domingo, 3 de febrero de 2008

Los pasos de la industria del calzado

Por Héctor Farina (*)

El drama de la industria del calzado constituye uno de los casos emblemáticos de la pérdida de los empleos que tanto necesita el país. Este sector ha sido uno de los más golpeados en los últimos años por el contrabando, la invasión de las prendas asiáticas, la ilegalidad y la falta de competitividad y de apoyo. Todo de esto dentro de un contexto económico poco favorable, con la carga de años de recesión y de empobrecimiento de la sociedad.

Desde principios de los años 90’, los síntomas del malestar calzadista no han variado mucho, pero más allá de los diagnósticos y las medicinas, la enfermedad sigue golpeando. Con la invasión de los calzados chinos -ingresados de contrabando o subvalorados mayormente- el mercado local se fue perdiendo debido a que la producción nacional no podía ni puede competir con los bajísimos precios de los productos asiáticos. Lo mismo pasó cuando los zapatos brasileños fueron ganando nuestro mercado amparados en su menor precio. Esto dejó golpeada a la industria nacional, se cerraron fábricas y se perdieron empleos por no poder competir. Y como muestra, entre 1997 y 2005 el 75% de las fábricas dejó de operar, de acuerdo a las estimaciones de los industriales.

Pero el drama no termina con la pérdida del mercado local en manos de productos importados, sino que la industria nacional quedó diezmada por la falta de inversión y renovación tecnológica, por la pérdida de mano de obra calificada y, en general, por el escaso apoyo estatal. El Gobierno ni siquiera logró minimizar el contrabando y la ilegalidad para tener un mercado digno de una competencia sana, sino que estableció medidas de fachada que nunca se cumplieron ni funcionaron, como aquella de prohibir la importación de calzados usados, los mismos que hasta hoy saturan las calles.

No obstante, el sector mantiene ahora una actividad interesante, luego de que en 2005 se haya logrado un repunte tras siete años de caída. Los mismos calzadistas dieron la receta que les funcionó: mejorar la competitividad, lograr mayor calidad y mejores precios para el consumidor. Se capacitó a los trabajadores y se logró un producto más competitivo, con diseños propios que permiten llegar a nichos de mercado. Y ahora, pese que el mercado local no se ha recuperado plenamente ni el Gobierno ayuda mucho, los calzados paraguayos están siendo exportados a mercados altamente competitivos, como el de Estados Unidos. Además, en una buena iniciativa, los calzadistas bajarán el 10% del precio de los calzados al público con miras al inicio del año escolar: así se busca disminuir la brecha de precios con los productos asiáticos y darle la oportunidad al consumidor de que compre productos nacionales de mayor calidad y resistencia.

El diagnóstico es claro: insuficiencia competitiva. Para que la industria calzadista mejore se requiere hacer competitiva la producción, que los calzados tengan buenos precios y mayor calidad. Por un lado, el Gobierno debe tener seriedad y garantizar condiciones sanas para la competencia, que se disminuya el contrabando y que se deje de privilegiar a los ilegales, así como que se promuevan las inversiones y se establezcan medidas que favorezcan a las industrias. Uno de los ejemplos es el de la maquila, que por medio de su menor carga impositiva y otras ventajas puede ayudar en mucho a las exportaciones.

Pero debe quedar claro que la solución no pasa por evitar la competencia, por disminuir el contrabando y por establecer medidas proteccionistas, porque si los productos paraguayos no son competitivos, no se podrá obligar a un consumidor empobrecido a que compre zapatos caros y de mala calidad, sólo porque se prohíben otros mejores. Si no hay una oferta real que se adapte a las necesidades y posibilidades de la gente, de cualquier forma se seguirá comprando zapatos usados, de dudosa calidad o desechados por otros países, sencillamente porque no hay condiciones para adquirir algo mejor.

Si realmente se quiere ayudar a la industria y generar empleos, seamos serios y exijamos un Gobierno serio, que tome medidas que favorezcan la competitividad de la producción nacional, de manera tal a beneficiar a las empresas, los trabajadores, los consumidores y el país.

(*) Periodista
www.vivaparaguay.com