lunes, 7 de diciembre de 2009

Hacia un país de talentos


Augusto Roa Bastos, talento paraguayo

Por Héctor Farina

Una de las deudas más grandes que tenemos los paraguayos es el reconocimiento y la promoción de nuestros talentos. Durante años hemos fallado en nuestra educación y en la generación de las oportunidades para que nuestra gente talentosa pueda progresar. Pasamos décadas enteras bajo el yugo de gobiernos dictatoriales que no solo cercenaron la posibilidad de generar talentos sino que persiguieron a aquellos que lograban sobresalir a pesar de las adversidades. Aquella frustración todavía la podemos sentir si recordamos a Roa Bastos, exiliado la mayor parte de su vida y soportando la lejanía de “nuestra profunda tierra”, como la llamó el poeta Elvio Romero, otro de los talentos exiliados.

Cuando no cuidamos a nuestros talentos, cuando no solo no promocionamos sino que toleramos que se proscriba la capacidad de expresarnos y de construir ideales, nos volvemos cómplices del relegamiento al que son sometidos los pueblos que no progresan. En tiempos en donde el conocimiento es el capital más valioso de las sociedades y en un mundo competitivo y ávido de gente talentosa, tenemos que pensar cómo vamos a hacer para promocionar a los nuestros y para hacer de Paraguay un semillero de personas capacitadas. Y buscar la manera implica un compromiso personal con nosotros mismos y con los demás: para educar, incentivar, promover y exigir.

Mientras países poderosos como Estados Unidos están preocupados por recuperar a gente talentosa, para lo cual han salido a la “caza” de cerebros en América Latina, los países más necesitados parecen no comprender aun la urgencia de formar y recuperar a la gente preparada. Una excepción en América Latina es Chile, que ha decidido enviar a 6.500 de sus mejores cerebros -cada año- para que estudien diferentes ramas del conocimiento, específicamente en niveles de posgrado. Todo con el fin de formar cuadros de élite que se encarguen de la dirección del país en las próximas generaciones. Esto mismo hace Singapur desde hace varios años y hoy basa todo el bienestar de su gente en el conocimiento. Esta pequeña isla asiática ha decidido –para seguir su modelo de desarrollo- que tendrá a los mejores médicos expertos en enfermedades complejas del mundo. Para ello ha enviado a sus mejores médicos a especializarse en las mejores universidades del planeta, aprendiendo de los más destacados profesionales.

En un país pequeño como Paraguay, rico en recursos naturales, tenemos que trazar una política y una forma de comportamiento que nos lleven a valorar más y a potenciar más a nuestros talentos. Por un lado, se requiere de una política de Estado destinada a mejorar la educación, a invertir más en los niños y jóvenes, así como a fomentar una cultura de reconocimiento de las personas talentosas. Y por el otro lado, tenemos que pensar cómo hacer del país un lugar atractivo para evitar la fuga de nuestros cerebros y talentos, así como para recuperar a aquellos que tuvieron que irse en busca de las oportunidades que no supimos darles.

Como ciudadanos tenemos que asumir el compromiso de promover a los nuestros, de fomentar la educación y de valorar el talento de nuestra gente. Y además tenemos que hacer un esfuerzo para capacitarnos a pesar de las limitaciones, de forma tal que tengamos una proyección más clara de cómo construir un país mejor y de cuáles son los valores con los cuales construiremos una sociedad más justa. El poder y la convicción del ciudadano deben ser los que presionen a los gobiernos para que no sigan olvidando a la gente valiosa, así como deben ser los fundamentos de una actitud diferente hacia los talentos, para reconocerlos, promoverlos y potenciarlos.

Recuperar a nuestros talentos es hoy una necesidad imperiosa, ya que solo podremos salir del atraso si estamos guiados por los que saben y pueden.

Publicado en Ecos

jueves, 19 de noviembre de 2009

Entender lo global y lo local en la economía


Por Héctor Farina Ojeda (*)

En los últimos años, el concepto de globalización ha sido uno de los más difundidos en los medios de comunicación. Sin embargo, a menudo pareciera que no acabamos de entender cuáles son los efectos de una economía globalizada y qué es lo que podemos hacer desde nuestra situación local. Y entonces, muchas veces, no comprendemos por qué una crisis en un país ajeno termina afectando a nuestra ciudad, nuestra comunidad o nuestra economía familiar.

Si pensamos por qué estamos en crisis, tenemos que remontarnos a la crisis inmobiliaria en Estados Unidos, a partir de la cual se generó una burbuja económica que explotó y derivó en una recesión en este país. Cuando su economía dejó de crecer y empezó a contraerse, los efectos alcanzaron a todo el mercado mundial. En el caso de México, los efectos se sintieron muy rápido en puntos estratégicos: la disminución de las exportaciones al mercado norteamericano (porque este bajó su consumo), la pérdida de empleos de mexicanos en ese país, lo que a su vez generó una caída de las remesas, es decir del dinero que envían los que trabajan en ese país y que constituye una de las cuatro principales fuentes de ingreso de México.

Igualmente, debido a la recesión en el vecino del norte también disminuyó el turismo, con lo que se afectó a otro de los principales rubros de ingreso. Si seguimos analizando, nos daremos cuenta de que como muchos países fueron fuertemente afectados por la crisis, disminuyeron su consumo de numerosos productos y esto afectó a varios rubros a nivel internacional. Otro aspecto que debe tomarse en cuenta es que en tiempos de crisis, las inversiones se retacean y es difícil atraerlas.

Ahora bien, si miramos lo local nos daremos cuenta de que se perdieron empleos, que las familias que recibían dinero de sus parientes en el extranjero empezaron a recibir menos o dejaron de hacerlo, que los comercios empezaron a disminuir su nivel de ventas y que muchas empresas se mantuvieron en la incertidumbre de si despedían gente o no. En lo local sentimos los efectos porque circula menos dinero, porque hay menos oportunidades de trabajo y porque la incertidumbre hace que la gente cuide más lo que compra, lo que invierte y lo que proyecta.

El problema que tenemos ahora es cómo solucionar un problema global desde nuestra posición local. El filósofo Zygmunt Bauman dice que justamente es muy difícil que encontremos una solución a los problemas de la globalización porque no hay un organismo que abarque aspectos globales sino que todos se ocupan de sus propios problemas locales.
Sin embargo, ayer el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, luego de cuestionar la mala preparación mexicana para enfrentar la crisis, nos habló de algo sobre lo que hemos venido insistiendo desde este espacio radial: necesitamos invertir más en educación, en ciencia y tecnología y en infraestructura.

Pero, en este campo, no solo debemos pensar en materia global o nacional, sino como una inversión de nuestra economía familiar y personal. Si aprendemos a usar mejor nuestros recursos, como por ejemplo los que percibimos por nuestro trabajo o por las remesas, podemos hacer que eso redunde en nuestro beneficio, para fortalecernos y estar mejor preparados cuando nos lleguen problemas externos. Desde nuestro espacio local podemos mejorar nuestra educación y la de nuestras familias, podemos exigir y promover la inversión en tecnología, así como reclamar a las autoridades que prioricen las inversiones en la infraestructura.

Si bien no tenemos el poder para evitar los golpes de la economía global, tenemos la capacidad necesaria para prepararnos y hacer que nuestra economía familiar y local sea más fuerte, sobre la base de tener más capacidad para producir, para crear oportunidades y para saber cómo aprovechar mejor lo que tenemos.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.
Comentario editorial del Noticiero de Radio UDG Ocotlán, Jalisco, México

domingo, 15 de noviembre de 2009

Entre recuperaciones y pronósticos


Por Héctor Farina Ojeda (*)

Al tema de los impuestos, que dominó gran parte de la agenda mediática en México, se sumaron otros dos temas dignos de análisis en el mundo económico: el primero de ellos, el fin de la recesión de la economía mexicana anunciado por el Gobierno, nos habla en forma esperanzadora de que se está saliendo de una de las crisis más graves de las últimas décadas. El segundo tema quizá no fue tan llamativo, pero deberíamos tomarlo como una seria advertencia para nuestro futuro: si no hacemos algo, la competitividad en América Latina será igual a la de África en unos 50 años, de acuerdo a lo establecido por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).

Esto nos coloca frente a dos escenarios: el de una recuperación de la economía, por un lado, y el de las proyecciones negativas para el futuro, por el otro lado. Si pensamos en el fin de la recesión anunciada por el Gobierno, tenemos que esto se debe a la recuperación de la economía de Estados Unidos, el principal socio comercial de México. Si bien el anuncio de que en el trimestre anterior hubo un crecimiento del 2.7% en la economía mexicana y se crearon 200 mil empleos es alentador, tenemos que pensar cómo se logrará que el crecimiento sea sostenido y se tengan las condiciones necesarias para no estar a merced de nuevos efectos negativos en los mercados internacionales.

Precisamente, es en este punto en donde impactan las declaraciones de la CEPAL sobre la competitividad en América Latina: "Yo creo que en Latinoamérica la tendencia futura, si miro a 50 años, es África", dijo en Bogotá la economista argentina de la CEPAL, Graciela Moguillansky. "Los países en Latinoamérica no están trabajando lo suficiente para ser competitivos: ¿Cuáles son los recursos que están poniendo para impulsar los nuevos sectores? (...) nada, no hay nada de eso en la región, por eso cada vez está peor", destacó la economista.

En otras palabras, nos están diciendo que producimos mal, que la calidad de lo que producimos irá disminuyendo y que nuestra capacidad no está siendo desarrollada como debiera. Estas declaraciones deberían hacernos reflexionar sobre qué es lo que no hemos hecho en todo este tiempo, para que hoy sigamos teniendo economías débiles, poco competitivas y que están quedando relegadas frente a las de otros países, como los asiáticos, que mejoran todos los días.

Dejar de pensar en lo inmediato y buscar una proyección para las siguientes generaciones, debería ser uno de los ejes rectores de cualquier economía. En América Latina somos ricos en recursos naturales, tenemos petróleo, gas, producción agrícola, ganado, minerales… pero si no tenemos la capacidad de explotar esa riqueza, seguiremos siendo pobres.

Para mejorar nuestra competitividad tenemos que mirar a los países que progresan e imitarlos: capacitar más a nuestra gente, invertir más en la formación profesional, promover la creación de empresas y sobre todo apuntar a la innovación en cuanto a lo que producimos. Debemos pensar estratégicamente en tener gente más preparada, que sepa producir de acuerdo a las necesidades de los tiempos actuales y que tenga la visión necesaria para hacer un sistema de oportunidades en el que seamos capaces de competir y de aprovechar cada ventaja que construimos.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.
Comentario editorial del Noticiero de Radio UDG Ocotlán, Jalisco, México.

La inversión en tecnología

Por Héctor Farina Ojeda (*)

La propuesta de aplicar un impuesto del 3% a las telecomunicaciones, sobre todo a Internet, nos plantea interrogantes que debemos responder para saber hacia dónde va México: ¿qué tanto invertimos en tecnología?¿Cómo se encuentra el país en cuanto a desarrollo tecnológico? y ¿qué estamos haciendo para mejorar nuestra competitividad en materia tecnológica?

Ciertamente, antes de enfrentar estas interrogantes, pareciera que tenemos que volver a una discusión que no debería darse: si se aplica impuestos a Internet o no. En un mundo globalizado en donde los países de mayor desarrollo tecnológico y acceso a la información son los que más progresan, parece un contrasentido intentar cobrar más por un servicio que debería tender a ser menos costoso para facilitar el acceso a más gente.

Mientras que en países como Estados Unidos, los países nórdicos, como Suecia y Noruega, y otros de un crecimiento económico sostenido como Singapur y Finlandia, el acceso a Internet es sumamente sencillo para toda la población, en México y en América Latina seguimos rezagados. Y ciertamente los países ricos invierten en tecnología y en las comunicaciones porque saben que en la era de la información y el conocimiento necesitan estar comunicados con el mundo y mantenerse a la vanguardia en la producción de conocimientos.

La inversión en tecnología no es un capricho: es una necesidad en los tiempos actuales que puede convertirse en un gran detonador del empleo, las inversiones y el crecimiento económico. Hace 15 años, Finlandia estaba en crisis: con el sistema financiero al borde de la quiebra, con el sector empresarial en la banca rota y con unas tasas de desempleo y pobreza realmente escandalosas. Su manera de corregir la situación fue duplicar su inversión en ciencia y tecnología: hoy en día cuentan con la empresa de telefonía celular más importante del mundo, desarrollada sobre la base de gente capacitada en las mejores universidades, y además poseen los índices de calidad de vida y desarrollo humano más elevados del planeta. Invertir en tecnología y aplicar los conocimientos, fueron la base para que hoy tengan un país más rico y menos injusto.

Pensar en mejorar nuestra tecnología y en invertir más en facilitar el acceso, es uno de los retos que hoy debe asumir México si quiere convertirse en un país de más desarrollo y más oportunidades para todos. No solo debemos descartar la idea de más impuestos a lo tecnológico, sino que debemos buscar la forma de captar más inversiones en este sector.

Un mecanismo que merece ser estudiado es el que usa Estados Unidos, en donde las empresas privadas pueden invertir en ciencia y tecnología y en las universidades en vez de pagar impuestos. Esto implica que los recursos van directamente a la educación y al desarrollo tecnológico. Universidades prestigiosas como Harvard se financian por medio de este mecanismo.

Necesitamos pensar en excepciones impositivas, es decir no cobrarle impuestos a aquellas empresas que invierten en la educación, la ciencia y la tecnología. Nuestro desafío pasa invertir más para mejorar la capacidad de producción y creación, de manera que podamos generar las oportunidades que el país necesita.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.
Comentario editorial del Noticiero de Radio UDG Ocotlán, Jalisco, México

lunes, 2 de noviembre de 2009

Aprovechar la oleada económica

Por Héctor Farina Ojeda (*)

El anuncio de que en el año 2010 la economía mexicana se recuperará y crecerá alrededor del 3%, impulsada por la recuperación de Estados Unidos que proyecta un crecimiento cercano al 2%, nos ubica frente a un escenario de bonanza que, sin embargo, no deja de presentar incertidumbres. Por un lado, tenemos que tras una fuerte caída de la economía, de los empleos y de las proyecciones a nivel país, debido a la crisis iniciada en el vecino del norte, hoy se anuncian signos alentadores en el principal motor económico mundial, lo que repercutiría de manera positiva en todo el mundo, especialmente en México, cuyo principal socio comercial es, precisamente, Estados Unidos.

Igualmente, la recuperación de los países asiáticos, sobre todo China, abre un camino interesante para América Latina, debido a que son grandes compradores de lo que producimos, como los productos agrícolas y mucha materia prima.

Sin embargo, el problema que debemos plantearnos es cómo aprovechar la coyuntura económica favorable para construir un modelo de desarrollo dinámico y estable, que no dependa solo de la situación de otros países o de las oleadas de la economía mundial. Algo que debemos aprender es que con un crecimiento moderado que se debe a factores externos no podremos asegurar más que una mejoría transitoria, que así como vino se irá.

El desafío que existe es aprovechar en lo posible el empuje de las grandes economías para construir mejores oportunidades internas. Esto implica aprender a invertir mejor los recursos del Estado y los recursos de cada uno. Por ejemplo, invertir en infraestructura, en carreteras, en tecnología y en educación es una buena forma de asegurar que las ganancias momentáneas de hoy se transformen en riqueza para las siguientes generaciones. Invertir en el conocimiento, para que podamos transformar nuestra forma de producir, así como la calidad de aquello que producimos, es fundamental para pasar de una economía que vende materia prima a una que puede procesar y vender productos ya elaborados.

Esto mismo deberíamos pensarlo en pequeña escala en nuestra economía familiar: invertir mejor lo que ganamos o lo que ahorramos, para poder sacarle el mayor provecho. Un ejemplo de esto lo podríamos ver en el caso de las remesas, que constituyen ingresos venidos desde fuera, y que si se aprovechan para mejorar la educación, para hacer nuevos proyectos o para impulsar una microempresa, pueden servir no solo para un momento sino para una proyección al futuro.

Si no aprendemos a invertir más en nosotros mismos, a construir proyectos con miras a la siguiente generación, y a buscar transformar una oportunidad en un sistema de oportunidades, seguiremos dependiendo de las mejorías ajenas para poder mejorar nosotros. Tenemos que construir sistemas económicos propios y dinámicos, sobre la base de invertir más en la capacitación de nuestra gente.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales
Comentario editorial del Noticiero de Radio UDG Ocotlán, Jalisco, México.

viernes, 23 de octubre de 2009

El futuro del periodista está en la red

Alejandro Cabanillas (izq), James Breiner (centro) y Héctor Farina (der)

Coinciden expertos en periodismo en línea, en panel realizado en el CUCiénega

Las V Jornadas de Periodismo en el Centro Universitario de la Ciénega, comenzaron el martes 20 de octubre en el auditorio Mario Rivas Souza, las actividades iniciaron con el panel, “Periodismo en Línea en América Latina”, donde estuvieron presentes Héctor Farina, James Breiner y Alejandro Cabanillas.

El primer panelista fue Héctor Farina, quien cuenta con un doctorado en Ciencias Sociales, egresado de la Universidad de Guadalajara. Expuso un recuento histórico de la aparición del Periodismo en línea desde 1995 que llegó a México, con La Jornada, explicó las ventajas del periodismo en línea, la interactividad que este proporciona y el ser multimedia, que crea un medio hibrido al involucrar todos los géneros periodísticos. Una de las desventajas que dijo fue que esta línea del medio provoca “informar rápido y con menos calidad”, porque este medio es mucho más veloz y la información caduca rápidamente. Sin embargo, indicó que se debe realizar un periodismo más profundo e investigativo. Cerró su espacio con una interrogante: “¿Debemos pensar cómo vamos a hacer para adaptarnos al periodismo en línea?”. Dejó también una interrogante a la academia: ¿Cómo van a formar periodistas pensando en la nueva generación de gente que tenga que producir en línea?

Alejandro Cabanillas, jefe de Información del diario tapatío El Informador, el segundo ponente, propone un periodismo sin adjetivos y expresó que “los principales asesinos de los periódicos serán el Internet y el hecho de que los contenidos en medios impresos no son atractivos”. Hay una “transferencia de lectores a los medios digitales”, dijo Cabanillas, que cuenta la evolución del periódico El Informador al periódico en línea. En el año 2000 se lanzó el sitio en línea El Informador. Comentó que hay crisis en la caída de la publicidad. En un sondeo realizado a través de la red entre directores de periódicos, indica que el 44% estima que Internet será la plataforma de referencia para las noticias en el futuro, frente a 31% de prensa escrita. Concientizó sobre que “los estudiantes tienen un gran reto: aprender a contar historias”.

James Breiner, director del Centro de Periodismo Digital, afirmó que el “periodismo en línea es más democrático”. Esta vertiente del periodismo dará fin al monopolio, comentó que existen grandes ventajas para los nuevos periodistas, al poder crear tu propio medio de comunicación en medios en línea.

Los tres ponentes coincidieron en concientizar a los alumnos de formar e innovar un medio con más calidad, e involucrarnos al futuro mediante este medio, sin perder la guía de lo que es ser un periodista.

Ocotlán, Jalisco, México.
Texto: Sara Leos

Fuente: http://cuci.udg.mx/leerNoticia.php?id=373

martes, 20 de octubre de 2009

Las Quintas Jornadas de Periodismo inician de manera magistral eliminando el mito de la objetividad


Este 20 de octubre inició la quinta edición de las jornadas periodísticas, que desde hace cinco años se celebran en el Centro Universitario de la Ciénega (CUCiénega), bajo el tema central “El Periodismo en Línea y sus Narrativas Noticiosas”.

En la inauguración el rector del CUCiénega, el doctor Raúl Medina Centeno invitó a los estudiantes de periodismo a eliminar el mito sobre la objetividad, ya que aseguró que nadie puede alcanzarla porque se trata únicamente de una interpretación de la realidad.

Por su parte el secretario académico del Centro Universitario de la Ciénega el doctor Armando Zacarías Castillo, ofreció la conferencia magistral denominada “Escenarios del Periodismo Contemporáneo en México” en la que enfatizó la importancia de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC’s) y el aumento del consumo y del uso que tienen en las empresas.

El académico destacó el valor del implemento de las TIC’s en la creación de las noticias, además resaltó la constante consulta de estas tecnologías por parte de la sociedad.

Por la tarde el panel “Periodismo en Línea en América Latina” desató el debate sobre la desaparición de los periódicos convencionales, los exponentes, Héctor Farina, profesor de la Universidad de Guadalajara, James Breiner director del Centro de Periodismo Digital y Alejandro Cabanillas jefe de información de El Informador, concluyeron que los periódicos digitales sustituirán a los periódicos de papel en un mediano plazo.

En los próximos días se espera la participación de periodistas de medios como Mural, Público y El Economista así como académicos de la Universidad de Guadalajara. Las Jornadas también incluirán la presentación de un blog y una revista en línea creada por egresados y estudiantes de la licenciatura en periodismo.

Por Víctor Muro

Fuente: Medios UDG Noticias Ocotlán

miércoles, 7 de octubre de 2009

Ser competitivos, el desafío en los tiempos modernos

Por Héctor Farina Ojeda (*)

La competitividad es, sin lugar a dudas, una de las necesidades más imperiosas de los tiempos modernos. Por competitividad podemos entender la capacidad de producir más, con el menor costo posible, de tal manera que el producto final pueda ser comercializado con un buen precio y genere ganancias para aquel que lo produce. Cuando producimos más y tenemos precios accesibles para la gente, decimos que somos competitivos.

Muchos de los problemas económicos que existen en América Latina se deben a la falta de competitividad. Un ejemplo claro de ello es la pérdida de los mercados locales en manos de los productos asiáticos, como ocurre con las prendas de vestir. La invasión de ropa china, que se comercializa a precios muy bajos, ocasionó el cierre de muchas fábricas y la pérdida de una gran cantidad de empleos. El motivo es simple: la ropa china es más barata, y la que producimos en América Latina no puede competir en precios. Y tenemos que pensar que un consumidor empobrecido –característico de nuestros países- siempre compra lo más barato y adquiere aquello que se ajusta a sus posibilidades económicas.

Pero más allá de la competitividad que se puede lograr a partir de tener condiciones naturales o tecnológicas, tenemos que pensar en aquella que es la más importante: la de los recursos humanos. Es decir, tenemos que pensar en lo que podemos hacer con calidad a partir de lo que sabemos.

Cuando más invertimos en la gente, cuando capacitamos más y cuando logramos que los trabajadores sean más creativos y eficientes, entonces aumenta nuestra productividad, así como la calidad de lo que producimos. Si tenemos gente más preparada al frente de las fábricas, las empresas y los negocios, podemos mejorar los sistemas de operación y hacer que sea más barato producir.

Cuando hablamos de competitividad tenemos que pensar no solo en una cuestión económica vinculada a las empresas, sino en una cuestión personal que nos lleve a pensar qué tan preparados estamos para producir y vender un producto o servicio.

Ser competitivos en los tiempos actuales implica capacitarnos, especializarnos, tener creatividad y pensar en la forma de conseguir ventajas comparativas. Un caso digno de estudio es Finlandia, un país que no cuenta con grandes riquezas naturales pero que basa todo su potencial en la educación de su gente: hoy, los finlandeses cuentan con la mejor tecnología de telefonía celular del mundo, gracias a que el conocimiento es su principal fuente de competitividad.

Para ser competitivos tenemos que educar a la gente, ya que de lo contrario no habrá forma de que podamos competir con éxito en un mundo globalizado, ni podremos generar toda la riqueza y el bienestar que tanto necesitan nuestros países.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.
Desde Guadalajara, Jalisco, México

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Economía del conocimiento y creatividad


Por Héctor Farina Ojeda (*)

Sin lugar a dudas, la crisis económica que afecta a México y a todo el mundo representa un gran desafío para nuestra capacidad de crear opciones que nos permitan construir modelos y escenarios de mejores oportunidades. La caída de los principales rubros que generan ingresos a este país, como el caso de la venta de petróleo, el turismo, las remesas y las exportaciones maquiladoras, fundamentalmente a Estados Unidos, ha tenido un fuerte impacto en la economía local, lo que se nota en una fuerte pérdida de las posibilidades de empleo.

En este contexto, una de las cosas que tenemos que pensar es de qué manera los ciudadanos podemos generar nuestras propias oportunidades de crecimiento y desarrollo. Y debemos entender que en un mundo en el que los trabajos son cada vez más precarios, necesitamos replantear nuestra visión sobre qué tipo de actividades desarrollamos para tener los ingresos que requerimos para una vida digna.

Para enfrentar una crisis como la que vivimos tenemos que pensar en dos cosas fundamentales: ser creativos y mejorar notablemente nuestra educación. Si somos creativos, podemos pensar en todas las oportunidades de negocio que se abren para enfrentar una situación adversa: podemos desarrollar cooperativas, buscar vender servicios novedosos o desarrollar cadenas productivas en las que cada uno trabaje en una parte del negocio. Por ejemplo, si los pequeños comerciantes se ponen de acuerdo podrían comprar los productos en cantidades más grandes, con lo que pagarían menos que si compraran en pequeñas cantidades, así como también se podrían buscar mecanismos de transporte, de distribución y otros sistemas de ahorro.

Por el otro lado, tenemos que pensar que nos encontramos hoy frente a lo que se denomina la economía del conocimiento, que significa que el capital más valioso que tenemos actualmente es, precisamente, el conocimiento, aquello que sabemos hacer. Un dato que es significativo para explicar esto es que el 66% de los ingresos que se generan en el mundo proviene del sector de servicios. Y en cuanto a servicios, lo que se vende es el conocimiento.

Un buen ejemplo de ello es el caso de Singapur, un país que es una pequeña isla en Asia, que no tiene terrenos para sembrar ni cuenta con riquezas naturales para explotar. Pero con base en un fuerte desarrollo educativo, hoy se ha convertido en uno de los países más ricos del mundo, ha erradicado la pobreza y la corrupción, y tiene un nivel de ganancia por habitante más alto que Estados Unidos. La riqueza de este país es tener gente educada: ahí están los mejores ingenieros, los mejores médicos y todos los profesionales son de alta calidad, por lo que pueden vender servicios como asesorías educativas y de desarrollo tecnológico, de manera que todos quieren contratarlos.

Es un hecho probado que cuánto más educación tengamos, habrá menos probabilidades de que seamos pobres. Por eso debemos pensar en construir familias educadas, en incentivar la capacitación de las personas y tratar de desarrollar nuevos productos a partir de lo que vamos aprendiendo.

Además de exigir un mejor uso de los recursos públicos y políticas claras de parte de los gobiernos, nuestro reto hoy pasa por entender que estamos en un mundo en constante cambio, en el que tenemos que asumir un papel creativo y proponer nuevos productos de acuerdo a lo que los tiempos requieren. Y pensar en lo que se necesita actualmente implica orientar nuestros esfuerzos hacia la producción de servicios y, por ende, al conocimiento, a lo que sabemos hacer y a lo que podemos desarrollar a partir de aquello que sabemos.

Ser creativos y prepararnos más para competir en el mundo moderno, son dos elementos de los que no podemos prescindir si queremos superar la crisis y evitar que esta sea parte de nuestra vida cotidiana.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Invertir en educación para mejorar la democracia: Benjamín Fernández Bogado

Jaime Barrera (izq) Benjamín Fernández Bogado (centro) y Héctor Farina (der)

El panorama que se vive en América Latina es de incertidumbre, debido a la pobreza, la falta de educación y la mala ejecución de la democracia, afirmó el periodista Benjamín Fernández Bogado, durante la presentación de su libro ¿Y ahora qué? Itinerario de la eterna desilusión política en América Latina.

El periodista paraguayo se preguntó cómo construir un verdadero sistema de gobierno, recuperando nuestra identidad, y dijo que la clave de todo está “en el proceso educativo”.

Mencionó que es necesario reformular la democracia porque “hoy en América Latina se encuentra con pérdida de entusiasmo” y agregó que nos encontramos, los latinoamericanos, ante dilemas contradictorios: por un lado nunca fuimos tan jóvenes en la sociedad y, por otro, nunca tuvimos tanta libertad de acción, por lo que se necesita “un proyecto de país que motive la creatividad y la vitalidad del Estado”.

Hizo un llamado a invertir en materia educativa porque “la democracia necesita liderazgos lúcidos” y la educación es la única que podría cambiar toda la situación.

Recordó que “cada pueblo tiene el gobierno que se le parece” por lo que las universidades juegan un papel fundamental en este tipo de cambio, generando conocimiento y ofreciendo educación, “necesitamos recuperar el verbo para entender la carne de esta democracia”.

La presentación del libro estuvo a cargo de Jaime Barrera, director editorial del periódico Público , y Héctor Farina, periodista y estudiante del doctorado en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, quienes se preguntaron sobre el papel de los ciudadanos en la consolidación de la democracia.

Benjamín Fernández Bogado es periodista, consultor y profesor, con estudios en comunicación y leyes; ha realizado estudios de posgrado en derecho, periodismo, ciencias políticas y administración pública, en universidades como la Nacional de Asunción (Paraguay), Oxford (Inglaterra), Harvard (USA), Syracuse University (USA), University of Minnesota (USA) y Universidad de Navarra (España).

La presentación del libro de Benjamín Bogado tuvo verificativo este lunes 28 de septiembre, en el auditorio Carlos Ramírez Ladewig, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), en el marco de las actividades del Seminario Permanente de Periodistas.

Por: Omar Sánchez
Foto: Internet

Fuente: Noticias CUCSH, ver original aquí

sábado, 26 de septiembre de 2009

Presentarán libro de Benjamín Fernández en Guadalajara

El libro “¿Y ahora qué? Itinerario de la eterna desilusión política en América Latina”, escrito por Benjamín Fernández Bogado, será presentado este lunes en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México, en un evento organizado por la Universidad de Guadalajara, la segunda institución educativa más importante del país azteca. Benjamín Fernández ya está en la capital jalisciense, en donde ofrecerá una serie de conferencias y talleres para estudiantes, académicos y profesionales del periodismo.

La reciente obra de Fernández Bogado, conocido periodista paraguayo, abogado y profesor universitario, consiste en una serie de ensayos en los que reflexiona de manera certera sobre los distintos gobiernos y gobernantes en América Latina. El libro plantea problemas medulares que hasta ahora los administradores del poder no han sabido solucionar: ¿qué es gobernar?, ¿por qué gobernamos mal? Con muchos ejemplos concretos y con una reflexión de fondo, los ensayos van retratando una buena parte de lo que ocurre con los gobiernos.

El libro será presentado por Héctor Farina, periodista paraguayo y candidato a doctor por la Universidad de Guadalajara, y Jaime Barrera, director editorial del periódico Público. El evento tendrá lugar en el auditorio Carlos Ramírez Ladewig, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, a las 10: 00 horas.

Posteriormente, Fernández Bogado ofrecerá una conferencia sobre "Periodismo y entusiasmo democrático" en el Centro Universitario del Sur, en Ciudad Guzmán, Jalisco, el mismo lunes 28. En tanto el martes 29 hablará de “América Latina ante el desafío de la era del conocimiento”, en una conferencia en el Centro Universitario de la Ciénega, en la ciudad de Ocotlán, Jalisco. Por último, impartirá un taller para reporteros de Medios UdeG (Universidad de Guadalajara).

La ciudad de Guadalajara es la segunda en importancia en México y es una referencia cultural del país. Cuenta con la feria internacional del libro más grande de Iberoamérica, además de tener una comunidad académica activa y reconocida. De esta ciudad y de otras que también pertenecen al estado de Jalisco son originarios varios de los símbolos más representativos de México a nivel internacional, como el tequila, los mariachis y los charros.

www.vivaparaguay.com

martes, 22 de septiembre de 2009

Presentación del libro: ¿Y ahora qué? Itinerario de la eterna desilusión política en América Latina


Universidad de Guadalajara

Invita a la presentación del libro


"¿Y ahora qué?. Itinerario de la eterna desilusión política en América Latina"


Autor:
Benjamín Fernández Bogado, periodista, consultor y profesor paraguayo con estudios en comunicación y leyes.

Presentan:
Jaime Barrera, director editorial del periódico Público

Héctor Farina, periodista y estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales


28 de septiembre, 10:00 horas
Auditorio Carlos Ramírez Ladewig, CUCSH
Guanajuato 1045
Guadalajara, Jalisco

jueves, 17 de septiembre de 2009

El olvido y nuestra capacidad de hacer


Por Héctor Farina Ojeda (*)

Muchos de los pueblos, regiones y comunidades a menudo se quejan del olvido en el que los tienen las autoridades. Son muchos los grupos sociales que viven en condiciones de exclusión, de pobreza y con miles de limitaciones estructurales que frenan las posibilidades de desarrollo educativo, económico y social. Es evidente que en nuestras sociedades latinoamericanas no hemos podido consolidar políticas públicas integrales que puedan lograr un desarrollo sin exclusiones, en el que cada uno tenga una oportunidad de crecimiento. Pero más allá del olvido estructural al que son condenados muchos sectores de la sociedad, existe una condición más nociva para el desarrollo de las personas: el olvido de nuestra propia capacidad de hacer.

Durante muchos años nos acostumbramos a esperar que sean los gobiernos los que solucionen los problemas, los que propongan las opciones y los que establezcan los mecanismos para el desarrollo. Y acaso esa condición del que espera no ha podido traducirse hoy en la del que propone, del ciudadano que sabe ir más allá de la queja y la resignación, y que asume su cuota de responsabilidad dentro de un sistema democrático en el que el aporte de cada uno es fundamental. En América Latina nos quejamos mucho de la falta de apoyo, de la negligencia y la corrupción de nuestros gobernantes, de los males de cada ideología y de muchos otros factores externos, pero nos falta dar el paso adelante y pensar qué es lo que estamos haciendo mal para estar como estamos.

En medio de quejas y lamentos, parece que hemos olvidado nuestra propia capacidad de creación, de construcción y de cambio. Los pueblos que sobresalen no son los que esperan soluciones, sino los que proponen, trabajan y se esfuerzan por conseguir un objetivo. Y la base para tener la capacidad de proponer y cambiar está en la educación: cuando más capacitación tengamos, cuando más preparados y competitivos seamos, tendremos más posibilidad de crear mejores oportunidades y de lograr un desarrollo que permita mejorar nuestra calidad de vida.

En países como Paraguay, en donde por décadas los gobiernos se han olvidado de promover sistemas educativos inclusivos y eficientes, los ciudadanos tenemos que asumir la responsabilidad de ejercitar nuestra capacidad de hacer y de construir con el ejemplo la sociedad en la que queremos vivir. Nuestra responsabilidad no termina en la queja, sino que debe apuntar a una actitud proactiva en la que cada uno asuma el reto de impulsar la educación, de ser críticos y exigentes con los gobernantes, y de proponer ideas que nos ayuden a salir de la condición de atraso que tanto nos castiga.

La capacidad de hacer que tenemos en realidad es muy grande e incluye tanto los pequeños detalles de nuestro comportamiento diario, como los grandes proyectos visionarios. Podemos hacer mucho, como enseñarle a los niños a leer e inculcarles el hábito de la lectura, para formar una generación de talentos, de personas capaces con el conocimiento suficiente para encaminar a la sociedad hacia mejores destinos. No basta con seguir buscando culpables o repartiendo quejas contra el sistema educativo o contra los gobiernos: si nosotros mismos no nos preocupamos por educar a los nuestros, si no adquirimos capacitación y si no hacemos algo para formar profesionales competitivos, a pesar de que tengamos razón con nuestras quejas no saldremos de la situación de pobreza y subdesarrollo.

Para vencer al olvido estructural de parte de los gobiernos, primero tenemos que vencer nuestro propio olvido, aquel en el que caemos cuando no recordamos nuestra capacidad de hacer y cuando esperamos con resignación que otros nos solucionen nuestros problemas. Con ideas críticas, con un ejercicio cotidiano de lectura e instrucción, con la autogestión para hacer obras en nuestras comunidades, podemos hacer mucho más de lo que muchos creen. Es hora de capacitarnos y de hacer que el ejemplo de trabajo y sacrificio se contagie al resto de la sociedad. Debe quedarnos claro que en la medida en que nosotros mismos seamos personas más preparadas, tendremos un mayor poder de cambio y podremos contribuir más y mejor al desarrollo, al crecimiento y a un nivel de vida más justo para todos.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales

martes, 11 de agosto de 2009

La tecnología como laberinto


Por Héctor Farina Ojeda (*)

Los usos de las computadoras e Internet se han incorporado a la vida cotidiana de una manera tan acelerada, que quizás todavía no terminamos –como sociedad- de asimilar todo lo que esto implica y comprender cuál es nuestra responsabilidad y cómo sacarle el máximo provecho a las herramientas tecnológicas. En poco tiempo, pasamos de la generación de la televisión a la de la computadora, en una transición empujada por el desarrollo tecnológico que, sin embargo, no ha variado mucho nuestra situación de precariedad educativa. Y esa falta de preparación integral que nos permita comprender este tipo de transiciones es la que nos limita y nos coloca frente a un mundo complejo y cambiante sin los conocimientos necesarios para usar la tecnología en beneficio de la sociedad.

En la actualidad los niños y los jóvenes pasan muchas horas frente a una computadora. Usan el correo electrónico, el Messenger, navegan por páginas de todo tipo, participan en comunidades virtuales como Facebook, Orkut, Hi5 y otros sitios, buscan y difunden información, comparten fotos y temas de interés. Internet es no solo una fuente de información sino un mecanismo de entretenimiento en donde uno puede perderse en medio de un laberinto en el que las posibilidades son prácticamente inagotables. Desde lo educativo y lo beneficioso hasta lo fútil y lo nocivo, todo se da cita en una red en la que hay que aprender a desenvolverse con criterio y conocimiento.

Pero en el proceso de formación hay un error que parece que no hemos comprendido como se debe: aprender a manejar una computadora o navegar por Internet no significa que se haya aprendido a construir algo productivo a partir de estas herramientas. Nos emocionamos con la tecnología y casi le dejamos el trabajo de educar, sin pensar que, contrariamente a esto, lo que se requiere es darles una educación más sólida a los niños y jóvenes para que sepan cómo aprovechar los recursos de la tecnología. Las herramientas no sustituyen al pensamiento, sino que son un mero instrumento que puede ser útil en las manos preparadas, y perjudicial en las manos no aptas.

Las facilidades de Internet hacen que muchos docentes, desde una perspectiva simplona y mediocre, encarguen a sus alumnos que “investiguen” en la red sin antes darles una orientación adecuada, con lo que lo único que se consigue es que los estudiantes “copien y peguen” cualquier información, sin crítica ni esfuerzo. Ni el maestro enseña ni el alumno aprende, sino que mutuamente se engañan al usar herramientas para extraer informaciones que no entienden. Con esto no solamente no se avanza sino que se retrocede a un estadio en el que ya no se ejercita el pensamiento ni se requiere del esfuerzo, pues bastan las capacidades elementales de manipulación tecnológica.

Para explotar las potencialidades de las computadoras e Internet, primero tenemos que dotar a los ciudadanos de la capacidad de pensar en forma crítica e independiente. Los programas de estudio deben diseñarse pensando que la tecnología no reemplaza ni a la lectura ni a la discusión. Si no logramos desarrollar las herramientas intelectuales, no podremos hacer que las herramientas tecnológicas nos enseñen el camino. Al contrario, sin un pensamiento crítico y una visión clara de hacia dónde queremos ir, lo único que lograremos es que la tecnología sea un fetiche, una distracción y un objeto más del consumismo vacío que hoy lleva a nuestra sociedad a perderse en lo trivial, lo insulso y lo decadente.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.
www.vivaparaguay.com

lunes, 3 de agosto de 2009

Las industrias y el desarrollo

Por Héctor Farina (*)

Las disposiciones adoptadas por el Gobierno para aumentar la carga tributaria a las prendas asiáticas y poner así fin a la subvaloración o “contrabando legalizado”, son un gesto significativo a favor de la industria nacional, sobre todo porque el reclamo de los industriales fue desatendido por todos los gobiernos que se sucedieron en el periodo de transición democrática. La invasión de prendas asiáticas se inició a principios de los 90’ y desde entonces la industria nacional fue perdiendo terreno ante la imposibilidad de competir con los precios irrisorios de los productos importados, que ingresaban directamente de contrabando o pagando valores insignificantes para “disimular” que cumplían con las formalidades de la importación.

Por un lado, en caso de que las medidas se cumplan –eso siempre está en duda por la fragilidad de los controles aduaneros- permitirán a las industrias nacionales una competencia más sana, ya que no existirá esa distorsión grosera que durante años favoreció a todo lo importado en detrimento de lo que se producía en el país. Definitivamente, resulta insostenible que un país serio privilegie a los contrabandistas, trianguladores y oportunistas, en tanto se perjudica a la industria paraguaya, al punto de hacer que se pierdan más de 30 mil empleos. Por ello, el mensaje del Gobierno parece indicar que el rumbo que se tomará es diferente al que tomaron las administraciones anteriores.

No obstante, más allá de las medidas que tienden a eliminar las distorsiones y favorecer una competencia más justa, se debe tener en cuenta que en un mundo globalizado se requiere competitividad y que las industrias paraguayas tienen serios problemas con eso. No bastarán las medidas proteccionistas si no se apuesta a fortalecer la capacidad de competencia de las industrias locales, de manera que puedan producir con mayor calidad, en mayor cantidad y con precios accesibles.

Las industrias, y las empresas paraguayas en general, necesitan un fuerte apoyo para que tengan la capacidad de generar desarrollo, crear empleos y ganar mercados internacionales. Y ese apoyo debe entenderse como incentivos fiscales para la producción, apoyo tecnológico, capacitación permanente para los trabajadores, créditos para las pequeñas y medianas empresas, más obras de infraestructura y más apoyo de las instituciones estatales para buscar mercados y atraer inversiones.

El Gobierno debería mejorar las condiciones de producción y distribución de las industrias. Y una forma de hacerlo es por medio de la construcción de obras de infraestructura que faciliten las comunicaciones, de forma que se pueda reducir el costo país y que se logre minimizar en algo el elevado precio de la mediterraneidad. Necesitamos más rutas para facilitar el transporte de los productos, porque si se siguen teniendo costos tan elevados en materia de logística será difícil mejorar la competitividad de la producción. Un sistema de comunicaciones en buen estado permitiría transportar más fácilmente la materia prima, los insumos y los productos, con lo que se reduciría el costo de operación y ello podría traducirse en un producto más barato y competitivo.

Con la disminución de la competencia desleal de los productos asiáticos se puede recuperar gran parte del mercado nacional, pero para consolidar el crecimiento se debe apuntar a los mercados internacionales, como de hecho se viene haciendo con relativo éxito en el rubro de las confecciones. Revisar la política de acuerdos comerciales, así como priorizar la búsqueda de nuevos mercados para los productos nacionales, deberían ser dos de los objetivos a corto plazo de la política exterior.

La industria de la confección podría generar una cantidad importante de empleos en poco tiempo y con ello se podría darle un impulso notable a la economía nacional. Lo mismo ocurre con otros sectores que desde hace años esperan un poco de consideración de parte de las autoridades. Si se consolida una política para estimular la competitividad de las empresas nacionales, lograremos un paso vital hacia el crecimiento económico y la generación de empleos y oportunidades.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales
www.vivaparaguay.com

lunes, 27 de julio de 2009

Los postergados del Mercosur

Por Héctor Farina Ojeda (*)

Las postergaciones diplomáticas y efectivas de los temas importantes en las cumbres del Mercosur tienen como destinatarios favoritos a los dos países más pequeños del bloque: Uruguay y Paraguay. Ya es algo frecuente que se firmen comunicados conjuntos, que se realicen promesas de cooperación y apoyo, que se fijen metas futuras y que se asuman compromisos discursivos, pero siempre queda la sensación de que en realidad no se ha avanzado mucho porque en la práctica serán Brasil y Argentina los que impongan las verdaderas reglas del juego, que distan mucho de las que se acuerdan oficialmente.

El tema de las asimetrías es uno de los eternos reclamos de los países de menor desarrollo relativo del bloque, pero hasta ahora no se han establecido mecanismos justos y las condiciones de inequidad continúan a favor de las economías grandes y en perjuicio de las economías pequeñas. Brasil y Argentina siguen poniendo trabas a las exportaciones de productos paraguayos y uruguayos para proteger sus mercados, en tanto invocan los mismos acuerdos que no cumplen para evitar que los demás les apliquen las mismas trabas. Cuando los países grandes quieren exportar esgrimen los acuerdos, pero se olvidan de ellos cuando a los países pequeños les toca vender.

En ese sentido, la protesta de los industriales paraguayos es más que justificada: mientras los productos brasileños invaden el mercado paraguayo –ya sea en forma legal o ilegal-, los productos nacionales con valor agregado tienen que enfrentar una cantidad interminable de trabas paraarancelarias, que en la práctica hacen inviables las exportaciones. Las grandes compañías brasileñas pueden trabajar libremente y vender sus productos en Paraguay, pero los industriales metalúrgicos paraguayos no pueden ni siquiera exportar clavos al mercado brasileño sin pasar por todas las trampas que se ponen para evitar el libre comercio.

El discurso del libre tránsito de personas y mercaderías dentro del bloque no concuerda con los operativos militares que realiza el Brasil en la frontera, ya que con ello no sólo se busca asfixiar el comercio en Ciudad del Este sino que se desincentiva el turismo hacia el territorio paraguayo. Las trabas comerciales, los “controles” militares para asustar a los turistas, el incumplimiento de los acuerdos y las postergaciones de los reclamos de los socios menores, no forman parte del “espíritu” de integración que se preconiza en cada cumbre.

La reparación de las injusticias en el Mercosur ya no puede ser postergada. Paraguay debe hacer causa común con el Uruguay en la idea de negociar acuerdos comerciales con otros países, ya que no podemos permanecer atados a un bloque que cierra las fronteras a nuestros productos y que solo beneficia a los países grandes mientras empobrece a los más pequeños. No se puede seguir a merced de un esquema en el que las grandes industrias brasileñas se desarrollan libremente, en tanto las industrias paraguayas son perjudicadas y terminan empobrecidas o quebradas.

El histórico acuerdo alcanzado en el tema de Itaipú –que todavía falta que se cumpla-es una prueba de que es posible conseguir que se atiendan los reclamos paraguayos y de que se debe seguir una política firme para hacer respetar los derechos de la nación. Como país socio con plenos derechos en el Mercosur, tenemos que dejar claro que los acuerdos deben cumplirse y que no se tolerará que la economía paraguaya siga siendo perjudicada por culpa de las injusticias de los socios. El bloque no puede seguir funcionando como hasta ahora: si no se corrigen las aberraciones, se debe buscar otro camino, uno en el que haya más equidad y menos engaño.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.

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martes, 21 de julio de 2009

Lo que leemos en la sociedad

Por Héctor Farina Ojeda (*)

A la gravedad de tener un bajo nivel de lectura y a la poca comprensión de lo que se lee en los libros, tenemos que sumarle un hecho igual o más preocupante: los niños y jóvenes quizás no comprendan bien lo que leen en los textos pero comprenden muy bien lo que leen en la sociedad. Esta es una de las cuestiones fundamentales que debemos analizar si queremos construir una sociedad para el conocimiento, de acuerdo a lo que propone Guillermo Jaim Etcheverry en su libro La tragedia educativa (1999), en el que pinta con ejemplos las contradicciones de los sistemas educativos y de las políticas orientadas a formar personas preparadas.

Jaim Etcheverry, ex rector de la Universidad de Buenos Aires, dice que en realidad fallamos en la educación porque predicamos lo contrario a lo que hacemos: mientras por un lado en las escuelas se habla de la importancia de la lectura y del conocimiento, por el otro lado vivimos rodeados de ejemplos que indican un claro desprecio hacia estos valores. En nuestras sociedades se privilegia el dinero fácil, lo superficial y lo material. Se endiosa la figura del avivado, del oportunista que saber hacer dinero a costa de algún golpe de suerte o del engaño, en tanto se denigra a los que promueven el conocimiento. Los politiqueros y los corruptos gozan de “prosperidad” económica, mientras que los maestros son la muestra de que el sacrificio a favor de la educación no equivale a una recompensa justa.

Desde esta perspectiva, podemos pensar que nuestra educación falla porque los contenidos educativos que pretendemos inculcar son retóricos y ajenos a la realidad, en tanto los ejemplos cotidianos que vemos en la sociedad indican que el camino es otro y que no pasa precisamente por aquello que se declama en las escuelas. Cuando vemos que un político inculto ostenta un cargo de senador y hace gala grosera de su poder, sin el más mínimo pudor ni respeto hacia los ciudadanos, como sociedad estamos enviando el mensaje de que no hace falta ser educado y que no se necesita del sacrificio para llegar a ocupar puestos de importancia. Cuando se arregla todo por medio de coimas, cuando se recurre al compadre o al padrino para conseguir algún beneficio al margen de la ley o algún cargo sin tener la preparación adecuada, se enseña que el camino fácil es el torcido y que lo que se enseña en las escuelas no deja de ser un requisito que luego se ha de olvidar.

Los ejemplos que damos como sociedad son fundamentales para establecer qué tipo de enseñanza les damos a los niños y jóvenes. De nada servirá repartir libros y hacer declaraciones retóricas en las escuelas, si con nuestra forma de actuar terminamos desmintiendo todo lo bueno que se pretende enseñar. En una sociedad en la que predominan el escándalo, el ruido y el espectáculo grotesco; en un ambiente en el que se privilegia el amiguismo, el nepotismo y el compadrazgo antes que la calidad profesional de las personas, no podemos pretender enseñar algo diferente de lo que mostramos todos los días.

Será difícil convencer a los niños y jóvenes de que la educación es el camino correcto si seguimos viendo que la televisión idolatra el insulto, el escándalo, el chisme y lo chabacano en detrimento de la inteligencia y la seriedad. Si para ser famoso o para tener un cargo público de relevancia no se necesita otra cosa que hacer ruido, vivir en el bochorno o ser servil en un sistema corrupto, no podemos esperar que las nuevas generaciones tomen un camino distinto al que conocen por medio de los ejemplos.

Para revertir la situación de pobreza educativa tenemos que empezar por recuperar los valores que pretendemos inculcar, para tener los elementos necesarios con los cuales construir un país mejor. Tenemos que ser más exigentes con nuestros actos, con nuestros gobernantes y con la forma en que queremos vivir. Si no asumimos el compromiso de enseñar con el ejemplo y seguimos dejando a los niños y jóvenes a merced de la influencia de lo frívolo, lo mediocre y lo corrupto, el resultado será la repetición del mismo modelo de miseria y atraso que venimos arrastrando desde hace años.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales
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domingo, 5 de julio de 2009

Delfín Chamorro y el tesoro perdido

Por Héctor Farina Ojeda (*)

La situación de pobreza educativa en el Paraguay y las eternas quejas de la mala calidad de los sistemas de enseñanza parecen no corresponder al futuro de un pasado en el que tuvimos a una de las figuras más extraordinarias de la cultura paraguaya: Delfín Chamorro (1863-1931). Este docente, periodista y notable gramático es uno de los referentes más importantes de la educación en Paraguay. Oriundo de Caaguazú, inició sus estudios en la ciudad de Villarrica -entonces asolada por los efectos de la Guerra Grande- y pese a las precariedades de su familia y del país, logró avanzar para terminar constituyéndose en uno de los maestros más reconocidos de nuestra historia.

El profesor Chamorro recibió una formación básica del sistema educativo pero su enorme vocación autodidacta y su gran pasión por la lectura lo convirtieron en un erudito. Apoyado por otro gran maestro como Ramón Indalecio Cardozo, Chamorro supo hacer de la docencia un arte y desarrollar métodos más efectivos de enseñanza, como el famoso “método Chamorro” mediante el cual simplificó y mejoró la forma de enseñar gramática. Con un trabajo incansable, con vocación y con ejemplos, nos enseñó una lección que los paraguayos parece que hemos olvidado: la educación es fundamental para nuestro desarrollo como sociedad y como ciudadanos.

El ejemplo de Chamorro y otros notables intelectuales de la época, que convirtieron a Villarrica en la capital cultural del país y en el mejor lugar para educarse, es una muestra clara de que a pesar de las adversidades podemos formar ciudadanos preparados y conscientes que sepan guiar al país hacia un destino diferente al que hoy tenemos por culpa de la mediocridad. La politización de la educación quizá sea una de las causas por las cuales abandonamos la tradición de tener grandes educadores para dar paso a los acomodados, los politiqueros y los oportunistas al amparo de los gobiernos de turno. No solo invertimos poco en la educación, sino que la mayoría de los recursos se pierde para sustentar un sistema clientelista en el cual se premia a los mediocres y se castiga a generaciones de paraguayos con una pésima enseñanza.

Ante el fracaso rotundo de la reforma educativa, que evidencia que no sólo se ha perdido tiempo y dinero sino que se ha postergado la necesidad impostergable de optimizar nuestra educación, deberíamos plantearnos seriamente qué es lo que queremos: si priorizar la calidad e invertir en la gente o seguir gastando para mantener una burocracia ineficiente y parasitaria que hasta ahora no ha traído beneficios más que para unos pocos.

En tiempos en los que el conocimiento es el tesoro más valioso de cualquier sociedad, debemos orientar nuestros esfuerzos hacia la calidad educativa. El profesor Chamorro y sus enseñanzas no deben quedar en el olvido: son un ejemplo de que podemos construir un país mejor, empezando por tener mejores ciudadanos, con más compromiso y responsabilidad. Tenemos que recuperar la tradición de los grandes educadores y darle al maestro el lugar que se merece, para empezar a diseñar un futuro sobre la base del conocimiento. Necesitamos más trabajo y menos excusas, porque si no rectificamos rumbos hoy, el mañana será mucho peor.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales

sábado, 4 de julio de 2009

El poder del lenguaje

Por Héctor Farina (*)

Una de las más irónicas paradojas de nuestros tiempos es la pérdida de la capacidad expresiva del lenguaje, precisamente en momentos en donde las tecnologías de la comunicación hacen posible comunicarse prácticamente a cualquier parte del planeta. Como lo sentenciara en alguna ocasión el escritor uruguayo Eduardo Galeano, “este mundo comunicadísimo se parece cada vez más a un reino de mudos”. Esto podríamos traducirlo como que en tiempos en los que parecemos estar más comunicados gracias a herramientas tecnológicas, como los teléfonos celulares o Internet, en realidad hemos empobrecido nuestros recursos expresivos para comunicarnos con los demás, debido a que nuestro cultivo del lenguaje se encuentra en crisis.

Las deficiencias en el uso del lenguaje son evidentes en cualquier sistema educativo de América Latina. Los alumnos pasan durante años por las escuelas y las universidades, pero los sistemas de enseñanza no han podido lograr una formación sólida en cuanto a nuestra capacidad de expresión: por ello seguimos teniendo problemas de orden gramatical, por eso la sintaxis y la semántica no son bien vistas, y por eso hay inconvenientes para escribir un texto, para argumentar de manera razonada y para entablar una comunicación verdadera en la que las dos partes entiendan lo que el otro quiere decir. Pero entender al otro no pasa solo por conversar o intercambiar mensajes, sino por captar la expresividad de lo que este quiere comunicar.

Cuando hablamos y no expresamos, caemos en lo que Milan Kundera narra en una de sus novelas, en donde dos personas hablan y hablan pero no se escuchan, de manera que lo que en realidad hacen es ignorar los mensajes del otro para tratar de imponer los propios, con lo que se logra una barrera infranqueable para la comunicación. Cuando nuestra falta de herramientas, de palabras e ideas, para comprender a los demás nos limita la capacidad de decodificar los mensajes ajenos, terminamos creyendo que lo que el otro quiere decir es en realidad lo que nosotros queremos escuchar, lo que queremos entender. Y ese es un grave problema que afecta a la vida cotidiana, a las relaciones humanas y a la comprensión de lo que ocurre en las sociedades.

En Paraguay tenemos una capacidad expresiva notable gracias al bilingüismo que nos permite recurrir tanto al español como al guaraní para pintar con palabras y frases aquello que queremos comunicar. Pero esa riqueza se ve limitada cuando no cultivamos el lenguaje, cuando usamos cada vez menos palabras y cuando nos conformamos con repetir frases que otros usan sin saber a qué se refieren. Ante el deterioro de la capacidad expresiva, tenemos que pensar cómo podemos mejorar nuestra comunicación con los demás, cómo construir sistemas educativos en los que se logre una formación sólida en cuanto a la lengua española y el guaraní, y sobre todo cómo incorporar hábitos que favorezcan un enriquecimiento del lenguaje.

Para enriquecer nuestra capacidad de expresión tenemos que cultivar el hábito de la lectura, del diálogo y la comprensión. En la era de la información es necesario que aumentemos nuestro nivel de lectura, que mejoremos nuestra capacidad de entender a los demás y que incrementemos nuestros recursos expresivos así como la calidad de lo que expresamos. Recuerdo que la profesora de lengua y literatura Emina Nasser de Natalizia decía que era “imperdonable” que en una casa o en un lugar de trabajo no haya un diccionario, porque se trata de una herramienta fundamental para la comprensión de las palabras.

Leer más, aprender más palabras, hablar más con los demás y ejercitar nuestra capacidad de comprensión, son tareas básicas que deberíamos realizar para tratar de comunicarnos mejor y no caer en un mundo absurdo en el que todos dicen algo pero los mensajes se pierden porque nadie escucha ni interpreta.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.

lunes, 8 de junio de 2009

La educación se fue al diablo

Por Héctor Farina Ojeda (*)

Desde hace muchos años sabemos que en América Latina algo no funciona bien en materia educativa. Pero la situación quizá sea mucho más crítica de lo que creemos si empezamos a comparar y miramos cómo están los países del primer mundo, o si recordamos un pasado en el cual todavía creíamos en la formación educativa. “La educación de Occidente se fue al diablo hace 80 años”: la expresión pertenece al Dr. Fernando Leal Carretero, filósofo, lingüista e investigador de la Universidad de Guadalajara (México), quien en medio de una clase de doctorado pareció resumir gran parte de nuestra historia actual con dicha afirmación.

Ante mi curiosidad sobre esta sentencia tan dolorosa, Leal Carretero respondió que la pregunta grande que deberíamos hacer es ¿qué pasó hace 80 (o 50 o 100) años?, con respecto a la educación. Como ejemplo, dice que una evidencia clara del problema de la educación en México es la enorme diferencia que hay entre la buena calidad de lo que escribían los periodistas a finales del siglo XIX en el país azteca y la mala calidad de lo que se escribe hoy. No obstante, no se trata de un problema exclusivo de México, sino que afecta a toda la cultura occidental, sobre todo a los países de América Latina, en los que se nota más el rezago.

Y aunque el académico advierte que su afirmación es apenas un “esbozo de hipótesis”, porque requiere investigar más para concluir algo de manera contundente, dice que su razonamiento se basa en varios factores, entre ellos que la educación clásica y tradicional tiene como fundamentos dos aspectos: saber leer y escribir, por un lado, y saber contar y medir, por el otro. En el caso de saber leer y escribir, en la Edad Antigua se habían construido tres disciplinas para educar: la gramática, la lógica y la retórica. Sobre la base de estos tres pilares, durante siglos se instruyó a numerosas sociedades. Con la caída del imperio romano, este sistema de enseñanza se conservó casi exclusivamente en los monasterios, pero con Carlomagno se recuperó el sistema y se aplicó en Occidente hasta el siglo XIX, cuando empezó a decaer. Y aquí viene la gran pregunta: ¿qué pasó a partir de ahí para que la educación haya cambiado y hoy se encuentre en una situación lamentable?

Evidentemente, algo hemos hecho mal en todo este tiempo para que hoy tengamos sistemas educativos deficientes y que se haya perdido la calidad en la enseñanza de cuestiones tan básicas como la gramática o la matemática. Hoy, mientras vemos que los países asiáticos progresan a pasos agigantados, no podemos dejar de pensar en nuestros países latinoamericanos que tienen un promedio de escolaridad de apenas siete años, una cifra muy retrasada en comparación con los países asiáticos. Y la diferencia es más grande si pensamos en que además de los enormes niveles de deserción escolar que tenemos los latinoamericanos, debemos sumarle la mala calidad de lo que se enseña y lo que se aprende.

Una tarea obligada que tenemos hoy en países como Paraguay es analizar y debatir sobre la realidad de nuestra educación, para proponer soluciones que nos permitan salir del tercermundismo al que nos hemos condenado nosotros mismos. ¿Qué es lo que podemos hacer para recuperar nuestra capacidad de expresión, de pensamiento y acción? ¿Cómo podemos construir un sistema educativo que pueda formar mejores ciudadanos? ¿Qué estamos haciendo y qué responsabilidad tenemos que asumir para sacar al país del rezago educativo? Si nuestra educación se fue al diablo, deberíamos asumir el desafío de intentar responder estas preguntas para luego trazar un camino que nos aleje de los males de la ignorancia, de la pobreza y de la miseria.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales.
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lunes, 1 de junio de 2009

Las mediaciones y las informaciones periodísticas:

Reflexiones sobre los factores que inciden en la construcción y difusión de las noticias (*)

Por Héctor Farina Ojeda

El proceso de búsqueda, recolección, procesamiento y difusión de las noticias es un fenómeno complejo, afectado por diferentes tipos de mediaciones o determinaciones mediadoras que condicionan las informaciones finales que recibe el público. Los medios periodísticos son estructuras organizadas para la comunicación masiva, que al igual que cualquier otro objeto de estudio de lo social, están constituidos por “un nexo complejo de elementos con múltiples dimensiones, relaciones y determinaciones mediadoras, que puede ser descrito y analizado a diversos niveles de generalidad y abstracción en una forma sistemática” (Sánchez, 1992: 67)

Al tratarse de un conjunto complejo de relaciones, proponemos aquí un ejercicio reflexivo en torno a las diferentes mediaciones que afectan o condicionan las prácticas periodísticas, en el sentido de incidir en la construcción de las noticias, desde la búsqueda de las informaciones por parte del periodista, hasta el producto o publicación final que llega al público. El ensayo será reflexivo y auto-reflexivo, pues toma como base una experiencia personal como periodista y la observación de prácticas de otros periodistas. Todo esto teniendo como sustento un bagaje teórico-metodológico para la interpretación de los fenómenos analizados.

Como primer punto conviene establecer algunas precisiones sobre los conceptos, de manera a trazar un mapa conceptual que nos permita claridad en el análisis. Por mediación entendemos una conexión causal construida por el analista, que puede ser observada en los procesos reales, cuando en virtud de un contacto en una zona de articulación, un proceso social es influido por otro(s), cambiando o reforzando el flujo de acontecimientos (Sánchez, 1992: 76).

Pero no podemos hablar de causas únicas ni conexiones aisladas, sino de una “multicausalidad o de determinaciones múltiples”, es decir, de una infinidad de cadenas de articulación o de conexión entre procesos y fenómenos (Sánchez, 1992:75). Y en ese sentido, el mismo Sánchez (1992, 76) nos aclara que una causa “es un factor de determinación: influye, orienta, contribuye a configurar un proceso. Pero ningún fenómeno social es ‘determinado’ o ‘causado’ por un solo factor, sino por múltiples procesos que intervienen, influyen, median su existencia procesual”.

Dentro de este entramado de relaciones y procesos, la idea apunta a buscar una respuesta a la cuestión de ¿cómo afectan las mediaciones a las publicaciones periodísticas?

Para intentar una respuesta reflexiva, utilizaremos el modelo de análisis de Hirsch (1980), que propone tres niveles: los papeles ocupacionales, la organización en su totalidad y el nivel interorganizacional e institucional. Usando este modelo, tomaremos las mediaciones que surgen en los niveles profesionales o individuales de los periodistas, en la organización o redacción del periódico y en el nivel interorganizacional o de relacionamiento institucional del medio.

Nivel individual: los periodistas y sus influencias personales

La búsqueda de informaciones de interés general, que se convertirán en noticias, presenta múltiples determinaciones mediadoras y factores que condicionan o influyen en el proceso. En un nivel individual -lo que Gabriel González Molina (1989) denomina como “la dimensión profesional de la producción noticiosa”- el periodista está condicionado por factores como su grado de preparación académica, su experiencia como periodista, su conocimiento especializado o no de la fuente o del área de cobertura, sus prejuicios, su ideología, sus limitaciones de recursos, ya sea económicos o técnicos, entre otros aspectos.

Los periodistas buscan obtener información novedosa, de interés general, que sea llamativa, atractiva y que despierte la curiosidad del público. “Cada periodista tiene su propia definición de noticia, en todos los casos válida y adecuada a la idea de periodismo” (Hernández, 1995: 15).

En la búsqueda de noticias, el periodista se mueve en un determinado espectro o área específica – hablando del caso la prensa escrita- y de a partir de ahí trata de generar u obtener información para hacer una construcción social de los hechos de interés, que luego llegan al público como noticias elaboradas.

Ahora bien, ¿qué tipo de determinaciones mediadoras enfrentan los periodistas en forma individual? Tomando en cuenta que en el proceso complejo de relacionamiento entre el periodista y las fuentes de información, analizaremos algunas de las mediaciones y no todas.

Un elemento que opera como mediación entre el periodista y la información es el de los filtros humanos que existen para llegar a las autoridades, como pueden ser los encargados de prensa de las instituciones o las secretarias de las autoridades que son la fuente oficial de información. En este caso, el periodista necesita pasar por estos filtros, que actúan como gatekeepers, para poder acceder a la fuente oficial de donde obtendrá la información que puede convertirse en noticia.

Una secretaria o un jefe de prensa se constituyen en una determinación mediadora porque influyen en el proceso de construcción de la noticia, de manera que al facilitar o trabar el acceso a la fuente modifican sustancialmente el resultado. Por ejemplo, al no tener información directa de la fuente oficial nos podemos encontrar con noticias incompletas, con versiones basadas en fuentes indirectas, con un parcialismo en la información, con tendencias no justificadas o con un tenor diferente en la interpretación. En este caso, por falta de acceso la noticia podría pasar de titularse “Gobierno dice que no hay crisis” (en caso de que así lo indique la fuente) a una que diga “Gobierno no da la cara en medio de la crisis” (en caso de que no responda al pedido de entrevista). Como se ve, este tipo de filtros pueden inciden fuertemente en la construcción y en la difusión de las noticias.

Otras mediaciones a las que se enfrentan los periodistas de manera individual son las que están dadas por la capacitación, el conocimiento y el grado de especialización en los temas que atañen al área de cobertura. Estas mediaciones tienen una incidencia directa, porque los grados de conocimiento influyen desde la misma pregunta que hace el periodista para obtener la información, ya que en la medida en que tenga más preparación y conocimiento sobre los temas, tendrá otra perspectiva de análisis y buscará otro tipo de respuestas.

Así podemos decir, tomando como referencia una experiencia propia, que los periodistas menos capacitados tienden a hacer preguntas más generales y a informar al público de manera más general, mientras que los periodistas con mayor nivel de preparación y conocimiento buscan respuestas más específicas, preguntan con mayor fundamento y complejidad, así como luego buscan explicar la realidad en forma más compleja, tomando todos los factores posibles y no quedándose en una generalización simplista.

Esto se nota todavía más cuando a los grados de conocimiento se le suma la experiencia del periodista en una fuente específica: un periodista preparado, con un manejo experimentado de ciertos temas (como uno de economía o de nota roja), que conoce bien el funcionamiento del sector y tiene un mayor grado de confianza con las fuentes, siempre tendrá más posibilidades de obtener una información más relevante y estructurarla de manera más correcta, en tanto los periodistas con menos conocimiento y experiencia tienen mayores limitaciones para obtener información y tienden a presentar las noticias de manera más general y menos detallada, en una estructuración más simple.

También los prejuicios y las ideologías personales de los periodistas actúan como determinaciones mediadoras, ya que, por ejemplo, si se tiene una ideología de izquierda se tienen a interpretar ciertos temas con una marcada tendencia. De esta manera se llega ya con ciertas predisposiciones y cuando se trata de organismos multilaterales, como el Banco Interamericano de desarrollo (BID) o el Banco Mundial (BM), se tiende a ver las informaciones como parte del “imperialismo” y a procesarla en consecuencia. De la misma manera, los que tienen preferencias por una ideología de derecha, tienden a minimizar las manifestaciones consideradas “de izquierda”. Entonces, las noticias pueden variar dependiendo de qué ángulo de visión tome el periodista, por lo que de una misma manifestación o protesta pueden surgir títulos como “Gobierno reprime a campesinos que piden apoyo” o “Campesinos toman las calles con violencia”.

Igualmente, y aunque esto se deriva de un nivel organizacional, los periodistas son mediados por los recursos técnicos y económicos que poseen en el momento de buscar las noticias. Imagínense el caso de dos periodistas, de los que sólo uno de ellos posee una cámara fotográfica: con esa diferencia tecnológica, que se constituye en una mediación expresiva (Sánchez, 1992:76), se puede marcar una notoria diferencia a la hora de presentar la noticia, ya que el poder gráfico le da ventajas al periodista que captó una determinada imagen, sobre todo si esta es contundente, como una agresión entre políticos o una represión policial, que son escenas fugaces y que hablan por sí solas.

Nivel organizacional: las pautas de la redacción del periódico.

En el segundo nivel de análisis, el de las “determinaciones organizacionales”, tomamos a la organización informativa en su conjunto, explorando las formas en las que el proceso de producción de las noticias (o de otros productos comunicacionales) se ve sujeto a sistemas burocráticos (Hernández, 1995:17). En los medios como organizaciones complejas hay mediaciones de las profesiones, de las burocracias, de la tecnología, de los patrones de propiedad y control, de los modos de producción, entre otros (Sánchez, 1992: 97).

En este caso centramos nuestro análisis en la sala de redacción de los periódicos, que determinan las líneas y criterios que los periodistas deben tener en cuenta para la búsqueda y recolección de las noticias (1).

En la redacción de los periódicos, las mediaciones económicas son determinantes para la búsqueda de las noticias por parte de los periodistas. Como ejemplo de estas mediaciones, tenemos la disponibilidad de recursos económicos, que establecen si se pueden realizar tales o cuales coberturas, investigaciones u otras actividades que requieren de recursos adicionales. Un periódico puede decidir cubrir sólo ciertas fuentes de información, para minimizar los gastos, y dejar de lado deliberadamente otras, así como optar por no enviar a sus periodistas a giras, eventos internacionales o actividades no programadas que requieran una inyección extra de capital.

Igualmente, las mediaciones económicas se notan en los medios que se poseen los reporteros para buscar la información, como el caso de los vehículos que posee la empresa para trasladar a los reporteros de un lugar a otro. En muchas ocasiones no se puede estar en el lugar de los hechos por la falta de transporte, por lo que la recolección de la información y la reconstrucción de los hechos se hacen de otra manera, como por ejemplo haciendo llamadas telefónicas a las fuentes que pudieran dar los datos que se requieren para la noticia. Igualmente, los recursos como el teléfono, las computadoras, Internet, entre otros, son mediaciones que condicionan la producción de noticias en los medios.

La mediación tecnológica, en su dimensión expresiva, se refiere a las posibilidades y restricciones que otorga la tecnología propia de cada medio para ampliar o reducir la capacidad expresiva de los profesionales de los medios, aunque siempre haya campo para la creatividad. (Sánchez, 1991:76)

En este caso, como lo explica Sánchez, la tecnología es una mediación expresiva porque otorga ciertas posibilidades expresivas. Y no sólo en el caso de los recursos para la publicación final (como el color, los gráficos, etc), sino para la obtención de la información, como el teléfono e Internet.

Por otro lado, un conjunto de factores que funcionan como determinantes mediadores es el de los criterios que impone la sala redacción como la línea periodística que se debe seguir para buscar, generar y procesar la información. Esto determina qué tipo de información es importante, qué es noticia para el medio, los temas prioritarios a seguir y aquellos que no tienen trascendencia y que no son importantes para las publicaciones.

Estos criterios organizacionales son los que siguen los reporteros y los editores. Estos últimos son los que aplican los filtros a las informaciones que llevan los reporteros, de manera que funcionan como gatekepeers o seleccionadores de la información que se publicará. El concepto de gatekepeer fue utilizado por White (1950) para estudiar el desarrollo de la afluencia de noticias a los canales organizativos de los aparatos de información y sobre todo determinar los puntos que funcionan como porterías que determinan si la información pasa o es descartada (Hirsch, 1980; Wolf, 1987).

En el caso de los periódicos, los que operan como gatekepeers son los editores, que no sólo marcan las pautas para buscar las noticias sino para decir qué es lo noticioso dentro de la información que el periodista lleva a la sala de redacción. El editor más cercano al periodista es el jefe de área o sección (política, economía, deportes, etc), que se preocupa por las noticias de su sección y en consecuencia aplica los criterios necesarios, ya sea desde su punto de vista profesional o individual, o desde la perspectiva de la misma organización o de las relaciones institucionales. En tanto el editor general aplica filtros a todos los editores de las diferentes secciones, pensando en la estructuración completa del periódico, desde su portada hasta la contraportada, de manera que sobre lo ya seleccionado se vuelve a hacer una selección.

Las líneas trazadas en estos procesos de selección son determinantes a la hora de que los periodistas busquen tal o cuál información, y presenten los resúmenes de los hechos que consideran merecen ser publicados como noticias en la edición de los periódicos.

Nivel interorganizacional: los vínculos de los medios con las instituciones

Pasando al tercer nivel de análisis, el de las “determinaciones institucionales”, este examina las crecientes demandas institucionales que se imponen a los procesos de producción noticiosa, así como las relaciones entre los medios informativos y el medio ambiente social más amplio en el que ellas operan (Hernández, 1995: 18). Los medios tienen articulaciones institucionales políticas, económicas y culturales (Sánchez, 1992: 98).

Los medios de comunicación, y en este caso los periódicos, mantienen vínculos de diversos tipos con numerosas instituciones, ya que al fin y al cabo se trata de empresas comerciales que operan como tales y hacen de las noticias su producto. Estas relaciones con otras instituciones tienen incidencia en la producción noticiosa, ya que marcan una línea o política editorial que sea afín a los intereses que persigue el medio. De ahí que ciertos criterios profesionales y organizacionales pueden ser dejados de lados si el nivel institucional así lo determina.

Los periódicos en muchas ocasiones determinan una línea editorial en base a su posición ideológica o relacionamiento con el poder, de manera que pueden ser conservadores, de izquierda, de derecha, de centro, o tomar partido hacia tal o cual sector con miras a su conveniencia. Sánchez (1992: 86) aclara que si bien lo político estaría principalmente en los vínculos de los medios con el Estado, las estructuras de poder incluyen otros actores institucionales, que pueden influir a su vez en el comportamiento político de los medios (el mismo poder económico, élites culturales).

En este caso, una articulación política puede hacer que tal noticia se convierta en portada todos los días, que tal otra no exista o que sólo se siga algunos temas determinados mientras se deja de lado otros que también deberían ser importantes. En ese sentido, es posible ver, tanto desde el interior como del exterior de los periódicos, que la vinculación con el poder se nota en las publicaciones, y de antemano podemos prever, por ejemplo, qué periódico atacará al Gobierno y cuál saldrá en su defensa.

Y esas vinculaciones que inciden en las noticias pueden ser de diversa índole, como por ejemplo por publicidad estatal, por concesiones o licencias, por cuestiones fiscales, por negociaciones que afectan a otras empresas vinculadas con el periódico, entre otras muchas.

Ahora bien, en cuanto a las mediaciones económicas para este nivel de análisis, podemos mencionar las propias de una empresa, como las necesidades de financiamiento, inversiones iniciales, formas de patrocinio o subsidio (Sánchez 1992: 85), y otras necesidades comerciales, como el caso de la publicidad. Los anuncios publicitarios en muchos casos se convierten en limitantes para la publicación de las noticias, ya que no se puede criticar o dar informaciones negativas sobre las empresas que pagan espacios publicitarios, así como también se apunta a “promocionar” a las empresas “amigas” en los espacios periodísticos, dándoles un destaque que no tendrían si no fueran anunciantes.

Entonces tenemos que una manera de tener cierto “control” sobre las noticias es convertirse en un “anunciante” o socio de la empresa periodística, de forma tal que los vínculos comerciales sean determinantes a la hora de publicar las informaciones sobre ciertos temas. Estas mediaciones económicas afectan a todo el proceso de producción noticiosa, ya que desde el reportero que busca las noticias hasta los jefes de la redacción, saben de antemano que no podrán “pegarle” (criticar) a determinadas empresas o no podrán hacer referencias negativas hacia algunos temas de interés de los anunciantes.

Precisamente, desde mi punto de vista uno de los mayores problemas que se tienen para ofrecer al público información veraz y ecuánime es la corporativización de los medios de comunicación, que para sobrevivir en el mercado deben vincularse necesariamente con estamentos políticos y económicos, que al final limitan sus posibilidades de libertad de expresión al anteponer intereses políticos, comerciales y culturales, en detrimento de las informaciones que necesita la sociedad.

Conclusión

A lo largo de este análisis reflexivo, hemos visto cómo las mediaciones o determinaciones mediadoras afectan directamente a la producción de las noticias, desde su misma búsqueda hasta su publicación, pasando por los niveles ocupacionales o profesionales, los de la redacción u organización y los del nivel interorganizacional e institucional. Queda claro que no hemos agotado -en absoluto- las posibilidades de análisis de las distintas mediaciones que afectan a la producción y difusión de las noticias, sino más bien hemos hecho un acercamiento a algunas de las mediaciones que afectan el proceso en distintos niveles.

Llegamos así a tener una visión sobre un fenómeno complejo, marcado por múltiples vínculos, dimensiones y relaciones causales, que no puede agotarse en explicaciones generales, sino tiene numerosas causas y explicaciones específicas. Como dice Sánchez (1992: 76), “hablamos pues de multicausalidad o de determinaciones múltiples; en última instancia, de una infinidad de cadenas de articulación o de conexión entre procesos y fenómenos”.

Ahora bien, en cada uno de los niveles de análisis propuestos por Hirsch hemos analizado las distintas mediaciones que influyen en las noticias, desde su origen hasta el producto final, es decir las noticias publicadas.

En el caso de los niveles ocupacionales o profesionales de los periodistas, tenemos que como factores o determinaciones mediadoras que condicionan la producción de las noticias están el grado de preparación de los periodistas, su experiencia, su conocimiento especializado, su ideología, sus prejuicios y las limitaciones de recursos que tenga en el momento de buscar las noticias.

Mientras que para el nivel de la organización, en este caso la sala de redacción del periódico, tenemos que las mediaciones económicas son determinantes en el proceso de producción y difusión de noticias, pues limitan las posibilidades de recursos como el transporte de los periodistas, los auxilios tecnológicos como el teléfono, computadoras e Internet. Eso no sólo afecta a la búsqueda de las informaciones, sino a las posibilidades expresivas de la difusión de las informaciones.

Igualmente, en este nivel nos encontramos con los criterios marcados por la redacción para establecer los temas que serán noticia, así como los filtros o gatekepeers que operan para procesar la información que el reportero obtiene y darle así la forma final de noticia, conforme a los patrones establecidos previamente.

Y en cuanto al nivel interorganizacional, encontramos que los vínculos que existen entre el medio o empresa periodística y los diferentes estamentos e instituciones, fundamentalmente políticos y económicos, influyen fuertemente en todo el proceso de producción y difusión de informaciones. Esto se debe a que las vinculaciones comerciales o políticas condicionan fuertemente cualquier tipo de publicación que pueda afectar a los “socios” o amigos de turno, por lo que de antemano queda claro, tanto para reporteros como editores, que hay ciertos temas que no podrán ser abordados libremente y que no existe la posibilidad de crítica a las instituciones con las que se tiene un vínculo poderoso, como las empresas que pagan publicidad o el Gobierno que concede ciertas formas de apoyo.

Ahora bien, puesto que hemos tomado el modelo de Hirsch, conviene precisar que los tres niveles abordados no constituyen compartimentos independientes y separados, sino que se entrelazan y complementan entre sí. Es por eso que no se trata de mediaciones independientes para cada nivel, sino que estas son múltiples y vinculadas de muchas maneras. Uno de los ejemplos es el del editor que opera como gatekepeer, que si bien actúa más bien en el nivel organizacional, también tiene su nivel profesional individual, con sus criterios personales, sus prejuicios y su grado de preparación. Es por ello que al estar frente a una información que el reportero considera como noticiable de acuerdo a sus criterios profesionales, el editor puede coincidir con estos criterios a título profesional, pero no dejar pasar la noticia porque los criterios propios de la organización periodística o la fuerza de las vinculaciones interinstitucionales se imponen y exigen que descarte la información con la que está de acuerdo.

Conforme con este mapa que intenta graficar algunas de las mediaciones que afectan a las noticias en sus diferentes niveles, podemos establecer lo compleja que es la producción noticiosa y lo distintas que pueden ser las publicaciones que el público consume, de acuerdo a las mediaciones que se van dando en el proceso y a la forma de enfrentarlas.


Bibliografía

González Molina, Gabriel (1989). “The production of Mexican Commercial Televisión News: The supremacy of Corporate Rationale. Thesis for the degree of Ph.D. on mass communications, presented at the Centre for Mass Communication Research, University of Leicester.

Hernández R, María Elena (1995), La Producción noticiosa. Guadalajara: Universidad de Guadalajara/CUCSH, Colección Estado, Cultura y Sociedad.

Hirsch, Paul M. (1980) "Occupational, organizational and institutional models in mass media research", en Mass Communication Review Yearbook, Vol. 1. Beverly Hills: SAGE.

Sánchez Ruiz, Enrique (1992). Medios de difusión y sociedad. México, Universidad de Guadalajara

Wolf, Mauro (1987), La investigación en la Comunicación de Masas. Crítica y perspectivas. Barcelona, España: Paidós.

(*) Ensayo presentado en el curso de Teoría de la Comunicación II, Maestría en Ciencias Sociales, Universidad de Guadalajara, (2007)

domingo, 24 de mayo de 2009

Una mirada a nuestras universidades

Por Héctor Farina (*)

Las universidades constituyen, sin lugar a dudas, uno de los referentes más importantes de cualquier sociedad. A partir de cómo están estructuradas, cómo funcionan y qué tipo de profesionales forman, podemos establecer ante qué tipo de sociedad nos encontramos, así como podemos ver hacia dónde se dirige una determinada nación. Nuestras universidades hablan mucho de nosotros mismos, de nuestra historia y de nuestra visión de futuro. Al verlas podemos hacer una radiografía de nuestras costumbres y señalar muchos de nuestros vicios y nuestras aspiraciones.

Al observar la realidad de algunas universidades en México –como alumno y docente- encuentro que hay muchas similitudes con relación a las universidades paraguayas, aunque existe una diferencia fundamental: las universidades mexicanas cuentan con una infraestructura superior, así como con mayores recursos para formar estudiantes más preparados. Sin embargo, persisten problemas comunes que no han podido superarse, como la falta de lectura y la escasa preparación con la que llegan los alumnos a la educación superior. Más allá de las cuestiones estructurales que limitan el desarrollo de una educación de calidad, como la pobreza que en este país afecta a más de la mitad de la población y que es un motivo de deserción escolar, se nota una inconcordancia entre la capacidad educativa que existe y el grado de aprovechamiento de los recursos.

México cuenta con universidades que –en numerosos campos- pueden ser consideradas como las mejores de América Latina, pero no ha podido superar la desgracia de tener un nivel bajo de lectura. Este es un país de libros, en donde la oferta editorial es muy superior a la que existe en Paraguay –con mayor producción y precios más bajos-, pero ello no representa que sea una sociedad de lectores. El conocimiento es mucho más accesible que en otros países, pero las tasas de analfabetismo siguen siendo una asignatura pendiente. Los contrastes así quedan marcados entre aquellos que tienen una elevada formación profesional y aquellos que apenas poseen los conocimientos más elementales para sobrevivir. Las universidades mexicanas poseen buena infraestructura y cuentan con recursos importantes, pero queda la sensación de que la calidad educativa es inferior a lo que se podría esperar.

En Paraguay compartimos algunos de los problemas que aquejan a la sociedad mexicana, como nuestra poca lectura, nuestra apatía hacia la educación y las cuestiones estructurales como la pobreza. Sin embargo, soportamos el agravante de carecer de infraestructura adecuada y de no tener una política educativa fuerte dirigida a revertir esta situación. Las universidades paraguayas sufren por la falta de buenas bibliotecas, por carecer de laboratorios y centros destinados a desarrollar la ciencia y la tecnología, así como por la mala calidad y las limitaciones de los servicios como Internet. Y estas carencias se reflejan de manera más cruel en la educación cuando le sumamos el hecho de que los docentes están lejos de tener la capacidad que se requiere para formar profesionales competitivos.

Necesitamos realizar una profunda reflexión sobre la realidad de nuestras universidades y trazar políticas educativas que apunten a mejorar la calidad de los profesionales que salen de las casas de estudio. Las universidades necesitan una fuerte inversión en infraestructura y en la capacitación de los docentes, ya que ambos son elementos fundamentales para pensar en mejorar los estándares de calidad. Es hora de ubicar a las universidades dentro de un proceso global que implique un trabajo desde la educación inicial, para que los niveles educativos no sigan siendo compartimentos estancos y no se repita el triste caso de que haya alumnos que lleguen a la universidad sin haber leído un libro o desconociendo las nociones más elementales de gramática. Y peor aun, que pese a estas carencias obtengan un título profesional.

Si el Gobierno se decide a tener un país en serio, empezará por revisar la política educativa y por invertir más y mejor en la formación de los ciudadanos. Cuando tengamos universidades más competitivas, y profesionales más capacitados, entonces podremos aspirar a construir una sociedad diferente de la que tenemos.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales
Publicado en Viva Paraguay