domingo, 9 de diciembre de 2007

Las trampas del mercado abierto

Héctor Farina (*)

La apertura de un mercado amplio, con millones de potenciales consumidores y con la posibilidad del libre tránsito para exportar, con ventajas arancelarias y con facilidades para el comercio, fue uno de los espejos más seductores para el ingreso del Paraguay al Mercosur, pues se veía en el bloque comercial una posibilidad fuerte de crecimiento económico, de aumento de la producción nacional y por consiguiente de generación de empleos para los paraguayos. Pero más allá de los acuerdos y las negociaciones, el mercado amplio no pasó de ser una tentación, una posibilidad que se concreta en muy pocos casos, cuando se superan todas las trampas de los países grandes del bloque.

Los mercados de Brasil y Argentina realmente nunca fueron abiertos a la producción paraguaya, pues al tiempo de invocar el libre mercado y los acuerdos de fraternidad fueron imponiendo sistemáticas trabas bajo cualquier disfraz. Ya se trate de medidas “sanitarias”, de etiquetado, de clasificación, de nomenclatura, color, raza o religión, siempre hay algún requerimiento que no se puede cumplir para el ingreso de productos paraguayos. Y estas trabas aparecen para frenar el ingreso de productos con valor agregado, de productos competitivos que pueden hacer frente a la producción brasileña y argentina.

Cuando se trata de materia prima que necesitan para sus industrias no existen las trabas y se puede disfrutar del mercado amplio, pero cuando los productos paraguayos se vuelven competitivos cambian de estrategia e invocan cualquier pretexto para bloquear el ingreso a sus mercados. Los ejemplos sobran, como la industria plástica que pese a ser competitiva sufre en exceso para enviar sus productos; la industria metalúrgica que no puede venderle ni clavos al Brasil, mientras los brasileños invaden el mercado paraguayo; la industria farmacéutica, que a pesar de tener productos con calidad y precio es frenada por medio de la burocracia, por citar sólo algunos casos.

Se habla del mercado amplio y de que somos “socios” comerciales, pero los países grandes frenan el desarrollo de los pequeños, le imponen trabas y le asignan cupos, mientras se aprovechan de la apertura de los mercados de esas economías pequeñas a las que no permiten crecer. Siempre se valieron de excusas para violar los acuerdos, como cuando mantuvieron trabas a la exportación de cubiertas remanufacturadas violando una decisión del Tribunal Arbitral del Mercosur, y como ahora que invocando una decisión de la OMC, el Brasil no permitirá el ingreso de las cubiertas. Es decir, no valen los acuerdos y basta invocar cualquier excusa, interna o externa, para bloquear el comercio y hacer que las industrias paraguayas cierren. E increíblemente en un mercado “abierto”, basta que un agente externo les diga algo para que perjudiquen gratuitamente al “socio”, el mismo al que supuestamente le deberían abrir el mercado…

Creo que ante estas trampas y deslealtades, la salida es volver competitiva a la producción paraguaya, pues un producto con calidad y buen precio siempre se abre camino hacia el consumidor, a pesar de las trabas, mientras que si el producto no vale la pena no se le venderá a nadie. Y creo que si los socios del bloque siguen trabando las exportaciones paraguayas, el Paraguay debe plantarse y no volver a negociar nuevos acuerdos hasta que se respeten los vigentes, así como no se puede mantener la inequidad de abrir nuestro mercado mientras ellos nos cierran los suyos. No estaría mal seguir el ejemplo de Uruguay, que ante las permanentes injusticias del Mercosur está analizando la posibilidad de establecer acuerdos comerciales fuera del bloque y buscar nuevos mercados para su producción.

(*) Periodista
http://www.vivaparaguay.com/

1 comentario:

Herminia dijo...
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