sábado, 18 de octubre de 2008

Autogestión y conciencia

Una calle de Atyrá, ejemplo de limpieza y orden (foto, wikipedia)

Por Héctor Farina (*)

“Yo quiero un Paraguay diferente. Y el paraguayo vale, el paraguayo puede”. Con esta convicción se expresaba don Feliciano Martínez, el intendente que convirtió a Atyrá en la ciudad más limpia del país y una de las más limpias del mundo. Su ejemplo de trabajo se podría resumir en dos palabras: autogestión y conciencia. Sin necesidad de recurrir a ideologías, banderías políticas o discursos populistas, don Feliciano logró construir junto con sus vecinos un modelo de autogestión en el que cada ciudadano participaba en los trabajos para mejorar su comunidad.

De las 632 casas que había en Atyrá, unas 512 contaminaban el medio ambiente cuando se inició el proceso de cambio que terminó por erradicar la contaminación, la miseria y el abandono. El trabajo se basó en un modelo de autogestión participativa e incluyente, en el cual cada ciudadano asumía su cuota de responsabilidad: cada quien se ocupaba de limpiar su casa, su patio y la vereda. Cada vecino se convirtió en pieza fundamental de las tareas de mejoramiento de la ciudad, de la educación y de la calidad de vida de la comunidad.

El liderazgo comunitario de don Feliciano permitió generar conciencia entre los vecinos, que entusiasmados con su ejemplo empezaron a involucrarse en las actividades comunitarias. Su dedicación era incansable: era el primero en salir a barrer la vereda de su casa, para luego continuar con la limpieza de las plazas y las calles. En un principio lo consideraban un loco y en muchas ocasiones la gente volvía a ensuciar los lugares que él limpiaba con tanto sacrificio. Pero la tenacidad de don Feliciano era a toda prueba y tendría frutos: Atyrá no solo se convirtió en una ciudad modelo por su limpieza y orden, sino que sus pobladores hoy mantienen la conciencia del trabajo, del esfuerzo y de la entrega que lleva a las comunidades a ser grandes sin la necesidad de tener presupuestos millonarios.

“Nosotros no tenemos riquezas materiales, nuestra riqueza somos nosotros”. La convicción de don Feliciano era contagiosa y apuntaba a los valores intangibles, a los de la conciencia del ser humano. Decía que “juntos podemos hacer grandes cosas en esta patria querida”. Y sostenía sus palabras con el ejemplo, con la dedicación diaria al trabajo, con la honestidad y el espíritu de cooperación.

Este ejemplo debería llamarnos a una reflexión sobre qué es lo que estamos haciendo como ciudadanos para tener una comunidad mejor y un país mejor. En el Paraguay necesitamos una mayor participación ciudadana, un compromiso más serio y firme de las personas con el desarrollo, con la educación y con el mejoramiento del medio en el que vivimos. Muchas comunidades olvidadas por los gobiernos deberían implementar modelos de autogestión que las saquen del atraso y el abandono, sin tener que esperar que las soluciones caigan del cielo.

El capital más importante de cualquier sociedad es su gente. Y esto debe traducirse en gente con educación, con un compromiso social que apunte a mejorar todos los días, desde el trabajo individual y desde el colectivo. Cada quien debe asumir su responsabilidad ciudadana y aportar su esfuerzo para mejorar la educación, para cuidar el medio ambiente, para exigir más a los gobernantes y para construir una sociedad más justa y con mayores oportunidades.

(*) Periodista
Publicado en la revista Ecos, de Canindeyú, Paraguay

1 comentario:

Diana Barajas dijo...

La autogestión y la convicción son pilares para producir cambios pequeños que pueden llegar a ser grandes...
sí queremos un cambio, actuar en pro de conseguirlo. Que la palabra culminé en acción.