viernes, 31 de octubre de 2014

La juventud y la economía del conocimiento


Por Héctor Farina Ojeda  (*)

Una de las grandes oportunidades que tiene la economía mexicana es su juventud: con un bono demográfico, es decir con un mayor porcentaje de gente en edad de trabajar, estamos ante una coyuntura favorable que debería aprovecharse al máximo. Al pensar en las nuevas generaciones, no debemos hacerlo sólo como el relevo poblacional o de las fuerzas productivas, sino de las ideas, las formas de hacer y de pensar. Por esto, la juventud que se incorpora o busca incorporarse al mercado laboral debe ser vista como la renovación necesaria que apunte a contrarrestar viejos males económicos de los que no hemos podido alejarnos: pobreza, desigualdad, atraso y otras injusticias sociales.

Sin embargo, los números sobre juventud y empleo no son los más alentadores: hay 20 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años que no estudian ni trabajan en Latinoamérica, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En México, del total de la población joven, 20.8% no estudia ni trabaja. Y otro dato preocupante es que 6 de cada 10 jóvenes que trabajan lo hacen en la informalidad, lo que indica que no hay una oferta adecuada en el mercado laboral formal que atienda la demanda de la juventud que necesita trabajar. 

Si cada año hay 800 mil jóvenes mexicanos que se incorporan al mercado laboral, está claro que no se están generando los empleos suficientes para atenderlos, lo que nos lleva a un efecto contrario del que se estima con el bono demográfico: se desperdicia la oportunidad de que las nuevas generaciones renueven los cuadros productivos e impulsen la economía. Como ironía cruel, no tienen empleos porque el crecimiento económico es insuficiente, pero si los jóvenes no consiguen empleos, esto equivale a perder una gran oportunidad de lograr que repunte la economía. 

Pero más allá de los problemas de empleo, las oportunidades insuficientes, los bajos salarios y la presión que obliga a los jóvenes a trabajar en la informalidad, hay que preguntarnos por el fondo de la cuestión: ¿cómo y para qué están preparando a los jóvenes? La cuestión educativa es fundamental para establecer cómo son las generaciones que conforman el relevo y, por ende, qué clase de economía se puede construir. Es la preparación de los jóvenes la que definirá si tendremos una economía competitiva, productiva y que pueda revertir la situación actual en la que casi la mitad de la población se encuentra en situación de pobreza. 

Estamos en la era de la economía del conocimiento, en la cual dos terceras partes de la riqueza que se genera en el mundo corresponden al sector de servicios, que depende del conocimiento aplicado. Por ello, hay que apuntar a una formación competitiva que brinde a los jóvenes la oportunidad de no depender exclusivamente de las ofertas del mercado tradicional, sino que puedan proponer, emprender y revolucionar la economía a partir de sus ideas y su conocimiento.  No es la fuerza de sus brazos, sino el poder de sus ideas. Si los preparan bien, la riqueza vendrá por añadidura.

(*) Periodista y profesor universitario 
Doctor en Ciencias Sociales

Publicado en el diario Milenio Jalisco, en el espacio denominado "Economía empática". Ver original aquí

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