domingo, 16 de diciembre de 2007

Los seguidores del discurso

Por Héctor Farina (*)

El discurso de los políticos paraguayos y latinoamericanos mantiene un efecto llamativo más allá de las acciones concretas, más allá de los mensajes vacíos y de las promesas repetidas e incumplidas. Parece no importar que los discursos en realidad no digan nada, que las declaraciones no pasen de una retórica populista e insulsa y que los hechos prometidos no aparezcan sino en frases deshilachadas que se saben falsas, añejadas y de aparición recurrente en las campañas proselitistas.

Y ese efecto llamativo se percibe en que las palabras convencen a mucha gente, a los seguidores de discursos, que no ven más allá de las palabras y no sienten la necesidad de la corroboración ni aceptan otras palabras que riñan con lo que desean creer. Basta con hacer ruido y esgrimir argumentos que la gente quiere escuchar para que los seguidores de discursos tomen partido, para que repitan los mismos argumentos ante otra gente y tomen las declaraciones como ciertas, sin pensar siquiera en una posible dislexia o ruptura entre lo que se dice y la realidad. Para ellos el discurso es lo real, su fuente de información a partir de la cual construyen su propia realidad.

¿Cómo puede ser que haya gente que todavía escucha y hasta cree en las promesas del presidente Duarte Frutos, cuando los resultados de más de cuatro años de gestión lo desmienten? ¿Cómo es posible creer que Blanca Ovelar o Luis Castiglioni pueden cambiar algo en el país, si ambos fueron parte del mismo Gobierno que no hizo más que prometer y dejar de cumplir? Ni la una, ex ministra de Educación ahora apuntalada por el presidente, ni el otro, ahora divorciado de su papel de “segundo” del mismo presidente, tienen sustento para que creamos en una eventual mejoría, pero sus discursos siguen rimbombantes en busca de prosélitos.

Bastó que Oviedo salga de la cárcel y repita su ya conocido discurso populista para que la gente olvide sus años de prisión, los procesos en su contra, su huida tras la caída de Cubas y su llamativo enriquecimiento. Ahora lo siguen como si en sus palabras encontraran la luz, sin recordar el oscuro pasado que vivió el país cuando el ex general operaba como el “poder detrás del poder”. Y también bastó que Lugo gestara su discurso a partir del descontento contra el Gobierno para lograr adeptos en su causa, aunque a diferencia de los otros no tuvo todavía un espacio en el poder que lo pudiera desmentir. Pero esto no es garantía de que sus palabras algún día se conviertan en hechos beneficiosos para el país.

Los seguidores de discursos todavía se dejan engatusar por la verborragia de Chávez, que se desgañita en contra de Estados Unidos pero sigue dependiendo del petróleo que le vende a ese país, al tiempo de usar los petrodólares para intervenir en otros países usando la misma estrategia imperialista que dice combatir. Todavía creen en su retórica contra la pobreza, sin analizar por qué pese a que los ingresos por la venta del petróleo han aumentado de manera exponencial, la mencionada pobreza no ha mermado y existe un fuerte descontento social. Y véanlo al presidente boliviano, apadrinado por el mismo discurso populista, que ahora se enfrenta a protestas masivas en su contra e iniciativas separatistas de varias regiones de su país.

Es preciso que se aprenda a pensar y actuar más allá de los discursos, más allá de las promesas que concuerden con los deseos y las ideologías que se tienen. Hay que analizar los actos y los resultados de los actos, los antecedentes y las probabilidades de que se concreten las promesas. Si queremos mejorar, no bastará con seguir creyendo en los discursos, con esperar el cumplimiento de promesas o con pensar que el cambio viene de la mano del uno o del otro. Es hora de cambiar discursos por trabajo, y aprender a construir con acciones individuales y colectivas.

(*) Periodista
www.vivaparaguay.com

2 comentarios:

Herminia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Straflos dijo...

"Un paraguayo perdido en tapatilandia".. que bueno poder seguirle la pista por aqui, aunque estarìa màs chirindongo un anecdotario jejeje
fuuuuuuuuu----------siòn