martes, 21 de julio de 2009

Lo que leemos en la sociedad

Por Héctor Farina Ojeda (*)

A la gravedad de tener un bajo nivel de lectura y a la poca comprensión de lo que se lee en los libros, tenemos que sumarle un hecho igual o más preocupante: los niños y jóvenes quizás no comprendan bien lo que leen en los textos pero comprenden muy bien lo que leen en la sociedad. Esta es una de las cuestiones fundamentales que debemos analizar si queremos construir una sociedad para el conocimiento, de acuerdo a lo que propone Guillermo Jaim Etcheverry en su libro La tragedia educativa (1999), en el que pinta con ejemplos las contradicciones de los sistemas educativos y de las políticas orientadas a formar personas preparadas.

Jaim Etcheverry, ex rector de la Universidad de Buenos Aires, dice que en realidad fallamos en la educación porque predicamos lo contrario a lo que hacemos: mientras por un lado en las escuelas se habla de la importancia de la lectura y del conocimiento, por el otro lado vivimos rodeados de ejemplos que indican un claro desprecio hacia estos valores. En nuestras sociedades se privilegia el dinero fácil, lo superficial y lo material. Se endiosa la figura del avivado, del oportunista que saber hacer dinero a costa de algún golpe de suerte o del engaño, en tanto se denigra a los que promueven el conocimiento. Los politiqueros y los corruptos gozan de “prosperidad” económica, mientras que los maestros son la muestra de que el sacrificio a favor de la educación no equivale a una recompensa justa.

Desde esta perspectiva, podemos pensar que nuestra educación falla porque los contenidos educativos que pretendemos inculcar son retóricos y ajenos a la realidad, en tanto los ejemplos cotidianos que vemos en la sociedad indican que el camino es otro y que no pasa precisamente por aquello que se declama en las escuelas. Cuando vemos que un político inculto ostenta un cargo de senador y hace gala grosera de su poder, sin el más mínimo pudor ni respeto hacia los ciudadanos, como sociedad estamos enviando el mensaje de que no hace falta ser educado y que no se necesita del sacrificio para llegar a ocupar puestos de importancia. Cuando se arregla todo por medio de coimas, cuando se recurre al compadre o al padrino para conseguir algún beneficio al margen de la ley o algún cargo sin tener la preparación adecuada, se enseña que el camino fácil es el torcido y que lo que se enseña en las escuelas no deja de ser un requisito que luego se ha de olvidar.

Los ejemplos que damos como sociedad son fundamentales para establecer qué tipo de enseñanza les damos a los niños y jóvenes. De nada servirá repartir libros y hacer declaraciones retóricas en las escuelas, si con nuestra forma de actuar terminamos desmintiendo todo lo bueno que se pretende enseñar. En una sociedad en la que predominan el escándalo, el ruido y el espectáculo grotesco; en un ambiente en el que se privilegia el amiguismo, el nepotismo y el compadrazgo antes que la calidad profesional de las personas, no podemos pretender enseñar algo diferente de lo que mostramos todos los días.

Será difícil convencer a los niños y jóvenes de que la educación es el camino correcto si seguimos viendo que la televisión idolatra el insulto, el escándalo, el chisme y lo chabacano en detrimento de la inteligencia y la seriedad. Si para ser famoso o para tener un cargo público de relevancia no se necesita otra cosa que hacer ruido, vivir en el bochorno o ser servil en un sistema corrupto, no podemos esperar que las nuevas generaciones tomen un camino distinto al que conocen por medio de los ejemplos.

Para revertir la situación de pobreza educativa tenemos que empezar por recuperar los valores que pretendemos inculcar, para tener los elementos necesarios con los cuales construir un país mejor. Tenemos que ser más exigentes con nuestros actos, con nuestros gobernantes y con la forma en que queremos vivir. Si no asumimos el compromiso de enseñar con el ejemplo y seguimos dejando a los niños y jóvenes a merced de la influencia de lo frívolo, lo mediocre y lo corrupto, el resultado será la repetición del mismo modelo de miseria y atraso que venimos arrastrando desde hace años.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales
www.vivaparaguay.com

6 comentarios:

Arq. Claudio González A. dijo...

excelente punto de vista... y,
muy buena exposición.

Claudio González- paraguayo100x100

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