domingo, 23 de marzo de 2008

La cultura de la corrupción

Por Héctor Farina (*)

Un episodio especial del programa de investigación “Los Reporteros”, emitido en un importante canal de aire en México, puso en evidencia hasta qué punto la corrupción se ha incorporado a la vida cotidiana de la gente y hoy forma parte de la cultura, en lo que podríamos denominar como la cultura de la corrupción. Con una serie de cámaras ocultas, los periodistas demostraron el arraigo del dicho popular que dice que “sin transa, no se avanza”, de tal manera que no quedaron dudas de lo fácil que resulta violar la ley, conseguir favores especiales y hacer que la gente “olvide” qué es lo correcto a cambio de una pequeña gratificación económica.

En una primera incursión, las cámaras ocultas llegaron hasta un parque capitalino en el que había unos jardines con hermosas rosas que estaban protegidas y no podían ser cortadas. Cuando un supuesto comprador consulta a los cuidadores si podía cortar algunas flores, la respuesta fue negativa, pero al repetir la misma pregunta con un billete en la mano, el “sí” salió de manera espontánea y en pocos minutos el investigador ya presumía un hermoso ramo. Pero no contentos con esta demostración, los mismos periodistas denunciaron ante un policía al hombre que había “robado” las flores del jardín del parque. El policía llegó hasta el hombre –quien reconoció haber cometido la falta- y amenazó con llevarlo ante las autoridades, aunque la amenaza se transformó en una amistosa charla y una oferta de más flores del mismo sitio, luego de que el confeso hurtador de rosas aplicara una buena propina.

Igual de fácil resultó estacionar en los lugares especiales para minusválidos en los supermercados, extendiendo un billete como disculpa a los cuidadores, tras haber cometido la falta. Y también demostraron que no sólo se puede estacionar en lugares prohibidos, sino que por medio de sobornos se consigue que los mismos policías de tránsito -encargados de cuidar el orden vial- “reserven” dichos lugares prohibidos para que los infractores puedan estacionar impunemente. Las cámaras ocultas llegaron hasta las iglesias, donde registraron cómo también hay que abonar una determinada suma para ser padrinos de bautismo, bajo el disfraz de “colaboración”. Es decir, aunque oficialmente no tenga costo y no sea una obligación, se debe “colaborar” para que el trámite avance.

Estos pequeños pero gráficos ejemplos pintan claramente uno de los problemas más graves que tienen los países latinoamericanos: la corrupción. Este mal es como una epidemia recurrente que golpea a las sociedades, desde los aspectos más pequeños hasta las grandes esferas del poder. Se corrompe tanto a los más humildes como a los ricos y poderosos; a los que hacen pequeños favores o a los que cometen delitos graves; se corrompe desde el hecho de dar unas monedas por una minucia hasta comprar conciencias, jueces y leyes por grandes cantidades de dinero. Pero quizá lo más funesto de esta historia no sea la misma corrupción que nos hace miserables, sino el hecho de que la gente se haya acostumbrado a vivir en un ambiente corrompido en el que ya a nadie escandaliza pagar sobornos para adelantar un trámite, para hacer que las autoridades “olviden” la ley, para evitar cumplir con las obligaciones, para sacar provecho ilegal o para perjudicar a cualquiera menos a uno mismo.

La pregunta que deberíamos responder es si estamos dispuestos a adoptar una actitud clara que no favorezca la corrupción de cualquier tipo, si estamos dispuestos a no seguir alimentando los sistemas corruptos que tanta miseria han traído a América Latina. Y esa actitud contra lo corrompido se construye desde lo cotidiano, desde negarse a dar una “coima” o “mordida” hasta denunciar y señalar a los corruptos; desde no prestarse al chantaje de funcionarios que exigen unas monedas para hacer su trabajo, hasta exigir la sanción de todo aquel que lucra ilegalmente a costa de los demás.

Si no se elimina la corrupción desde el ámbito cotidiano, si no se la destierra de la cultura del día a día, no se tendrá ni la fuerza ni la autoridad moral para exigir que las autoridades dejen de robar grandes cantidades desde el poder, pues se seguirá alimentando al mismo sistema corrupto que se quiere combatir. Si la corrosión carcome por unas pocas monedas, con más fuerza lo hará por muchos billetes. Y los resultados serán los mismos que ya conocemos: pobreza, miseria, atraso y una mayor injusticia social en la que se premia a unos pocos a costa de empobrecer a todos los demás.

(*) Periodista
http://www.vivaparaguay.com/

3 comentarios:

Yazmin dijo...

cultura de la corrupción ... contracultura???
Interesante resulta el planteamiento del programa de "investigación" que se cita en el comentario vertido, sobre la facilidad con la que se viola o se manipula la ley... lo sencillo que resulta obtener un favor a cambio de una retribución "extraordinaria" el poner en evidencia, que la riqueza sin esfuerzo tienta... el exhibir a la gente, que se dejó enmarañar por la oferta....
ahora... quien es más culpable.. el que la oferta o el que la acepta???
tanto peca el que mata la vaca, como el que le detiene la pata, reza otro dicho popular en México; relevante resulta dentro del tema de la corrupción, el poner en evidencia que esta cotidianeidad de la que se habla, hace que la gente la de por sentada, se observa claramente en la "investigación" realizada que los cuidadores, en un principio actuaron conforme a su obligación y que fue posteriormente a la oferta económica cuando ellos incurrieron en las faltas que se mencionan, es relevante tomar en cuenta que quizá si JAMAS se les hubiera ofrecido cantidad alguna, ellos no lo hubieran pedido y ahí quizá se hubiera roto un circulo vicioso que empieza con una manifestación unilateral de la voluntad de : te doy tanto si tu me permites x o y, el que ofertó inició el ciclo de la corrupción, NO EL FUNCIONARIO.

Considero que se sataniza mucho a los funcionarios públicos, tachandolos de corruptos, pero muchas veces es la población en general la que genera la corrupción, al dejar todo para el último momento, al no querer esperar los tiempos ordinarios, al no querer asumir la responsabilidad derivada de una acción cometida, al querer apropiarse de algo que no es suyo, son los que generan circulos de corrupción como el que pone en evidencia el documental de referencia, entonces... el cambio cultural debe ir más alla, del ya no dar dinero cuando te lo piden a cambio de un "favor" sino, el no ofrecerlo a cambio de una necesidad que se tiene por cubrir, o a cambio de no realizar algo que se tiene que llevar a cabo, la sociedad culpa al funcionario, pero el cambio debe ser integral y empezar desde la casa, todo empieza el día que llaman a casa a papa y éste le pide al niño que diga que el no está... ahi se comienzan a enraizar las cosas que se reflejan en nuestra sociedad, hace falta levantar la voz... sin miedo a ser tachado de ingenuo, yo por mi parte, puedo garantizar, que yo he roto los eslabones de algunas cadenas de corrupción, pero no es labor de uno, sino de todos, so pena de que esta contracultura se convierta en el modus vivendi para nosotros y generaciones venideras, el paradigma de este siglo.-

HCF dijo...

Gracias por el comentario. Efectivamente, la corrupción implica alguien que soborna, que transa o que ofrece dinero y alguien que pide, recibe o se presta al juego. La cadena de corrupción tiene numerosos eslabones y causas múltiples, por lo que resulta injusto acusar sólo a quien recibe o a quien ofrece. Aunque es cierto que se ha estigmatizado a los que reciben, sean funcionarios públicos o privados, como los culpables. Una lucha contra la corrupción debe empezar desde la cotidianidad, desde nuestros pequeños actos, para no dar posibilidad de iniciar el ciclo de corromper desde cualquiera de los aspectos. Cada quien debe asumir la responsabilidad de hacer las cosas en forma y no depender de lo torcido para sacar ventajas que a la larga perjudican a todos.

Daniel Barrientos dijo...

Lamentablemente es una realidad que va a costar mucho revertir. Ocurrió bajo todo tipo de gobiernos. El tema es cómo se empieza a solucionar este flagelo. Me inclino porque se tiene que empezar de arriba hacia abajo,es decir de las instituciones hacia el pueblo, porque pienso que allí nació. La sociedad es reflejo y víctima de quienes la gobiernan y la responsabilidad les compete a ellos primero.

Saludos colega

Daniel Barrientos