domingo, 29 de mayo de 2011

Los fundamentos de los problemas del país

Por Héctor Farina Ojeda (*)

La recurrencia de muchos de los temas que conforman la vida nacional nos habla de que más allá de los hechos particulares hay cuestiones de fondo que siguen siendo caldo de cultivo para muchos males. Nos repetimos siempre en el ejercicio del asombro al enterarnos de casos de negligencia, de mala administración de los recursos, del derrumbe de obras defectuosas, de los altibajos de la economía y de la inestabilidad y la falta de rumbo en aspectos tan sensibles como la planificación de un país.

No deberíamos sorprendernos ni esperar nada distinto de lo que tenemos, si no atacamos los fundamentos de los problemas que aquejan a la sociedad. Si pensamos en los casos médicos, en donde la sombra de la negligencia o la incapacidad aparecen como culpables, resalta como problema de fondo la falta de una preparación adecuada de los profesionales, lo que se explica por los bajos niveles de calidad educativa que tenemos en nuestras casas de estudio.

El mismo denominador podemos encontrarlo en los casos de las construcciones mal planificadas, que cuando derivan en un derrumbe o alguna desgracia nos interpelan sobre qué tipo de preparación tienen las personas encargadas de planificar, construir y verificar las obras. Nos queda la duda sobre la eficiencia y la calidad de los materiales, como las varillas y el cemento, con lo que ponemos en entredicho el buen funcionamiento de las industrias que abastecen de insumos al sector de la construcción.

Al cuestionarnos sobre por qué las empresas paraguayas tienen muy malos indicadores de competitividad y no logran posicionarse con firmeza en el mercado internacional o al pensar en la notable incapacidad de los negociadores para conseguir mejores condiciones, tanto en el Mercosur como en las hidroeléctricas que compartimos con Brasil y Argentina, no podemos dejar de ver que detrás de los malos resultados, la impericia y otros males se incuba la pobre calidad de la formación de nuestros recursos humanos.

Y este mismo fundamento es el que subyace a muchos otros males que aquejan a la sociedad paraguaya: desde una justicia injusta e ineficiente –que se soporta sobre la base de funcionarios no idóneos ni capacitados- hasta la constante desilusión que nos llevamos cuando analizamos los resultados de la gestión de los administradores del poder. Mala calidad de gestión, malos negociadores, profesionales negligentes, personas poco aptas en puestos que son claves para el funcionamiento del país: todo esto tiene como origen un sistema de formación que no satisface las necesidades de competitividad para pensar en planificar una sociedad con un destino menos incierto.

Sin embargo, lo más curioso de todo es que conocemos muy bien este panorama pero hasta ahora no hemos sabido encontrar la manera de hacer un viraje que nos ubique más cerca de un país estable, con una economía sólida y en crecimiento constante, y más lejos de un país en el que se repiten los errores y se mantienen elevados índices de pobreza, desempleo, exclusión y corrupción. Nos llenamos de diagnósticos, de reclamos y medidas de urgencia para parchar conflictos, pero el fundamento de los problemas sigue siendo una usina generadora de los males que decimos que queremos erradicar.

Para mejorar la economía, lo primero que hay que hacer es un cambio radical en la formación de los cimientos del país: necesitamos mejorar los niveles de competitividad de profesionales –en todos los ámbitos- para lo cual tenemos que hacer una profunda revisión de los sistemas de capacitación de nuestros recursos humanos.

Una medida fundamental es empezar a trabajar en la formación de equipos dirigenciales competitivos, priorizando la calidad profesional de los recursos humanos. Y esto implica hacer una planificación a mediano y largo plazo, en la que se apunte a invertir lo que sea necesario en una educación que nos permita tener mejores negociadores, mejores administradores, mejores empresarios y mejores profesionales de todos los ámbitos. Cuando la economía esté en manos más preparadas, podremos aspirar a resultados más satisfactorios. De lo contrario, ya sabemos con qué tipo de carencias y atraso seguiremos viviendo.

(*) Periodista y profesor universitario
Desde Guadalajara, Jalisco, México

Publicado en el suplemento especializado en economía y negocios “Estrategia”, del Diario La Nación, de Paraguay