martes, 19 de mayo de 2009

Construir un cambio verdadero

Por Héctor Farina Ojeda (*)

El gran cambio político que se dio el año pasado con la caída del Partido Colorado y la asunción de Fernando Lugo no termina de consolidarse como aquel cambio esperado por millones de paraguayos que vieron en la alternancia la posibilidad de superar males endémicos. La falta de solución de problemas centrales, como la inseguridad y el desempleo, hace que la esperanza se vaya desdibujando y el tan ansiado cambio se vuelva nuevamente algo lejano en el tiempo y el espacio. Y es que más allá de las dificultades, de la crisis económica mundial y del escaso tiempo transcurrido desde la asunción del gobierno de Lugo, no se ha logrado establecer un rumbo claro para hacer crecer la economía, para mejorar la educación y para convertir al país en un lugar de oportunidades para el desarrollo de la ciudadanía.

Que el Gobierno actual se jacte de no ser corrupto como los anteriores no alcanza para marcar la diferencia que el país requiere. Y menos si consideramos que el fantasma de la ineptitud ronda el manejo de los temas importantes y se aparece en muchas de las decisiones. Lo que deberíamos cuestionarle a Lugo y a las demás autoridades es qué están construyendo para hacer que Paraguay no siga siendo el país pobre y atrasado que los colorados dejaron tras seis décadas en el poder. ¿Cuál es el camino que piensan seguir para tener un país con menos pobreza y más empleo, con justicia y seguridad? Si no hay un rumbo claro, que permita la construcción constante del país que queremos, el cambio tan mentado no deja de ser una quimera disimulada bajo el espejismo de pequeñas modificaciones coyunturales.

Más que el cambio de gobierno, necesitamos un cambio de actitud y de horizontes. Son ya demasiados los años que venimos escuchando el discurso de que hace falta un “cambio de mentalidad”, pero no terminamos de asumir que eso no será posible mientras no construyamos las bases necesarias para dejar atrás los pensamientos retrógrados y los modelos conformistas. Deberíamos asumir de una vez por todas que no podremos ser mejores si no mejoramos nuestra educación: si no somos personas capaces, competentes y preparadas para comprender los tiempos en que vivimos, de ninguna manera podremos orientar nuestra visión y nuestro trabajo hacia mejores destinos. Eso lo saben los países ricos y por eso progresan, porque invierten en su gente y hacen que la verdadera riqueza de sus sociedades sea el conocimiento. En contrapartida, en los países atrasados se limitan los recursos para la educación y se vive la cruel ilusión de una mejoría que sencillamente no llegará porque no se trabaja para merecerla.

Para que Paraguay inicie un cambio verdadero necesitamos un gobierno que invierta mucho más en la gente, que comprenda la necesidad de formar personas educadas que puedan producir más y mejor para el país. La construcción de una sociedad mejor no pasa por repartir subsidios para calmar las protestas, sino por destinar los recursos a la capacitación de las personas, para que puedan desarrollarse y generar oportunidades sin la necesidad de vivir a la sombra de las dádivas de los gobernantes de turno. Invertir en la gente es darle los elementos necesarios para que pueda generar su propia riqueza. En ese sentido, el compromiso con los pobres debería consistir en darles la oportunidad para dejar la pobreza y no en darles falsos apoyos para mantenerlos tranquilos mientras siguen en la miseria.

Para un cambio verdadero, el Gobierno debe duplicar –como mínimo- la actual inversión en educación para el próximo año, en tanto debe ir incrementando la cantidad y la calidad de lo que se invierte en materia educativa. El mísero presupuesto que ronda el 3% del Producto Interno Bruto (PIB) no alcanza más que para seguir en la misma mediocridad y en el mismo atraso: si queremos ser mejores tenemos que hacer una apuesta fuerte por nuestra capacitación, así como lo hizo Singapur, que destinó el 20% de su PIB a la educación y hoy es un país rico, desarrollado y seguro.

Para construir el cambio anhelado necesitamos tener más escuelas en el interior del país, universidades más competitivas, maestros más preparados y mejores posibilidades de acceso para los estudiantes. Hace falta una fuerte inversión en el desarrollo de la ciencia y de la tecnología, para que podamos generar nuestra propia riqueza. Si el Gobierno no construye desde ahora un camino para tener una sociedad más y mejor preparada, el cambio no pasará de ser un cuento que nos vendan cada vez que alguien quiera votos.

(*) Periodista. Master en Ciencias Sociales
Publicado en Viva Paraguay

4 comentarios:

Anónimo dijo...

FERNANDO LUGO: FALSO MORALISTA Y FALSO IZQUIERDISTA

La falsedad de Fernando Lugo no sólo se manifiesta en el plano moral, también en el ético, político y personal.

Todo en él fue desde el inicio una estafa, empezando por su discurso moralista que ahora le juega en contra, al descubrirse que era apenas un corruptor de menores y pervertido que no tenía nada que envidiar al desaparecido dictador Alfredo Stroessner.

Fue un gran traidor a la fe católica, de la que se valió para disfrazarse de apóstol del cambio y la ética, para luego apuñalarla por la espalda. Si a la más grande y antigua institución sobre el mundo, la iglesia católica apostólica romana, fue capaz de defraudar, ¿qué lealtad podemos esperar los paraguayos para nuestras instituciones y nuestro país de un personaje semejante?

También se aprovechó de la Teología de la Liberación, para mentir sobre los motivos de su alejamiento obligado de la iglesia, que tenían mucho más que ver con su inconducta y promiscuidad que con motivos filosóficos.

Fue una gran estafa a la fe pública, de la cual se aprovechó para escalar con una enorme carga de culpas a cuestas.

Fue una gran estafa a la buena fe de la izquierda latinoamericana, que lo arropó con generosidad para recibir sólo traiciones de él.

Anónimo dijo...

Vyrorei lo que dice Agüero Wagner, que ni siquiera firma

Sebastián Ruiz dijo...

Que yo sepa la más antigua de las religiones es la judía. Y en cuanto al fraude, la misma iglesia Católica lo es. Grandes hipócritas! lo de Lugo no me sorprende en lo mínimo. Todos los católicos creyeron que por ser un ex obispo ya se venía con él el desarrollo del país. . ilusos. Yo siempre supe que no iba a cambiar gran cosa porque nadie hablaba de la educación en sus programas de gobierno

LOVER OF MOON LOVER dijo...

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