dólares anuales previos a la crisis.

Con este panorama, tenemos que la recuperación de la economía en 2010 es insuficiente para revertir los efectos ocasionados por la crisis económica que se inició en 2008. Hubo mejorías en los grandes números, pero estos no alcanzan a todos los sectores.

Para 2011 se espera que la economía mexicana tenga un crecimiento de 4% y que se generen unos 600 mil empleos. Sin dudas, el gran problema se dará en el campo de los puestos laborales, ya que se requieren 1.2 millones de empleos por año para hacerle frente a la demanda, es decir, el doble de lo que se pronostica.

El desafío de la economía mexicana sigue siendo lograr convertirse en una economía sólida y con un dinamismo propio, que sea competitiva y que pueda generar más oportunidades de las que hoy está generando, porque de lo contrario no se podrán abatir los males del desempleo y la pobreza.

Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Bonanzas coyunturales y estrategias de futuro

Por Héctor Farina Ojeda (*)

La cifra récord de Paraguay en este 2010 es clara: 14,5% de crecimiento de la economía. Como nunca antes, se conjuntaron varios factores en serie que hicieron posible que el país tenga un notable incremento de su Producto Interno Bruto (PIB) y que se pusiera a la vanguardia de América Latina y en tercer lugar a nivel mundial en materia de crecimiento económico anual. Pero esta situación de bonanza nos confronta con muchos de nuestros prejuicios y con nuestra peculiar forma de ver el mundo. Nuestro anclaje al pasado y nuestra proyección al futuro exigen una nueva perspectiva.

En primer lugar, tenemos que este repunte en la producción de riqueza es un grito contra el ostracismo: el trabajo constante genera mejorías y rompe el mito popular conformista de que “así nomás luego tiene que ser”. Las frases que simbolizan el atraso y el estancamiento deberían desaparecer del imaginario colectivo, de la mano del trabajo que reivindique la capacidad de hacer que tenemos los paraguayos.

Pero, en un segundo plano, este crecimiento nos obliga a cuestionarnos sobre los fundamentos de este logro. Aquí nos encontramos con que la economía dio el salto gracias a la excelente producción agrícola -apoyada en un clima altamente favorable-, los buenos precios de estos productos en el mercado internacional, el incremento de la ganadería y el acompañamiento de sectores como la industria y la construcción. Pero, en el fondo, es la convergencia de factores la causante del repunte: sin un clima favorable o sin los precios convenientes, lo demás sería difícil de lograr, porque la producción agrícola sería mala o mal pagada.

Ante esto, el planteamiento que corresponde es pensar cómo hacer que el crecimiento económico sea sostenible en el tiempo y que no sólo dependa de variables casuales como el clima. Y más aún: ¿cómo lograr que la mejoría de la economía llegue a la mayoría de la gente y no quede concentrada solo en pocas manos de los sectores beneficiados?

Más allá de una bonanza coyuntural debemos aprender a diseñar estrategias de futuro que nos lleven a construir una mejoría sostenida e inclusiva. La economía de un país no puede estar a merced de factores momentáneos y cambiantes que no garanticen más que un beneficio casual, sino que debe construirse sobre la base de la capacidad de la gente. Por eso, el gran desafío que tenemos los paraguayos es lograr que este año extraordinario sea el trampolín hacia un futuro de mayores certezas. Y para ello se debe pensar en buscar los mecanismos para mantener el crecimiento, al mismo tiempo que se invierte en la proyección de la gente hacia la generación de mayores oportunidades.

En este escenario, estamos en el momento ideal para dejar de lado la dependencia a lo ocasional y externo, y pasar a lo visionario, lo planificado y sostenible. Necesitamos con urgencia un plan económico para aprovechar el momento y que nos lleve a mejorar la competitividad de las empresas, a industrializar la producción para generar más empleos e ingresos, y sobre todo para dar el gran salto de una economía primaria a una economía del conocimiento.

Y para ello hay que invertir más en la gente, en la educación como elemento estratégico para el desarrollo. Así lo hizo Noruega, que a partir de las bondades del petróleo supo aprovechar esa riqueza ocasional para proyectarla en el tiempo mediante la inversión en el mejoramiento de la calidad educativa de su gente. Hoy, este país tiene los mejores indicadores de calidad de vida del mundo y ha erradicado totalmente la pobreza.

Paraguay tiene hoy una oportunidad admirable para planificar un futuro con más empleo y menos exclusión. Pero debe hacerlo sobre la base de invertir más en su gente, en la capacitación de las siguientes generaciones y en el desarrollo de una economía competitiva. Si no invertimos correctamente los recursos en este momento estratégico para el país, las bonanzas de la economía no durarán mucho tiempo y volveremos a caer en el ritmo monótono de la dependencia de aquello que no somos capaces de construir por nosotros mismos.

Basta de excusas. Mejoremos la calidad de la educación, la competitividad y mejoremos el país.

(*) Periodista y profesor universitario.
Desde Guadalajara, Jalisco, México.

jueves, 23 de diciembre de 2010

El empleo y la caída de los salarios reales

Por Héctor Farina Ojeda

La generación de empleos sigue siendo el gran desafío para México, un país que viene recuperándose de una fuerte crisis económica que afectó a la mayor parte de la población. Pero hay que analizar la situación del empleo a la luz de otras variables fundamentales, como los niveles de salarios y el costo de vida.

En este sentido, el desempleo en México en el mes de noviembre fue de 5.28%, lo que representa una variación mínima con respecto al mismo mes del año pasado, cuando la tasa fue de 5.26% (en el caso del estado de Jalisco, el desempleo es de 5.68 este año, frente a 5.49% del año pasado).

De acuerdo a las cifras oficiales, se crearon cerca de un millón de empleos en 2010, pero esta cantidad es insuficiente para hacerle frente a la necesidad de empleos que tiene México, que es de 1.2 millones por año.

Igualmente, de este millón de empleos creados debemos restarle por lo menos 300 mil puestos que ya se perdieron, porque eran empleos temporales cuyos plazos fenecieron, de acuerdo a los datos de la Secretaría del Trabajo.

Hasta aquí tenemos que ha habido una recuperación del empleo en 2010, comparando con la mala situación de 2008 y 2009, pero esta generación de empleos es claramente insuficiente para hacerle frente a la demanda. Hoy, tenemos –oficialmente- 2.5 millones de personas sin trabajo, lo que representa la misma cifra que se tenía el año pasado.

Pero al problema del empleo, hay que sumarle la situación del salario: en los dos últimos años hubo una caída en el promedio de los salarios reales en México, de 2.6% en 2008 y de 5% en 2009, lo que representa 7.6% en los dos últimos años. Todo esto debido a la crisis económica global. En 2010 se estima un leve incremento del salario de 0.94%, pero que no alcanza para mejorar la condición real de los ingresos de los trabajadores.

La misma caída afectó también a los que menos perciben: los salarios mínimos reales disminuyeron 1.78% entre 2008 y 2009

Un dato fundamental para contextualizar la situación es que el poder de adquisitivo de las familias mexicanas se ha deteriorado en los últimos 30 años, debido al estancamiento económico, de acuerdo al Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF).

Otro dato interesante sobre este punto es el proporcionado por un estudio del investigador Héctor Luis del Toro, del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), de la Universidad de Guadalajara, que dice que el poder adquisitivo de los trabajadores en Jalisco cayó 37% en los últimos 4 años, debido a los malos salarios y al aumento de los precios de la canasta básica. Sólo en 2009, la pérdida del poder adquisitivo fue de 14%.

Por otro lado, en cuanto al nivel de precios de la canasta básica, tenemos que la inflación interanual en noviembre llegó a 4.32%, lo que representa un incremento frente al mes anterior, cuando la cifra estaba en 4.02%. Esto se debe al aumento del costo de la electricidad y algunos alimentos. Sin embargo, fuera de esta medición general hay productos que tuvieron una suba mayor, como el caso de la gasolina, que ronda el 10% de aumento.

Entonces, en este escenario tenemos que en lo que va del 2010 ha habido una generación interesante de empleos, pero que todavía no alcanza a cubrir las necesidades, y con el agravante de que los salarios reales no son buenos. Esto hace que la gente pueda conseguir alguna ocupación, pero no genere los ingresos suficientes para hacerle frente a las deudas generadas entre 2008 y 2009, cuando la economía estaba en plena crisis.

Igualmente, el aumento de los precios de los productos de la canasta básica y del costo de vida en general, crea la sensación de que no hay mejoría en la economía, porque pese a percibir un ingreso, cada vez se puede comprar menos con ese ingreso.

Por otro lado, los empleos tradicionales no son suficientes y los salarios no alcanzan. Esto nos impulsa a pensar en dos posibles soluciones: hay que mejorar la competitividad por el lado de las empresas, para que crezcan y puedan pagar mejor, ya que pretender un aumento salarial sin la mejoría de las empresas suena a irreal. Y, en segundo lugar, se debe mejorar la capacitación de la gente y tratar de generar emprendimientos propios para romper el cerco de la dependencia de los puestos mal remunerados.

Una urgencia es hacer crecer la economía para generar más empleos, pero este crecimiento debe venir de la mano de una mejora en la competitividad y de una mayor capacitación de las personas, para que no sólo se mejore en los grandes números, sino que la bonanza y las oportunidades lleguen al trabajador para que pueda ganar más y mejorar su poder adquisitivo.

Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

El aguinaldo en contexto de crisis

Por Héctor Farina Ojeda

El pago del aguinaldo representa un flujo importante de dinero en el mercado, ya que es un recurso adicional que hace que la gente tenga más efectivo en una determinada época del año. Pero, este ingreso tiene condicionantes que varían por lo que hay que ubicarlo en su contexto: el escenario de finales de 2010.

De acuerdo a un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), este año los trabajadores destinarán el 42% de sus aguinaldos al pago de deudas, en tanto 28% se destinará a alimentos y el 30% restante en el pago de servicios productos básicos. Esto indica que los trabajadores destinarán 2% más que el año pasado al pago de deudas.

En total, se calcula que cerca de 17 millones 280 mil trabajadores percibirán su aguinaldo, en tanto hay 26 millones de trabajadores que no recibirán este ingreso adicional, debido a que se encuentran trabajando en el sector informal y no cuentan con la prestación.

Este aguinaldo condicionado se debe a que en 2009 se tuvo la peor contracción de la economía en 70 años, con una caída de 6.5% (según cifras oficiales del INEGI), que dejó a muchas personas sin empleo y con muchas deudas, las mismas que hoy, con el aguinaldo, apenas empezarán a ser cubiertas.

Otro dato de contexto que debemos tener en cuenta cuando pensamos en cómo invertir el aguinaldo es el nivel de precios: la inflación en noviembre llegó a 4.32%, lo que implica que ya desde noviembre estamos resintiendo una suba de los precios de los productos de la canasta básica, suba que generalmente se agudiza en el mes de diciembre.

En este contexto de recuperación de la crisis, ciertamente hay una generación de empleos y un crecimiento de la economía, pero ambos todavía son insuficientes para hacerle frente a las necesidades que existen luego de la recesión.

Este año debemos pensar en invertir mejor el aguinaldo, no solo en el pago de deudas sino en buscar la forma de ahorrar al menos una parte para desarrollar un emprendimiento propio. Esto no implica dejar de comprar para fin de año, sino que se trata de darle mayor utilidad a aquello que compramos: ropa, útiles escolares, productos para el trabajo, materiales educativos, entre otros.

Debemos tener en cuenta que en diciembre los precios suben, pero generalmente no se siente tanto porque hay mucho dinero circulante por el pago de los aguinaldos, pero cuando llega el mes de enero y los precios se mantienen elevados, ahí se resienten las economías familiares porque todo cuesta más caro, hay menos dinero circulante y encima aparecen costos como el inicio de clases, el pago de impuestos, la renovación de documentos, entre otros.

Hay que canalizar mejor los recursos, invertir en lo que pueda ser de utilidad y sobre todo con visión de futuro: el 2011 será un año de recuperación, igual que 2010, pero habrá que ingeniarse para crear emprendimientos propios y generar empleos, porque ese será el gran desafío del año que viene.

Los sectores formales no generarán los empleos suficientes, por lo que hay que desarrollar una cultura del emprendimiento y del autoempleo para generar las oportunidades propias que el mercado no está generando.

Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Participación en Panel de Migraciones, en Zapopan, México



El lunes 8 de noviembre se realizó un Panel de Migraciones en la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA), en Zapopan, Jalisco, México. La mesa de panelistas estuvo conformada por Héctor Farina Ojeda, de Paraguay, quien es periodista y profesor universitario; Christopher Teal, cónsul de Estados Unidos en Guadalajara; el Dr. Eduardo González Velázquez, investigador académico y la Dra. Ana Leticia Gaspar Bojórquez, también investigadora de temas relacionadas con las migraciones. Como moderador estuvo Ray Freddy Lara Pacheco, presidente de la Academia de Relaciones Internacionales de la UNIVA, que organizó el panel.

La presentación de los panelistas giró en torno a las diferentes formas de analizar y comprender las migraciones, así como a los desafíos que se tienen para tratar de solucionar los problemas migratorios, fundamentalmente de los mexicanos hacia Estados Unidos.





Fotos: Academia de Relaciones Internacionales, Univa.

jueves, 16 de septiembre de 2010

México y el escenario del presupuesto 2011

Por Héctor Farina Ojeda

El proyecto de presupuesto 2011 presentado por el gobierno de México muestra un escenario para la economía del país que debe ubicarse en su justo contexto para comprender cuáles serán las condiciones económicas de la gente y hacia dónde apunta el país.

En primer lugar, el escenario macroeconómico -de los grandes números- nos dice que se proyecta un crecimiento de la economía de 3.8% para el año que viene, con una inflación moderada del 3% y un déficit fiscal del 0.3% del Producto Interno Bruto, es decir de toda la riqueza que produce el país en el lapso de un año, en tanto se cree que se generarán unos 600 mil empleos formales en 2011.

Estos números indican que con el crecimiento de la economía del 3.8%, México va a seguir su proceso de recuperación e incrementará su riqueza por segundo año consecutivo, tras la caída de 6.5% que se dio en 2009 con la crisis mundial y la epidemia de influenza. En otras palabras, con el repunte previsto para 2011 recién se llegaría a los niveles que se tenía en 2008, antes de que la economía se desplomara con la crisis.

Por otro lado, la inflación prevista de 3% indica que el costo de vida medido por los precios de los productos de consumo básico, se incrementará en 3%. Esta cifra habla de que se espera que las subas sean controladas a lo largo del año y que la variación de los precios no sea demasiado elevada. No obstante, el dato que falta saber es si mejorará el ingreso de la gente, ya que si no hay una mejoría de la capacidad de compra de la gente, todo seguirá pareciendo muy caro para el bolsillo. Y sobre todo porque aproximadamente la mitad de la población mexicana está en situación de pobreza.

Un buen indicador es que se redujo el déficit fiscal, es decir que es un presupuesto más real, que puede cumplirse sin recurrir a grandes endeudamientos. El déficit es de 42 mil millones de pesos, que es lo que faltaría recaudar para hacer frente a todos los gastos previstos.

El tema preocupante es el empleo: si bien se espera que se generen 600 mil puestos de trabajo, debemos tener en cuenta que actualmente hay 2.5 millones de desempleados en México y que cada año se necesitan crear 1.2 millones de empleos para satisfacer la demanda de los jóvenes que se incorporan al mercado laboral. En otras palabras, en 2011 se crearían formalmente sólo la mitad de los empleos que se necesitan en un año (sin contar el desempleo que se arrastra desde hace años): esto deja a los desempleados con la urgencia de buscar en el mercado informal, con trabajos mal pagados y sin prestaciones, de generar autoempleo o de buscar en otro sitio, es decir de migrar hacía donde haya empleo.

Evidentemente, el gran problema para el año que viene será el de la generación de empleo. Y en este contexto, la pregunta es qué tanta confianza generará la economía de México para captar inversiones privadas que generen proyectos que puedan generar más empleos de los previstos, que claramente son insuficientes. Y también resulta preocupante lo que ocurre con Estados Unidos: si hay una desaceleración de la economía estadounidense, México se verá inmediatamente afectado, pues la dependencia sigue siendo demasiado fuerte.

El escenario macroeconómico para 2011 prevé un crecimiento insuficiente, empleos insuficientes, una inflación controlada y una estabilidad fiscal. Las grandes dudas pendientes son cómo se generarán las oportunidades laborales que los mexicanos necesitan, cómo se reducirá la pobreza y cómo evolucionarán los factores externos que afectan a México, como el caso de la economía de Estados Unidos.

Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Centros de conocimiento y autogestión educativa


Por Héctor Farina Ojeda (*)
Desde Guadalajara, Jalisco, México

No es una novedad que en la era de la información, el conocimiento ha pasado a ser el capital más importante para el desarrollo de la economía y para la construcción de una sociedad con más oportunidades. Pero mientras los países con visión de futuro vuelcan sus ingresos hacia la mejora constante de la educación de su gente, en América Latina seguimos postergando la urgente necesidad de invertir en el conocimiento, sin tener en cuenta que las dos terceras partes de la riqueza que se produce en el mundo corresponden al sector de servicios, que se basa totalmente en un capital estratégico: el conocimiento.

En el caso de Paraguay, a la poca inversión que se le asigna a la educación tenemos que sumarle la pesada burocracia y la mala administración, que hacen que los recursos no lleguen a muchos rincones del país, en donde hay escuelas que necesitan sillas, pizarrones y maestros de calidad. No sólo nos enfrentamos a la limitación de presupuestos, sino a una mala distribución que se nota en el olvido al que son sometidos muchos de nuestros centros educativos, que carecen de la infraestructura y las condiciones mínimas para la enseñanza.

Sin embargo, más allá de señalar a los culpables y levantar nuestra voz de protesta contra los gobiernos que no han querido o no han sabido promover sistemas educativos más efectivos e incluyentes, tenemos que ser más críticos, más propositivos y asumir el compromiso de ser parte activa de las soluciones. Y si pensamos en muchos rincones del país que han sido olvidados en los presupuestos generales, podemos buscar estrategias que contribuyan a formar centros de conocimiento, mediante modelos de autogestión educativa.

Los gobiernos locales y los ciudadanos deben tomar la iniciativa: con presupuestos municipales y sistemas de autogestión se pueden formar centros de capacitación regionales en los que se fomente la educación de la gente con miras a cambiar su entorno. Formar a la gente, capacitar a los segmentos estudiantiles pensando en su futuro laboral y en la trascendencia de tener gente preparada para crear una economía competitiva que asegure ingresos, menos pobreza y más oportunidades: esa es nuestra tarea.

Los centros de formación pueden generar al año cientos de especialistas en temas agrícolas, en el desarrollo de las potencialidades productivas de la tierra, en desarrollo industrial y en proyectos de servicios que apunten a los negocios relacionados con el conocimiento. Deberíamos tener un centro de élite en la zona Este del país, en el que se forme a los mejores ingenieros y expertos en temas energéticos, puesto que tenemos la mayor hidroeléctrica del mundo, aunque contradictoriamente no contamos con los mejores profesionales.

Con un mayor compromiso se puede lograr que la calidad educativa llegue a los rincones que hoy están olvidados por las autoridades nacionales. En el siglo pasado ya lo demostraron grandes educadores como Ramón Indalecio Cardozo y Delfín Chamorro, cuando hicieron de Villarrica la referencia cultural del Paraguay.

Por un lado, tenemos que ser mucho más exigentes con las autoridades nacionales a la hora de reclamar un mayor presupuesto y una mejor inversión en cuestiones educativas en los distintos puntos del país, pero no podemos invocar la negligencia, la corrupción o la burocracia para justificar la inacción en nuestras comunidades.
Potenciar lo local es un compromiso que debemos asumir todos. Los municipios deberían incentivar la promoción de sus centros educativos, destinando un mayor presupuesto y haciendo que la gente participe, así como estableciendo mecanismos para que las empresas puedan deducir sus impuestos en la medida que aporten para programas educativos. El establecimiento de un sistema de becas podría ser fundamental para incentivar el desarrollo de una región, ya que permitirá formar a la gente que se encargará de mejorar la economía, la política y lo social en general.

Es hora de recuperar la capacidad de autogestión en nuestras comunidades y de tomar medidas locales para potenciar a nuestros recursos humanos con miras a dotarlos del capital más cotizado y más urgente en los tiempos modernos.

(*) Periodista y profesor universitario. Master en Ciencias Sociales.

Publicado en la Revista Ecos, de Paraguay.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Empleo seguro para el periodista especializado en economía y finanzas



1 JORNADAS DE ACTUALIZACIÓN DE PERIODISMO, CENTRO UNIVERSITARIO DEL SUR, CIUDAD GUZMÁN, JALISCO, MÉXICO.

Fotos: Antonio Zúñiga

Por Ernesto Gallegos y Daniel Guzmán.

El periodismo especializado en las áreas económicas es garantía de empleo para quien posea los conocimientos y elementos propios para la interpretación estadística y de fondo de las medidas gubernamentales actuales, sentenció Héctor Farina Ojeda, periodista paraguayo, y ponente de las Jornadas de Actualización de la carrera de periodismo del CUSur.

El especialista en temas económicos explicó que al igual que en temas deportivos y culturales en el periodismo de finanzas existen tres puntos indispensables para su tratamiento: informar, educar, entretener y crítica fundamentada.

En el ámbito de las economías latinoamericanas, señaló que Chile ha destacado por su avance sostenido debido a la apuesta que sus últimas administraciones ha hecho en materia de economía y educación. En ese sentido, dijo, los periodistas chilenos se han distinguido por su calidad en el tratamiento de los temas financieros y económicos, conocimiento que ha permeado hacia la sociedad en general.



En entrevista se refirió a la capacidad de diálogo que debe desarrollar el periodista, de discusión y lanzó el reto de superar la formación tradicional académica e ir más allá de lo aprendido sólo para tener un título “a ejercer pensando que el mundo no nos merece, pero, tenemos que darnos cuenta que no es así, y no hay otra forma que vincular estas actividades académicas con la práctica del periodismo.”

Fuente:Primeras Jornadas de Actualización en Periodisimo, Cusur. Ver aquí

Hector Claudio Farina. Semblanza



Héctor Claudio Farina Ojeda, de nacionalidad paraguaya.

Héctor Farina es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional de Asunción y Maestro en Ciencias Sociales, con especialidad en Comunicación y Cultura por la Universidad de Guadalajara. También es candidato a doctor en Ciencias Sociales en nuestra universidad.

Como periodista su especialización está en el área económica.

En su país ha sido redactor de noticias y corrector del Diario La Opinión en 2001, conductor de Radio Cardinal de 2002 a 2006 y reportero de la sección de Economía del Diario La Nación de 2003 a 2006.

Actualmente es profesor de nivel licenciatura en la Universidad de Guadalajara y columnista y colaborador de los periódicos digitales Paraguay News y Viva Paraguay, así como del diario Última Hora y columnista de la revista Ecos, de Canindeyú, Paraguay.

Fuente: Primeras Jornadas de Actualización en Periodismo Cusur. Ver publicación aquí

jueves, 9 de septiembre de 2010

La generación “nini” y su impacto en la economía

Por Héctor Farina Ojeda

Ni estudian ni trabajan. Son los jóvenes conocidos como “nini” y que representan un síntoma claro del malestar que existe en la sociedad por la falta de suficientes oportunidades de educación y empleo. Y aunque se considere a los “nini” como un fenómeno reciente y haya muchos motivos que explican esta situación, podemos claramente ver algunos síntomas económicos y algunos efectos que se podrían dar con la generación de jóvenes que ni trabajan ni se preparan para hacerlo.

En México ya existe una polémica sobre cuántos son los jóvenes “nini”: mientras las cifras oficiales dicen que son 285 mil, el rector de la UNAM dice que en realidad son más de siete millones de mexicanos, lo que suena mucho más real. Y el dato que lo avala es que solo 18 de cada 100 jóvenes que empieza la primaria, egresa de la educación superior. Lo cierto es que esta situación nos habla no sólo de que no hay suficientes empleos, sino de que los malos salarios, las pocas oportunidades y la falta de planificación de la economía del país hacen que estemos ante un grupo de jóvenes que tiene una expectativa muy pobre en cuanto al futuro laboral.

Pero no solo se trata del presente, sino que el futuro de la economía está seriamente comprometido si no se hace algo para corregir esta situación. La generación “nini” puede tener un impacto negativo y muy fuerte en la economía: si tenemos jóvenes que no se capacitan y no desarrollan un perfil adecuado para el mercado laboral, el resultado en poco tiempo será una pérdida de la competitividad del país, ya que con gente sin preparación no se puede producir con la calidad que requiere el mercado para poder competir.

Si no se soluciona el problema de los “nini”, en diez años vamos a tener un país menos competitivo y con menos capacidad de generar oportunidades.

Si pensamos que las dos terceras partes de la riqueza que se produce en el mundo corresponde al sector de servicios, que se basa en el conocimiento, con la generación “nini” vamos totalmente en sentido contrario: no estamos formando la gente especializada que se va a necesitar para generar riqueza. Y por lo tanto, aunque se creen oportunidades en el mercado, estas no servirán de mucho para los “ninis”, porque nadie contrata a un empleado que no sirve para el empleo.

Es urgente planificar cómo generar las oportunidades para evitar tener una generación perdida, que hoy es de jóvenes pero en unos años será una generación de adultos sin capacidad de producir, de trabajar en el sector de servicios ni de innovar.

Esto podríamos llevarnos a un absurdo: que se generen empleos, que haya gente necesitada de trabajar, pero que la oferta de puestos de trabajo no pueda ser llenada con la gente desempleada. Un ejemplo es la industria microelectrónica: si necesita técnicos especializados, no contratará a personas sin instrucción, aunque haya miles de postulantes urgidos por el empleo.

Por un lado hay facilitar el acceso a la educación, en tanto se debe pensar en políticas que incentiven el empleo juvenil o el primer empleo. De la misma manera, los centros de formación y las empresas deben trabajar en conjunto para formar a la gente que necesitan los diferentes sectores económicos, así como para darle la oportunidad de desarrollarse en el mercado laboral.

Si no solucionamos el problema de la educación y el empleo de los jóvenes, en pocos años vamos a tener mucha gente no apta para manejar la economía, para generar oportunidades y para competir en un mundo globalizado. Y eso implica que la economía perderá competitividad y entrará en decadencia, perjudicando a todos.


Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

jueves, 19 de agosto de 2010

La cultura del ahorro

Por Héctor Farina Ojeda

Un tema que merece una atención especial dentro del funcionamiento de la economía es la cultura del ahorro. En México, no existe una cultura del ahorro, es decir no existe la costumbre de ahorrar con miras a poder financiar con nuestros propios recursos proyectos a mediano y largo plazo.

El ahorro consiste en guardar una parte de nuestros ingresos con diversos objetivos, como el poseer dinero para casos imprevistos -como la enfermedad de un familiar, un accidente- o también con miras a concretar proyectos: abrir un negocio, invertir en alguna empresa, financiar la educación de los hijos o simplemente tener recursos disponibles para aprovechar alguna oportunidad que se presente.

La carencia de la costumbre de ahorrar nos habla de la falta de planificación y de visión a mediano y largo plazo. Sólo uno de cada cuatro hogares destina parte de sus ingresos al ahorro, de acuerdo a una encuesta sobre cultura financiera que elaboró la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Y sólo uno de cada 10 mexicanos lleva un registro de sus deudas, gastos, ingresos y ahorro. Pero, estos ahorros no son sistemáticos sino ocasionales e informales, como las famosas “tandas”.

Un ejemplo de la poca cultura del ahorro lo tenemos en el caso de las remesas: durante mucho tiempo miles de familias recibieron dinero de sus parientes que trabajan en Estados Unidos. Pero, como las remesas no son eternas, cuando se perdieron empleos en el vecino país y disminuyó la cantidad de dinero enviado, la crisis interna se notó muy rápido. El motivo es la falta de ahorro y de inversión, por lo que las economías familiares continuaron dependientes de la ayuda externa y no lograron desarrollar un dinamismo propio. Y cuando dejaron de recibir dinero, tuvieron problemas para financiar sus gastos.

Eso pasa cuando solo gastamos lo que recibimos y no ahorramos, no invertimos ni planificamos cómo aprovechar las oportunidades que se tienen al poseer un pequeño capital.

En el contexto mexicano, la realidad nos dice que el 50% de la población vive en condiciones de pobreza, por lo que resulta muy difícil para muchas familias poder ahorrar cuando se tienen necesidades apremiantes de alimentación, salud y vivienda.
Pero también debemos pensar que si seguimos manteniendo hábitos de consumo innecesario y no planificamos mejor nuestros gastos y nuestras inversiones, tendremos menos probabilidades para salir de la condición de precariedad y siempre estaremos a merced de la coyuntura, es decir de lo que “vaya saliendo”.

Hay que desarrollar una cultura del ahorro, sobre la base de una educación financiera que nos lleve a planificar mejor nuestros gastos y a invertir nuestros recursos en proyectos que puedan redituarle a nuestras familias.

Actualmente, tras salir de una crisis coronada con una caída de 6.5% de la economía el año pasado y con un pronóstico de crecimiento de entre 4 y 5% para este año, persiste la sensación de que la recuperación es endeble, pese a los anuncios oficiales. Y esto se debe a la dependencia de factores externos y la falta de un dinamismo propio que pueda sustentar un crecimiento constante. Precisamente, si desarrollamos una cultura del ahorro y logramos tener una economía más planificada, que apunte a invertir mejor y a generar proyectos propios, podremos sentar las bases para tener una economía menos dependiente y más emprendedora.

Una necesidad urgente para tratar de mejorar nuestra economía es la capacitación financiera: aprender una cultura del ahorro, a invertir más, gastar mejor y planificar proyectos que vayan más allá de lo inmediato. De esta manera se podrán aprovechar mejor las oleadas de la economía y se puede apuntar a construir economías familiares más sólidas y con más expectativas para el futuro.

Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

Algunos escritos recomendados sobre el ahorro:

México no tiene la cultura del ahorro: Alejandro Rosas
México necesita una cultura del ahorro
Factores determinantes del ahorro en América Latina

viernes, 13 de agosto de 2010

El Rebaño fue domesticado en su nueva casa


La expectativa de los aficionados no fue coronada como esperaban, pero la esperanza sigue viva.

INTER DERROTA A CHIVAS EN PRIMER PARTIDO FINAL

Por Héctor Farina Ojeda

El equipo de las Chivas Rayadas de Guadalajara cayó ante el Inter de Porto Alegre por 2 goles a 1, y dejó a su afición con las ganas de gritar un triunfo en el primer partido oficial en el flamante estadio Omnilife, donde se disputó el juego de ida de la final de la Copa Libertadores de América 2010.

Cerca de 4 horas antes del partido, en las afueras del estadio ya había largas filas de hinchas que llegaban vestidos con los colores del popular equipo mexicano y con la ilusión de ver un triunfo que los acerque al título internacional más cotizado a nivel de clubes en América. El congestionamiento en el tráfico en los alrededores del recinto parecía parte de los preparativos de la gran fiesta que esperaban los aficionados de Chivas.

El templo del Rebaño no estaba lleno, quizás debido a los elevados costos de los boletos que hoy son motivo de protestas y descontento. Desde el inicio del juego, el pasto sintético pareció más amistoso con el toque de balón de los brasileños y un poco arisco con los dueños de casa, quienes no encontraban la fórmula para armar una buena jugada y amenazar el arco de los visitantes. En cambio, los ataques de Inter generaban la sensación de que en cualquier momento la portería local sería vulnerada y la fiesta se acabaría.

Pero, en uno de esos chispazos inesperados, Adolfo “el Bofo” Bautista marcó el primer gol para Chivas, con lo que arrancó gritos de júbilo y acaso logró acallar algunas de las muchas críticas que le llueven desde su participación en la selección mexicana en el reciente mundial. Finalizada la primera etapa, los fuegos artificiales mantuvieron el ambiente de festejo. Pero eso no duró mucho.

En el segundo tiempo, Giuliano (73) y “Bolívar” (77) anotaron los goles que le dieron el triunfo al Inter y aguaron la fiesta anhelada por los seguidores del Rebaño Sagrado. Los pocos pero ruidosos hinchas brasileños festejaban, al tiempo que los aficionados de Chivas se retiraban lentamente de su nuevo templo, para luego demorar casi dos horas en el congestionamiento del tráfico -que se está volviendo habitual- en las afueras del estadio.

No hubo largas caravanas de vehículos hasta la Minerva –el monumento ante el que convergen los hinchas tapatíos para cada festejo- ni se vieron las banderas y el colorido en este punto referencial de Guadalajara. Más bien hubo un silencio en la ciudad, matizado por algunos truenos y relámpagos que anunciaban la llegada de la lluvia.

El primer partido final en el templo mayor de las Chivas no fue lo esperado por los seguidores del Rebaño Sagrado. Pero ahora esperan la hazaña en el Beira Río de Porto Alegre, en donde el próximo miércoles no habrá más opción que la victoria para que el equipo más popular de México pueda alzarse con el título que su afición espera festejar.

Especial para el diario Última Hora, de Paraguay.

jueves, 12 de agosto de 2010

México y el problema de la competitividad

Por Héctor Farina Ojeda

La fuerte crisis que afecta a Mexicana, la compañía aérea que hoy busca alternativas para seguir en el mercado, es un llamado de alerta para toda la economía del país porque apunta a un aspecto fundamental: la competitividad. “Mexicana no logró sobrevivir a la competencia interna por la falta de aplicación de mejores estrategias. Mexicana no logró ser competitiva”. Esto fue lo que dijo Juan Molinar Horcasitas, titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).

La aerolínea hoy tiene una deuda de 15 mil millones de pesos, en tanto la empresa vale 11 mil millones de pesos. Y más allá de las responsabilidades por la mala situación y del futuro de esta emblemática compañía, lo cierto es que la falta de competitividad es un problema estructural grave que afecta a numerosos sectores de la economía mexicana y que debe ser atendido con soluciones de fondo para lograr un crecimiento sostenido en el país.

Cuando se habla de competitividad tenemos que entender que se trata de producir más con el menor costo posible y con la calidad suficiente para ganar las preferencias del consumidor. No se trata sólo de producir mucho, o de tener un buen producto, sino de reunir todas las condiciones para poder competir con lo que producen otras empresas.

En el caso de México, la competitividad es un tema que necesita más atención de parte de todos: mientras estamos en un proceso de recuperación de la economía, el país cayó al puesto 60 en el Indice de Competitividad Global que evalúa las economías de 133 países. México está muy lejos de los más competitivos, como Suiza, Estados Unidos y Singapur, que ocupan los tres primeros lugares, así como de Chile, el país latinoamericano mejor parado que se ubica en el puesto 30.

La competitividad es un tema que atraviesa diversos aspectos de la economía y no sólo el de las empresas: tiene que ver con la burocracia y la eficiencia de los servicios públicos, con la inseguridad, con los sistemas de comunicación y transporte, con la infraestructura, con el gerenciamiento, la planificación, con la capacitación laboral y sobre todo con la educación de las personas.

Por eso es fundamental pensar en cuáles son nuestras ventajas competitivas y en qué somos buenos para producir con calidad, con buenos precios, y en cantidades suficientes. Y no sólo se trata sólo de un tema de las empresas o los empresarios, ni mucho menos de productos concretos: la competitividad involucra a todos los ciudadanos y tiene una directa relación con el conocimiento. No debemos olvidar que las dos terceras partes de la riqueza que hoy se genera en el mundo provienen del sector de servicios, que implica directamente la venta de conocimientos, y que países como Singapur han acabado con la pobreza gracias a que su riqueza fundamental es la educación de su gente.

Para que el crecimiento económico se mantenga y no dependa sólo de factores coyunturales y externos, hace falta que se trabaje en mejorar la competitividad: con políticas orientadas a facilitar la creación de empresas, reduciendo la burocracia, mejorando la seguridad tanto física como jurídica, y sobre todo invirtiendo más en el capital humano. Y esto último, lo podemos hacer cada uno de nosotros, haciendo un esfuerzo por capacitarnos para competir en un mundo globalizado y para no quedar rezagados, porque esto significa menos oportunidades y más pobreza.

Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

El rebaño sagrado ya tiene su templo mayor


Por Héctor Farina Ojeda (*)

Como las legendarias tribus precolombinas, los mexicanos les rinden culto a sus templos. Los aztecas tenían su templo mayor en la antigua Tenochtitlán, y hoy todavía esa carga cultural vive en el espíritu mexicano, aunque los rituales hayan mudado sus simbolismos hacia otras pasiones, como el futbol.

Los nuevos ídolos no son dioses ni tienen poderes sobrenaturales, pero saben librar batallas y darle alegría a la gente. Son los “guerreros” que juegan al futbol y que hoy tienen un nuevo recinto: el estadio Omnilife, de las Chivas Rayadas de Guadalajara.

Fue inaugurado el pasado viernes 30 de julio con un partido entre las Chivas y el Manchester United. Es un estadio de primer mundo: con forma de volcán (cerrado por todas partes), su techo de acero le da un aspecto futurista. Sus 45 mil asientos de plástico –todos numerados- no solo significan orden sino que dan la sensación de estar en un cine, un teatro o un concierto.

En efecto, una de las virtudes del nuevo hogar de Chivas es que por la ubicación isóptica de sus asientos, la visibilidad desde cualquier punto del estadio es muy buena. Desde más lejos o más cerca, desde detrás del arco o desde las alturas frente al centro del campo, todos pueden ver el partido sin mayor inconveniente.

El espectáculo previo, en las afueras del estadio, es muy típico de los mexicanos: con ese color popular que caracteriza a las grandes fiestas. Concursos diversos, música, sorteos… promotores que regalan desde una bocina o especie de mini-vuvuzela hasta globos y pulseras con el emblema del rebaño. Aunque, para quien conoce los estadios mexicanos, le falta algo. Faltan los vendedores, la comida con olor a pueblo, el bullicio de la oferta de ingeniosos comerciantes que buscan atraer la atención, y todo lo variopinto y característico de los puestos ambulantes instalados para cada partido. Todo eso se quedó en el estadio Jalisco, junto con décadas de historia que forman parte de los colores de Chivas.

El mexicano disfruta el fútbol: llega vestido con los colores de su equipo, entona canciones y grita improperios para sacar la tensión. Y los tapatíos –así les dicen a los de Guadalajara- no son la excepción, sino un ejemplo de cuánta emoción y expectativa puede generar un partido de su equipo. Basta con mirar a la gente que va llegando al estadio para darse cuenta de que no se trata sólo de asistir a un encuentro deportivo, sino que la presencia de familias convierte un partido en un momento de convivencia en el que participan desde el hijo menor hasta el abuelo que cuenta historias sobre los equipos de antes.

Dentro del estadio se siente la cercanía de los jugadores. Y esa sensación de poder seguir el partido en todo momento es reforzada por dos pantallas gigantes y por monitores en los pasillos y hasta en los baños. Uno puede levantarse e ir a comprar algo sin el temor de perderse algún gol o una jugada polémica, pues en la medida en que camina hacia un puesto de comida o un sanitario sigue viendo lo que acontece dentro del campo.

El show fue completo y esplendoroso, digno del estreno del nuevo escenario: un espectáculo de fuegos artificiales coloridos y casi interminables, una serie de danzas alegóricas –con gigantescos guerreros simbolizando a jugadores de Chivas peleando por su territorio independiente-, la voz de Reyli en una canción conmemorativa, y cientos de niños que son la nueva generación que defenderá los colores del tradicional equipo tapatío.

El partido terminó con una victoria de Chivas por 3 a 2 frente al Manchester. Pero lo vivido va más allá de un resultado en goles. La ganancia está en ver a la gente entusiasmada y con ganas de creer en algo. Es sentir la admiración y el respeto que tienen hacia los suyos, como en el caso de Javier “Chicharito” Hernández, la gran promesa del futbol mexicano que, paradójicamente, anotó el primer gol con la remera de Chivas, para luego jugar el segundo tiempo con su nuevo equipo: el Manchester. Ver la emoción de la gente y el apoyo hacia el nuevo ídolo tiene un enorme valor simbólico: en medio de la violencia que sacude a todo un país, de un descrédito hacia las autoridades y de muchas incertidumbres sobre el futuro, los mexicanos siguen plantando buenas semillas y siguen creyendo que los suyos pueden hacer grandes cosas.

La salida del estadio estuvo envuelta en un caos vehicular, que motivó más de una queja y alguna sonrisa picaresca, porque la informalidad de ciertos aspectos casi forma parte del folclore latinoamericano. Pero, al voltear a ver al volcán del que iban saliendo miles de entusiastas aficionados no pude dejar de recordar la estirpe mexicana. Así como los aztecas tuvieron un gran imperio y ostentaban su templo mayor, ahora el rebaño sagrado ya tiene el suyo: el moderno estadio Omnilife, la nueva casa de las Chivas Rayadas de Guadalajara.

(*) Periodista. Desde Guadalajara, Jalisco, México

jueves, 5 de agosto de 2010

Los precios y el poder adquisitivo

Por Héctor Farina Ojeda

El comportamiento general de los precios de los productos y servicios que componen la canasta básica en México se ha mantenido estable hasta ahora, con aumentos más moderados de lo que se esperaba a principios de año cuando se produjo el incremento de impuestos como el IVA y el impuesto sobre la renta (ISR).

En este sentido, la inflación –entendida como el aumento del nivel general de precios- en la primera quincena de julio se ubicó en 3.7%: esta cifra es más baja que la esperada a estas alturas del año, pero, no obstante, es la quinta más alta entre los 32 países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que tiene un promedio de 1.5% de inflación.

Para establecer una comparación, debemos tomar como referencia lo que ocurrió en años anteriores: en 2008 la suba general de precios fue de 6.5%; en 2009 fue de 3.5% y ahora estamos en 3.7%. El pronóstico para este año era que los precios se incrementen más del 5%, pero ahora se espera que al finalizar 2010 la cifra quede en menos de 4%.

Estos números indican que si bien existe una suba de precios en lo que va del año, no es tan considerable como lo que se temía a principios de año, y esto se debe a varios factores. En principio, el consumo interno sigue bajo y la gente no ha mejorado su capacidad de compra, por lo que si se aumenta los precios, las ventas caen porque la gente deja de comprar. A esto también contribuye una reducción de los costos de los productos agrícolas a nivel internacional.

Pero, en este contexto, la gran duda que siempre tiene el ciudadano es ¿por qué si los indicadores dicen que los precios apenas suben existe la sensación de que todo es más caro y cada vez se puede comprar menos?

Hay varios elementos que debemos considerar para tratar de responder a esta pregunta. En primer lugar, la inflación medida por el Banco de México se hace tomando como referencia los productos y servicios básicos más consumidos por la población, de manera que se consideran tanto los que incrementan sus costos, así como los que disminuyen. De ahí sale el promedio general que se da a conocer. Esto explica por qué a veces los datos generales de la inflación dicen que no hubo suba, pero en nuestras compras diarias vemos que hay incrementos notables en algunos productos.

Pero el dato más importante que explica por qué todo es caro es el de los salarios: mientras que los precios se han disparado en los últimos años, los salarios no. De acuerdo a un estudio del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM, entre el 2006 y abril de 2010 hubo un incremento de 93 por ciento en la canasta alimenticia recomendable, pues pasó de 80.8 a 156.7 pesos, en tanto el salario mínimo aumentó 17%, sin considerar los ajustes de los precios del gas doméstico, renta y otros. Es decir, el poder de compra disminuyó 47%.

La caída de los salarios reales y del poder adquisitivo se agudizó en los dos últimos años por la crisis de la economía y la pérdida de los empleos. Por eso cada vez cuesta más adquirir los productos básicos.

Con un salario mínimo de 57.4 pesos diarios y el costo de una canasta de 156.7 pesos, sólo se puede comprar el 36.6 por ciento de dicha canasta.

En tanto ahora, en México hay una recuperación importante de los empleos, pero no se han recuperado los salarios.

Tenemos que prepararnos para un aumento en algunos precios en el segundo semestre del año, sobre todo en cuanto a servicios como el transporte –por el incremento sostenido en las gasolinas- así como en algunos productos afectados por el transporte, como las frutas y las verduras.

Algo recomendable, básico y muy útil, pero que rara vez hacemos, es planificar minuciosamente nuestros gastos: trazar nuestro mapa de compras en el que se detallen las prioridades a ser adquiridas, así como los sitios donde los precios son más baratos. Hay que pensar en que las compras en mayor volumen pueden ser más rentables que las pequeñas realizadas todos los días. (1)

Una mejor administración de nuestros recursos, una planificación de gastos y una inversión pensando en el futuro, son importantes para este momento en el que la economía se está recuperando, pero los salarios todavía son bajos e insuficientes.

Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

(1) Un buen sitio para conocer los precios máximos y mínimos, por ciudades, es el de Profeco.

domingo, 1 de agosto de 2010

La actividad económica en México

Por Héctor Farina Ojeda

Los números de la economía mexicana siguen siendo alentadores, aunque hay que analizarlos y tomarlos en su justa medida para comprender realmente cómo estamos.
En este sentido, según los datos del INEGI, la actividad económica del país, medida por el Indicador Global de la Actividad Económica, creció 8.85% en el mes de mayo, lo que representa un crecimiento mayor al esperado por los analistas, que era del 7.9%.

Este crecimiento se soporta sobre el repunte de diversos sectores. En este caso, el sector servicios creció 8.4%, gracias a la mejoría en el comercio, los servicios educativos, el alojamiento temporal (turismo) y el transporte de carga, de acuerdo al INEGI.

Igualmente crecieron los sectores relacionados con la minería y las industrias manufactureras, en 8.4%, en tanto el sector agropecuario repuntó 9.2%.

Otros informes del gobierno mencionan que en el periodo abril-junio se observa un repunte de la producción industrial, las remesas retoman su tendencia ascendente y mejora la confianza del consumidor

Los datos oficiales señalan, igualmente, que se han creado más de 500 mil empleos en lo que va del año y que se espera un crecimiento de la economía de entre 4 y 5%.
Sin embargo, existe preocupación porque se está frenando el crecimiento de la economía de Estados Unidos, lo que podría afectar a México que basa su recuperación, precisamente, en las exportaciones al mercado estadounidense.

¿Qué nos dicen estos números?

Algo importante que el oyente debe saber es que los números por sí mismos pueden ser engañosos, por lo que la lectura correcta debe ser hecha mediante comparaciones, mes a mes, año contra año, y sobre todo ubicando cada dato en su respectivo contexto.

En el caso de la economía mexicana, lo interesante es que durante lo que va del año se ha mantenido el crecimiento y se ha logrado que sea una tendencia. Esto es un claro síntoma de que se sigue manteniendo el proceso de recuperación tras la fuerte caída que empezó con la crisis de 2008. Hay recuperación en los sectores industriales, gracias a las exportaciones, en los sectores de servicio (sobre todo por el repunte del turismo) y también hay recuperación del empleo, aunque este dato debe leerse con cautela.

Sin embargo, los números oficiales del crecimiento pueden aparentar más, ya que la comparación se realiza con el año pasado, cuando precisamente teníamos el problema de la influenza que ocasionó una caída en el comercio, el turismo y en toda la actividad económica. Por eso es casi normal que el crecimiento sea notable, ya que estamos comparando con un periodo de baja actividad.

Lo mismo ocurre con el empleo: si pensamos que desde hace dos años se perdieron miles de fuentes de trabajo, que el país requiere 1,2 millones de empleos al año y que hasta ahora se han creado 500 mil puestos, la cifra es importante, pero insuficiente. Aunque, nuevamente, es significativo que se sigan creando puestos.

El riesgo que se corre ahora es que Estados Unidos deje de crecer. La desaceleración que se menciona en las noticias quiere decir que luego de que su economía tropezara, cayera, se levantara y empezara a caminar con cierta rapidez…ahora camina más lentamente y esto puede afectar a México por el lado de las exportaciones (que en un 80% van a Estados Unidos), por las remesas y por el turismo, que podrían disminuir.

La buena noticia para las familias mexicanas es que la recuperación de la economía
se sigue sosteniendo, aunque en medio de incertidumbres y de una desigualdad que hace que no todos los sectores puedan gozar de sus beneficios. Sin embargo hay que tener presente que aunque se cumplan los pronósticos más favorables y se llegue al crecimiento del 5% este año, de todos modos no será suficiente frente a la caída del 6.5% que se registró el año pasado.

Esperemos que se mantenga el crecimiento, pero al mismo tiempo hay que buscar la manera de aprovechar este momento de repunte para construir oportunidades que mejoren nuestras condiciones de vida.

Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

La recuperación del comercio, una buena señal

Por Héctor Farina Ojeda

El aumento de las ventas de los comercios, tanto a nivel minorista como mayorista, es un buen indicio en torno a uno de los problemas de vital importancia para el crecimiento de la economía mexicana: el consumo interno. De acuerdo a los datos del INEGI, en el mes de mayo las ventas al menudeo subieron 5%, en tanto que las ventas mayoristas se incrementaron en 6.9%, en comparación con el mismo mes del año pasado.
Este repunte superó las expectativas de los analistas, que esperaban cerca de 4% de aumento, y se debe a varios factores que pueden ser coyunturales, como las campañas comerciales que se dieron antes del Mundial de futbol.

En este sentido, las ventas del sector minorista se concentraron en productos textiles, vehículos, tiendas de autoservicio y departamentales, así como alimentos, bebidas y tabaco, de acuerdo al informe del INEGI.

A esta buena señal en el comercio, tenemos que sumarle un elemento también favorable: la industria de la construcción dejó de caer, después de 21 meses, por lo que se espera que a partir de ahora se empiece a recuperar, con lo que se podrían generar una buena cantidad de empleos en un tiempo breve.

¿Qué nos dicen estos hechos?

En primer término que podríamos estar viendo un paso importante para la recuperación de la microeconomía, es decir que el crecimiento económico que se viene reflejando en grandes números, ahora parece empezar a aterrizar al bolsillo de la gente, a la economía familiar. Cuando aumentan las ventas minoristas, representan un claro síntoma de que la gente está mejorando su capacidad de consumo, aunque, como México viene saliendo lentamente de una crisis muy fuerte, tenemos que tomar los números como una mejoría moderada.

Si pensamos que la economía mexicana cayó 6.5% el año pasado, y que sectores vitales como el turismo y el comercio fueron fuertemente afectados, la recuperación que se vio en el mes de mayo es un buen indicio, pero todavía falta ver si se convierte en tendencia y sigue en aumento el consumo interno, y, sobre todo, falta ver si la recuperación económica por fin se consolidará en los números pequeños, es decir si vamos a empezar a recuperar la capacidad de consumo de los ciudadanos.

Es un buen momento para incentivar el consumo interno, para tratar de invertir mejor nuestro dinero, para emprender proyectos que muevan la pequeña economía y para buscar estrategias de que nuestros recursos sean mejor aprovechados con miras a generar más empleos y más oportunidades.

Hasta ahora hemos visto que la economía se está recuperando, pero sobre la base de las exportaciones petroleras, manufactureras y de los grandes números. Ahora hay que recuperar dos cosas fundamentales: el empleo y el consumo interno. Esto se puede lograr con políticas públicas orientadas a fomentar el empleo y con una mayor conciencia de parte de empresarios y ciudadanos sobre el destino que se le dan a los recursos que se van generando.

Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

El perfil laboral del migrante

Por Héctor Farina Ojeda

Ciertamente, una idea lógica en economía es que el trabajador se mueve hacia donde hay oferta de trabajo, de la misma manera que quien tiene una industria, una empresa o un negocio y requiere mano de obra, busca los perfiles adecuados para contratar a sus trabajadores. Entonces, el escenario ideal parece ser aquel en el que trabajador emigra hacia donde hay ofertas de empleo, de manera que se pueda satisfacer la demanda de mano de obra que hay.

Pero ante esto surge el afán proteccionista: si los empleos son creados en un determinado país, entonces las autoridades buscan proteger esos empleos de los migrantes, de manera que sean los habitantes de ese lugar los que tengan preferencia. Esto ha llevado a endurecer las medidas migratorias, a tal punto que las personas de fuera, que intentan ingresar al mercado donde están los empleos, tienen muchas trabas legales, y cuando no se pueden cumplir con todos los requisitos, lo que ocurre es que de todas maneras se emigra al lugar donde hay empleos, pero sin tener los papeles requeridos. Así, el trabajador que busca llegar hasta donde requieren sus servicios y pueden pagarle un buen salario, al cruzar una frontera se convierte en “ilegal”.

Se trata de una situación muy conocida en México y en toda América Latina, en donde ante la incapacidad de crear suficientes empleos en nuestros países, se termina emigrando en busca de las oportunidades, de mejores salarios, de ingresos que permitan mejorar las condiciones de vida. Pero, en países desarrollados no es fácil conseguir buenos empleos: a las medidas de restricción de la migración, se suma la protección de los mejores empleos para los nacionales, y los puestos que se ofertan, por lo general, no son los que tienen los salarios más altos. Y en este contexto, algo fundamental es el perfil laboral de los migrantes: ¿qué tipo de preparación tienen y qué capacidad profesional de producir tienen?

Este es un aspecto fundamental que debemos analizar si pensamos en la migración. Y en este caso, retomamos algunos datos del libro “Cuéntame una de braceros”, del Dr. Cándido González, quien dice:

“El promedio de los mexicanos trabaja en actividades que requieren de trabajo no calificado y además cuentan con el nivel más bajo de escolaridad, ya que del total de personas mayores de 25 años y que tienen menos de 10 años de escolaridad, este grupo representa 7.80%, mientras que el porcentaje de los mexicanos en particular es de 49.50% y representa el nivel más bajo de escolaridad, comparado con todos los grupos que habitan el vecino país –Estados Unidos- y provienen de los cinco continentes”.

Estos datos deben hacernos reflexionar sobre varios aspectos vinculados con nuestra economía: México depende en exceso de las remesas, que son la segunda fuente de ingresos del país, pero, paradójicamente, esos ingresos provienen de los que no consiguieron trabajo y tuvieron que irse, y de los que no tienen la preparación más adecuada para conseguir los mejores empleos.

Ante esta situación, algo que debemos hacer es mejorar nuestros sistemas de formación de profesionales, nuestros niveles de educación y con ello incentivar la creación de nuestras propias oportunidades. No se puede seguir con niveles tan bajos de capacitación, porque eso solo hace que nuestra mano de obra sea no apta, mal pagada, sin muchas oportunidades, y sobre todo a merced de las condiciones de los mercados ajenos.

El mundo de hoy requiere de mano de obra calificada, de personas que sepan construir sus propias oportunidades, ya que dos terceras partes de la riqueza actual están en el sector de servicios, es decir, en la producción de conocimiento.

En vistas del fracaso de nuestros países de crear los suficientes empleos para todos, lo que debemos hacer es tomar la iniciativa propia de mejorar nuestra capacidad laboral, construir perfiles profesionales de más calidad, y tener una preparación que nos permita acceder a mejores oportunidades y no depender de los pocos ingresos que se pueden conseguir en trabajos poco calificados, lejos de nuestra tierra y en medio de enormes complicaciones para sobrevivir.


Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

Nichos de mercado y oportunidades de negocio

Por Héctor Farina Ojeda

Un nicho de mercado es un mercado pequeño cuyas necesidades no están siendo bien atendidas.

Los nichos un grupo más reducido que un segmento de mercado (de personas, empresas u organizaciones), con necesidades y/o deseos específicos, voluntad para satisfacerlos y capacidad económica para realizar la compra o adquisición.

Un ejemplo es en el caso de la ropa: la oferta tradicional puede incluir prendas de vestir de todo tipo, como la de uso habitual, pero un nicho de mercado pueden ser las prendas de elaboración artesanal: camisas con tejido de punto, vestidos con bordados hechos a mano, etc.

Cuando pensamos en un nicho de mercado tenemos que pensar en una fracción o una parte de un segmento de mercado, en un grupo pequeño de consumidores o compradores, en necesidades específicas que no están siendo atendidas por el mercado, en la capacidad económica de los consumidores a los que se apunta. También debemos pensar en la especialización, en la competencia -que haya pocas empresas que apunten a este nicho- y sobre todo en el tamaño y la capacidad del nicho para asegurar la rentabilidad.

Pensar en nichos de mercados es la gran alternativa para competir contra economías más grandes y para aprovechar las necesidades no satisfechas por los grandes productores de bienes y servicios. Un ejemplo lo tenemos en el caso de las prendas de vestir: en América Latina y en México no tenemos capacidad de competir contra los productos chinos, porque tienen precios muy bajos debido a que son producidos en grandes cantidades y con una mano de obra extremadamente barata, por lo que se debe buscar alguna manera de competir, pese a que no podemos hacerlo en cuanto a cantidad y precios. La alternativa en este caso es producir ropa de mayor calidad, ofreciendo características distintas, como un mejor diseño, una mayor resistencia o una terminación artesanal que apunte a la comodidad, la identidad u otro factor diferencial.

Debemos aprender de los países que en poco tiempo lograron emerger de la pobreza para convertirse hoy en potencias económicas, gracias, en buena medida, a la explotación de los nichos de mercado. Hoy Singapur, que hace 40 años era más pobre que Haití, está desarrollando un nicho de mercado que para muchos sería impensable: este país apunta a tener los mejores médicos expertos en enfermedades complejas del mundo, para lo cual enviaron a sus mejores profesionales a capacitarse en las universidades más competitivas a nivel mundial.

Los singapurenses planifican que en poco tiempo, las personas que requieran tratamiento médico especializado para alguna enfermedad compleja tendrán como primer destino Singapur. Y para facilitar que las personas puedan llegar a este país asiático, han establecido rutas aéreas desde los cinco continentes, con aerolíneas propias y precios más accesibles que los habituales.Así se crea un nicho de mercado.

La lección que hay que aprender es buscar alternativas en nuestra economía regional y familiar. Si Jalisco es un destino turístico por excelencia, desde la región Ciénega y desde cada ciudad tenemos que pensar qué podemos ofrecer a los turistas para atraerlos a partir de tratar de cubrir necesidades desatendidas por la industria turística en general. Por ejemplo, organizar eventos especiales –similares a la expo mueblera que ya es representativa de Ocotlán-, trazar una oferta restaurantera distinta y buscar promocionar más y explotar mejor los atractivos de cada región.

Pensar en nichos de mercado es una alternativa y una necesidad ante una economía cada día más competitiva. Tenemos que aprender a hacerlo desde nuestra capacitación, de nuestro perfil profesional, desde el comercio, la industria y desde la perspectiva de ofrecer servicios que puedan satisfacer necesidades específicas que siempre existen en cualquier mercado.

Ese es el desafío de hoy.

Comentario económico realizado en el Noticiero de Red Radio Universidad de Guadalajara en Ocotlán, México.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Construir caminos de éxito

Por Héctor Farina Ojeda (*)

Era tiempo de exilio. Augusto Roa Bastos, un joven escritor desterrado tras la guerra civil del 47 en Paraguay, sobrevivía en Argentina haciendo pequeños trabajos. Uno de ellos era la venta de joyas de fantasía, de chucherías. Cuenta don Augusto que dormía en las estaciones del tren, pues no tenía dinero para hoteles. Usaba su maleta como almohada, y en cierta ocasión despertó y no la encontró: se la habían robado, junto con toda su mercadería. Con mucha honradez, le hizo frente a la situación y tuvo que trabajar durante todo un año para pagarle a su patrón por la pérdida de las chucherías. Años más tarde, aquel joven luchador se convertiría en el mejor escritor paraguayo y en uno de los más reconocidos a nivel latinoamericano y mundial por obras como Hijo de hombre (1959) y Yo, el Supremo (1974).

Hay muchos casos envueltos en situaciones adversas y aparentemente poco motivadoras. Imagino el pesar de Ernesto Sabato cuando las editoriales rechazaron la publicación de su novela El túnel, por considerar que un físico como él no sería bueno en la literatura. O pensemos en Milan Kundera, expulsado de su país, perseguido, desempleado y con sus obras borradas y prohibidas por contener pensamientos diferentes al régimen comunista imperante. Ambos hoy son conocidos por sus éxitos. Y cómo no recordar a aquel niño pobre, hijo de madre analfabeta y padre alcohólico, que pese a las limitaciones que soportó en su Argelia natal, llegó a ganar el Premio Nobel de Literatura en 1957: era Albert Camus.

La historia está llena de estos guerreros, de gente que supo construir caminos de éxito en donde aparentemente no había más que frustración y desencanto. El mismo Cervantes, quien nos regalara al Quijote, supo enseñarnos cómo un camino tormentoso e intrincado no es un obstáculo invencible, sino una prueba que debe superarse para engrandecer la victoria. Cuando tenía 24 años perdió la mano (que le quedó estropeada) en la épica batalla naval de Lepanto, luego estuvo cautivo en Argel durante 5 años, y regresó a España, en donde enfrentó una vida conflictiva y llena de sinsabores. Pero todavía hoy podemos verlo reflejado en el idealista que busca cambiar al mundo, aunque para ello deba enfrentar a molinos de viento.

Si pensamos en estos ejemplos podemos percibir la capacidad extraordinaria para tender puentes en medio de los abismos, para hacer que cada esfuerzo se refleje en un resultado que vaya más allá de las limitaciones, del pesimismo, de nuestros miedos y nuestros complejos como personas y como sociedad. No existen caminos exitosos prefabricados, que puedan recorrerse sin esfuerzo, sin talento ni dedicación. El éxito se construye todos los días, con cada paso, con cada nuevo ladrillo, con cada decisión que se toma, con cada actitud que asumimos frente a los desafíos. Y el reto ante un mundo cambiante, complejo, competitivo e inestable es lograr desarrollar una mentalidad triunfadora que nos lleve a ganar batallas con la convicción del que sabe que puede, con la decisión del que sabe que su aporte es valioso para sí mismo y para los demás.

Aprender a construir caminos de éxito es una de las grandes deudas que tenemos los latinoamericanos, que durante mucho tiempo nos hemos dejado abatir por el pesimismo, por el pensamiento retrógrado que busca excusas en la genética, la herencia, la conquista, el clima o la situación geográfica para no desarrollar nuestra plena capacidad de hacer. Hemos sido coartados por las dictaduras, la censura, la corrupción, la pobreza y la pérdida del entusiasmo y la confianza. Pero pese a ello siempre surgen casos de éxito que indican que todo es posible en la medida en que estemos dispuestos a trabajar para mejorar.

Construir caminos, tender puentes, juntar a la gente buena, otorgar un justo reconocimiento a quienes lo merecen, incentivar la generación de proyectos y cultivar nuestra capacidad, son algunas de las cosas que debemos realizar en forma constante para construir un imaginario colectivo del éxito y para encaminarnos a un destino más reconfortante que el actual. Tenemos que aprender a abatir a los fantasmas del pesimismo y el desgano, para construir con entusiasmo y dedicación el éxito que nos merecemos.

(*) Periodista y profesor universitario.
Desde Guadalajara, Jalisco, México.

Publicado en la Revista Ecos, de Paraguay

lunes, 22 de marzo de 2010

Situación económica y generación de oportunidades

Por Héctor Farina Ojeda
Periodista y profesor universitario. Doctorante en Ciencias Sociales.

La fuerte caída de la economía mexicana el año pasado afectó notablemente a la ciudadanía al reducir en forma drástica las oportunidades de empleo y desarrollo. La reducción del 6.5% del Producto Interno Bruto (PIB), es decir de la riqueza que produce el país, hizo que no solo se perdieran miles de empleos en sectores estratégicos, como el turismo y la industria, sino que generó una situación de incertidumbre sobre la capacidad de recuperación que se podría tener para este año.

En este contexto, tras haber tocado fondo en 2009, la economía mexicana hoy tiene perspectivas interesantes de recuperación: se pronostica un crecimiento del 4%, debido sobre todo al mejoramiento de la situación de Estados Unidos, con lo que se espera que se generen unos 275 mil puestos de empleo. Sin embargo, esta última cifra es muy inferior a la que se requiere para atender las necesidades de la ciudadanía, ya que se necesitan más de un millón de empleos al año para generar oportunidades para los desempleados y para los jóvenes que se van incorporando al mercado laboral. Esto nos coloca ante varios problemas: ¿cómo aprovechar el repunte económico para crear más oportunidades? ¿Cómo crear nuestras propias oportunidades en un contexto limitado por una recuperación leve y hasta incierta?

En primer lugar debemos pensar que con las proyecciones de crecimiento se logra recuperar la confianza que se tiene en el país. Esto implica que las inversiones pueden volver a fluir, que los consumidores se sentirán más confiados para comprar y con ello se dinamizará el comercio, con los consecuentes beneficios de la distribución de la riqueza en diversos sectores. No obstante, este movimiento será todavía moderado porque tras la crisis todo se mueve con cautela.

Ahora bien, para aprovechar la coyuntura y generar más oportunidades se debe pensar en facilitar las inversiones que promocionen el empleo, reducir los trámites burocráticos para la inversión y establecer mecanismos de incentivo para la creación de microempresas. En el caso de Jalisco, se puede aprovechar el enorme potencial turístico para crear redes que involucren a las pequeñas ciudades y a los pequeños sectores comerciales y de servicio, de manera que la gente se integre al circuito por donde corre la riqueza. Igualmente, algo que debe cuidarse es el ingreso: lo que se gane debe ser invertido con conciencia en la educación, en la promoción de empresas familiares y en actividades que puedan garantizar una pronta recuperación de lo que se invierte, para que cada uno pueda generar sus propias oportunidades.

viernes, 19 de febrero de 2010

En Internet el lector “es fiel a sí mismo”, explica periodista paraguayo


Héctor Farina, periodista paraguayo

ESTUDIA EN GUADALAJARA, MÉXICO

El periodista Héctor Farina, de nacionalidad paraguaya, reside desde hace tres años y medio en la ciudad de Guadalajara, México. El mismo está realizando su doctorado en la Universidad de la misma ciudad gracias a una beca obtenida mediante un convenio entre Paraguay el país mexicano con fondos de la Organización de Estados Americanos.

por Ruth Di Giovanni

Héctor enfocó su especialización de periodismo en internet detectando la fidelidad del lector hacia sí mismo. Esto significa que el usuario de un diario digital es “fiel a la noticia buscada para su beneficio” convirtiéndose él mismo en un gestor de noticias.

El periodista explicó que sus comienzos de especialización fueron en el Departamento de Estudios en Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara, México.

“En ese departamento hay muchísimos académicos pero la mayoría de ellos son sociólogos, politólogos o comunicadores que no ejercieron la comunicación como tal. Entonces yo era el único periodista que había trabajado como comunicador, se les hizo muy interesante que yo llegue planteando proyectos de periodismo desde adentro y no solo podía contar la historia desde adentro sino que le podía contar la historia de un país distinto que está a diez mil kilómetros de México”, indicó el periodista sobre su vivencia en la universidad al norte de México.

Desde entonces analizó los procesos de cambios en los diarios digitales. Por ejemplo señaló que “el año pasado nadie hablaba de twitter, ahora es como lo máximo. Hace dos años lo que estaba de moda eran los blogs, hoy en día muy poca gente se acuerda de los blogs. Los blogs están quedando casi relegados y entonces es una dinámica tan intensa que a mí me pareció muy interesante estudiar cómo estaba cambiando el periodismo en línea”, explicó el periodista.

Sin embargo focalizó su maestría en el comportamiento de los lectores de periódicos on line donde encontró puntos llamativos “que muchos diarios de América Latina no alcanzan a comprender”, indicó Héctor.

Los medios de prensa escrita poseen un lector fiel, sin embargo los usuarios de diarios digitales no lo tienen. Ante eso el periodista compatriota explicó que el lector busca la noticia y no un medio de comunicación especifico.

“No es como antes que compraba el diario impreso y leía todo el contenido. Ahora simplemente busco la noticia mediante un buscador de internet”, explicó Héctor sobre la función del usuario de un portal de noticias en la red.

En relación a los diarios digitales de nuestro país destacó que los medios on line están empezando a explotar los elementos multimedia, como los videos, audios e imágenes.

“Ahora ya no tenemos que contar una historia lineal porque nuestro lector es mas fugaz, es migrante, es selectivo”, añadió Héctor sobre el estilo de escribir en los periódicos en internet.

En estos tiempos el lector desea diversas opciones para obtener una información, como enlaces, mapas, videos, audios y textos con el fin de crear un conjunto de historias por medio de dichos recursos proveídos por internet.

“Yo quiero trabajar en la universidad y en el periodismo”

Al ser consultado sobre su vuelta al Paraguay, manifestó su sentimiento de añoranza hacia nuestro país, y citando al laureado escritor Augusto Roa Bastos dijo: “el peor castigo para un paraguayo es el exilio, el techaga´u”. Pero las oportunidades de estudiar y especializarse le fueron otorgadas en el extranjero y como el mismo decía “estoy estudiando y es una oportunidad que tengo”.

Sin embargo no descarta su regreso a Asunción para enseñar y trabajar, como lo hace en ese país.
19 de Febrero de 2010 16:38

Fuente: Diario ABC Color, edición Digital. Ver nota original aquí

miércoles, 17 de febrero de 2010

Recuperar el timón de nuestra vida


Por Héctor Farina Ojeda
Desde Asunción, Paraguay

Luego de más de tres años de vivir en México, la llegada al Paraguay me enfrentó nuevamente con nuestro ambiente cansino, nuestras costumbres y muchos de los vicios que siguen vivos en el quehacer cotidiano de los paraguayos. Veo las calles llenas de baches, las unidades del transporte público envejecidas y en pésimo estado, además de que circulan con las puertas abiertas invitando a los accidentes, la basura en los arroyos, en las veredas… y sobre todo veo el andar conformista de una sociedad que no termina de sacudirse de su modorra para avanzar hacia un destino menos oprobioso y más próspero.

Y al ver a nuestra gente, humilde, sufrida y sobre todo extraordinariamente humana; al ver un país cubierto de vegetación y salpicado por las bondades de la naturaleza, no puedo dejar de preguntarme qué es lo que no estamos haciendo bien los paraguayos, para que sigamos viviendo pobres en medio de una riqueza incuestionable ¿Cuál es el paso que no sabemos o no nos atrevemos a dar para hacer del país un lugar de progreso y dejar el camino del estancamiento y el retroceso? ¿Qué es lo que cada uno de nosotros puede hacer para mejorar su condición, su entorno y la sociedad? Evidentemente, antes de intentar responder estas preguntas tenemos que cuestionarnos sobre nosotros mismos, sobre lo que somos y lo que queremos como ciudadanos y como sociedad.

Los paraguayos tenemos un país rico, pero hemos dejado que sea empobrecido por la ineptitud de nuestros gobernantes y por esa actitud resignada del que piensa que todo debe ser “así nomás luego” y por eso no se involucra, no cuestiona y no propone. El conformismo como una filosofía de vida impregnada en nuestra cultura es quizá el peor cáncer que puede tener una sociedad, ya que carcome todos los días nuestra capacidad de hacer, de construir y de proyectar una vida diferente a la que nos acostumbramos. Y cuando no creamos, no construimos y no proyectamos, quedamos a merced de las decisiones ajenas, del mundo y de los límites que construyen los demás. En un mar globalizado, turbulento y cambiante, quedar a la deriva es condenarse a la incertidumbre, a lo efímero y lo inestable.

Para recuperar el timón de nuestra vida debemos hacer un gran esfuerzo por educar y educarnos, para comprender el mundo cambiante en el que vivimos y a partir de ello proponer la forma en que debemos construir nuestra sociedad. El gran paso que debemos dar los paraguayos es volvernos una sociedad de gente preparada, crítica, y con el conocimiento necesario para saber qué es lo que debemos hacer para mejorar nuestro entorno. Y todo esto pasa por una profunda revisión de nuestra forma de construir ciudadanía, de educar a los hijos y de desarrollar nuestra capacidad personal para resolver cada uno de los problemas que se presentan en nuestra vida.

Tomar el timón de nuestra vida implica pensar más, proyectar más y edificar más con cada uno de nuestros actos, en forma constante. El proceso pasa por construir referentes, por recuperar valores y por establecer metas que debemos cumplir como individuos y como sociedad. Pero lo fundamental consiste en recuperar nuestra convicción sobre lo que somos y sobre lo que podemos construir con nuestro trabajo. Cuando cambiemos la cultura del conformismo por una actitud más proactiva, voluntariosa y de superación permanente, habremos dado el paso más importante en la búsqueda de una sociedad menos injusta y más próspera. Tenemos que hacer que nuestra capacidad se refleje en nuestros actos cotidianos, así como debemos trabajar para desarrollar dicha capacidad. Si nosotros mismos no construimos aquello que queremos, seguiremos a expensas de voluntades ajenas y de los cambios que terminan por encasillar nuestra vida sin que alcancemos a comprender el porqué.

Publicado en la revista Ecos

miércoles, 6 de enero de 2010

Nosotros, nuestra mejor inversión

Por Héctor Farina Ojeda (*)

Uno de los errores recurrentes en América Latina es seguir manteniendo la creencia errónea de que somos ricos o tenemos riqueza porque poseemos petróleo, gas, tierras fértiles, ríos caudalosos y otros recursos naturales. Como si el hecho de haber sido beneficiados con las bondades de nuestra tierra fuera suficiente para considerarnos ricos. Sin embargo, la verdadera riqueza que posee un país, un pueblo o una sociedad es su gente: es a partir de lo que somos, de lo que sabemos y de los valores que fomentamos, que podemos pensar en construir nuestro mundo. Si no tenemos personas preparadas, de nada nos servirán las riquezas naturales, pues las terminaremos desperdiciando en nuestra ignorancia.

Pensarnos como sociedad y como país implica mirar a nuestra gente, ver qué es lo que somos y qué es aquello que somos capaces de construir de acuerdo a nuestra educación y a nuestra visión del futuro. Es por ello que necesitamos reconsiderar nuestra identidad, nuestros valores y nuestra educación como factores determinantes para hacer que nuestras sociedades sean realmente ricas y prósperas. Y frente a esta necesidad imperiosa, tenemos que pensar en invertir más en nosotros mismos, para hacer que nuestra capacidad de comprender al mundo sea mayor y que a partir de ello podamos planificar más y mejor, y explotar de manera más acabada y justa toda la riqueza potencial que tenemos.

La idea sobre la que deberíamos trabajar es la economía de uno mismo, una economía individual que nos lleve a invertir más en nosotros mismos, a concebirnos como el capital más importante y a vernos como los verdaderos factores que generan riqueza y que pueden transformar un país. Invertir en nosotros mismos implica dedicarnos más a desarrollar nuestras capacidades, a estudiar más, a reflexionar más, a comunicarnos más y a proponer más. Hoy en día el mundo gira en torno al conocimiento, ese mismo conocimiento que constituye el capital más cotizado de los tiempos modernos y que deberíamos colocar como prioridad total en nuestra agenda individual y en la agenda de los gobiernos. Las dos terceras partes de la riqueza que se genera en el mundo actualmente corresponden al sector de servicios, lo que indica que es el conocimiento que está detrás el que constituye la verdadera riqueza, el que posibilita la prestación de dichos servicios. Por eso debemos invertir en nuestro propio conocimiento, porque será el detonador de nuestra capacidad de producir y de cambiar la realidad que vivimos.

La economía de uno mismo pasa por desarrollar habilidades y por adquirir una capacitación permanente que nos permita ser competitivos y no quedar rezagados frente a los progresos ajenos. En estos tiempos tan vertiginosos, cambiantes y “líquidos”, como diría el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, se requiere de un cultivo continuo de nuestra persona para poder adaptarnos a una realidad que se transforma muy rápido y que deja obsoleto mucho de lo que hemos aprendido. Todos necesitamos incorporar, todos los días, enseñanzas generales que nos ayuden a comprender el mundo en el que vivimos, así como aprendizajes particulares que nos lleven a ser mejores en lo que hacemos.

Nuestro desafío es claro: hacer de nosotros mismos el capital más valioso y a partir de ello empezar a construir y moldear nuestro entorno. Tenemos que hacer que nuestra gente sea una causa nacional y eso solo se logrará por medio de una convicción plena de lo que somos, de lo que podemos hacer y de nuestro valor como personas y ciudadanos. Podríamos empezar siendo más exigentes con nuestra educación, con nuestro trabajo y con nuestra responsabilidad como ciudadanos. En la medida en que cada uno asuma el compromiso de superarse todos los días y de aportar más a su entorno, podremos pensar en tener una sociedad verdaderamente rica, conformada por gente comprometida, educada y responsable.


(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.
Desde Guadalajara, Jalisco, México.

Publicado en la Revista Ecos, de Canindeyú

lunes, 4 de enero de 2010

Paraguay inconsistente


Por Héctor Farina Ojeda (*)

La inestabilidad, la falta de rumbo claro y hasta la sensación de zozobra permanente parecen haberse convertido en el símbolo del periodo que vive el Paraguay, un país sumergido en una transición democrática eterna que hasta ahora no ha podido consolidar un proyecto de nación. Tras la caída de la dictadura, primero, y del Partido Colorado, después, parecía que el horizonte del cambio era claro, aunque ahora percibimos líneas confusas, desdibujadas e inestables. Más que nunca, Paraguay parece vivir lo que el sociólogo polaco Zygmunt Bauman denomina “tiempos líquidos”, en donde, en contraposición a lo sólido, todo es inestable, de formas cambiantes, de una reconversión permanente y de una imposibilidad de volver a lo compacto, a lo previsible, tal como ocurre con los líquidos, que se adaptan a los cambios del recipiente.

Los paraguayos hemos cambiado algunas formas, pero nos seguimos revolviendo en medio de incertidumbres, de posturas inconsistentes y de discursos oportunistas y vacíos de realidad. Hoy, bajo el gobierno de Fernando Lugo, no hemos podido desterrar nuestros viejos fantasmas y se sigue con el viejo juego de las alianzas coyunturales, de las amenazas de juicio político, de las interpretaciones aberrantes de la ley y de tratar de hundir al otro en la búsqueda de cualquier botín de turno. Seguimos a la deriva, en medio de falsos pactos políticos, de escándalos mediáticos, de insultos y de quejas estériles que no hacen más que abonar nuestra tierra de un eterno lamento inconducente. Los anuncios confusos y contradictorios del gobierno suenan igual de increíbles que hace años, debido a que las sensaciones de inseguridad, de pobreza, de falta de oportunidades y sobre todo de no tener un destino como nación, son un claro síntoma de que los males no han sido corregidos pese a los discursos.

El comportamiento líquido se nota en la economía, pues se han sucedido los gobiernos y las crisis pero seguimos careciendo de un proyecto económico como país. No hay un norte claro y se sigue a expensas de las exportaciones de soja, lo que nos deja a merced de la sequía, de los precios internacionales o de cualquier otro factor que afecte al rubro. El crecimiento económico sigue siendo coyuntural, dependiente de las oleadas que lleguen desde las economías ajenas, en tanto las industrias y la producción siguen amenazadas por su propia falta de competitividad para hacerle frente a los requerimientos del cada vez más exigente mercado.

Cuando vemos que la delincuencia y la inseguridad se han vuelto una moneda común en las calles, cuando en nuestras autoridades no encontramos más que excusas o respuestas contradictorias, cuando vemos que el mercado laboral es poco seguro y, sobre todo, cuando vemos que los niños y jóvenes no reciben una educación de calidad que permita construir un país diferente, entonces el predomino de lo inconsistente hace que vivamos en la incertidumbre, sin saber qué esperar o hacia dónde ir. Y esa incertidumbre causa angustia, frustración y pérdida de las ganas de construir.

El Paraguay necesita recuperar la confianza y la estabilidad, para poder construir relaciones y acuerdos más firmes que permitan hacer planes a largo plazo, pensando en la siguiente generación. Es urgente devolverle la confianza a la gente capaz, a los que saben, y que ellos orienten los esfuerzos hacia objetivos concretos. Necesitamos construir un sistema educativo pensado para la era del conocimiento en la que vivimos, de manera tal a formar ciudadanos más preparados, así como necesitamos una planificación económica con rumbo claro, que sea sostenible en el tiempo. Sólo así podremos combatir con éxito los males de la pobreza, el atraso y el abandono. Pero no lograremos hacer un país consistente y previsible si seguimos siendo gobernados por oportunistas, avivados, corruptos y mediocres.

Deberíamos empezar por recuperar la confianza, por establecer vínculos más estables con personas creíbles y preparadas, y por desterrar el oportunismo y el pensamiento mediocre del facilismo y lo instantáneo, de forma a pasar de un estado de incertidumbre permanente a uno de mayores certezas.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.
Desde Guadalajara, Jalisco, México.

Publicado en Viva Paraguay