Publicado: Jueves 29 de agosto del 2013
A LA CAZA DE EE.UU. Y CHINA
India, la potencia emergente
El país asiático ha venido creciendo a una tasa superior al 8% en los últimos años, una población de 1300 millones de habitantes, con un fuerte desarrollo en materia tecnológica, apunta a convertirse -posiblemente en la próxima década- en la tercera potencia económica mundial, solo detrás de Estados Unidos y China.
En menos de dos décadas, desde los pasados años noventa, India se ha convertido en una potencia emergente con gran potencial de desarrollo (se estima que seguirá creciendo a un ritmo de al menos el 8% anual hasta 2020).
Ha pasado a ser uno de los principales centros de acogida de los servicios deslocalizados de Occidente, y ya cuenta con importantes institutos de ingeniería, bancos de inversión, soluciones médicas telemáticas, farmacéuticas de genéricos, empresas de software, varias decenas de parques tecnológicos (número que crece continuamente).
Su despegue económico se vio favorecido por una potente demanda interna (cerca de 400 millones de habitantes tienen poder de compra), las inversiones y los capitales extranjeros, los bajos salarios y la elevada cualificación técnica de la población activa. Pero tiene grandes desafíos; el principal es sacar de la pobreza a millones de personas, ancladas en una economía de subsistencia.
India forma parte de los países denominados “BRIC”, junto con Brasil, Rusia y China, que apuntan a transformarse en los principales motores de la economía mundial en 2050, por su población, su territorio, sus riquezas naturales y su PIB en conjunto.
Y presenta algunos resultados que son más que interesantes: su crecimiento económico promedio es muy cercano al de China, y duplica el promedio de América Latina; ha logrado sacar de la pobreza a 100 millones de personas en los últimos quince años, ha cuadruplicado su clase media y ha convertido ciudades pobres en emporios de desarrollo tecnológico, afirma el periodista internacional Héctor Farina Ojeda
“Aunque tengamos la visión de la India como la de un país en donde el contraste entre la opulencia y los “intocables” es uno de los más radicales, lo cierto es que hay un trabajo constante que ha venido disminuyendo las diferencias. Y la apuesta que hace India para lograrlo es el potencial humano, enfocado desde la necesidad del conocimiento tecnológico”, afirmó.
Explicó que desde hace más de medio siglo, los indios se dedicaron a formar recursos humanos competentes en cuanto a tecnología, conscientes de que para progresar requieren estar a la vanguardia en materia de innovaciones.
“Hoy tenemos como resultado que hay una producción masiva de cerebros que pueden liderar los proyectos de desarrollo que ayuden a revertir la pobreza: ingenieros, programadores y profesionales vinculados a la informática ingresan todos los años al mercado laboral, con nuevas ideas y con un alto nivel de competitividad”, apuntó.
Algunos de los datos que avalan esta avalancha de conocimiento al mercado laboral son impresionantes: hay 300 mil ingenieros graduados por año, y el 25% de la población india con el más alto coeficiente intelectual es superior a toda la población de Estados Unidos.
DÉFICIT EN INFRAESTRUCTURA
Temas a realizar para India
Un informe realizado por el director Ejecutivo de Consejo Indio para la Investigación de las Relaciones Económicas Internacionales (ICRIER), Rajiv Kumar, llamado “La India como potencia económica mundial: desafíos para el futuro”, precisa los puntos que el país aún debe superar.
DÉFICIT EN EDUCACIÓN
En India uno de sus mayores déficits está en la calidad de la educación y la escasez de personal cualificado en las empresas. “Todo indica que grandes segmentos de la fuerza de trabajo india reciben una formación pobre y obsoleta, y de todos los niveles del sistema educativo salen alumnos sin posibilidad de inserción laboral”, afirma Kumar, agregando que “el colapso del sistema público de enseñanza revela la necesidad de introducir reformas radicales y de transformar la estructura de incentivos”, afirma Kumar.
DISTRIBUCIÓN DESIGUAL EN LA INDUSTRIA MANUFACTURERA
Según Kumar, el sector manufacturero de la India se caracteriza por una bipolaridad que permite la coexistencia de grandes empresas competitivas con pequeñas unidades de producción que emplean tecnología obsoleta. De esto derivan dos problemas, asevera Kumar. Por una parte, las empresas pequeñas no alcanzan a cubrir las necesidades económicas de gran parte de la población, y por otra, en India no existen las empresas medianas, que por lo general son una fuerte fuente de trabajo en la población mundial.
DÉFICIT EN INFRAESTRUCTURA
Como lo corroboraba el periodista del periódico Nuevo Herald, uno de los déficits más visibles en India es la infraestructura. Aún queda mucho por recorrer, y este país debe invertir tanto en el sector energético como en infraestructura vial, dado el crecimiento anual de un 12% a un 15% en el transporte de pasajeros durante los últimos años, afirma Kumar.
RIGIDEZ EN EL MERCADO LABORAL
Las actuales leyes laborales son un obstáculo para los trabajadores indios. “Al aumentar el costo de la mano de obra y hacer de los costos laborales un gasto fijo para las empresas del sector formal, es un acto contrario a los intereses de los trabajadores, minimizando la inserción laboral y limitando la generación de empleo”, asegura Kumar. Estudios sobre productividad y resultados del sector manufacturero de la India sugieren una correlación negativa entre la rigidez en las leyes laborales y la productividad industrial y crecimiento del empleo, asegura en su informe el Director Ejecutivo del ICRIER.
DEFICIENCIAS EN LA GOBERNABILIDAD
Sistemas de salud y educación al borde del colapso, trámites poco transparentes, burocráticos y un aumento en los costos de transacción comercial. Todos estos factores dan indicio de una pobre condición de gobernabilidad en la India, indica Kumar.
Por ello, es necesario prestar más atención a corregir el déficit de gobernabilidad y mejorar la oferta de bienes y servicios públicos, porque, hasta el momento, India todavía es vista como un destino poco atractivo para realizar negocios.
FUTURA SUPERPOTENCIA
Pese a que aún quedan numerosos desafíos por cumplir, las cifras siguen acompañando al país de Oriente. Y es que la economía de India creció un 6.1% durante su primer trimestre del año fiscal actual, cerrado en junio, favorecido por los buenos datos de los servicios, especialmente en la hostelería, transporte y en servicios financieros, que registraron un repunte del 8.1%.
Mientras tanto, los expertos predicen que la India se convertirá en una superpotencia mundial dentro de cincuenta años más, gracias a elementos como la innovación tecnológica y su población mayoritariamente joven. A continuación, un listado de las fortalezas de este místico y potente país, según el informe “La India como potencia económica mundial: desafíos para el futuro”, elaborado por el director Ejecutivo de Consejo Indio para la Investigación de las Relaciones Económicas Internacionales (ICRIER), Rajiv Kumar.
EN LOS PRIMEROS LUGARES EN TI
Durante 2004 y 2005, India presentó un fuerte crecimiento en ingresos por concepto de Tecnologías de la Información (TI), alcanzando volúmenes de negocios por US$22,000 millones. Con el paso de los años, el valor de las exportaciones de estas tecnologías se ha triplicado, según la Asociación Nacional de Empresas de Software y Servicios de India.
Mientras tanto, este país se ha preocupado por ofrecer al mundo excelentes infraestructuras en desarrollo de softwares, que destacan por su alta calidad y por la reducción de los costos en las empresas. A la vez, India ofrece servicios internacionales de call center (atención al cliente mediante telefonía), servicios de contabilidad, administración de personal, etc. Un ejemplo de ello son empresas como Wipro o Tata, que ofrecen servicios de análisis financieros y jurídicos, estudios de ingeniería, operaciones actuariales, etc.
POBLACIÓN JOVEN
A diferencia de otros países, sobre todo comparado con Europa, en India la población en su mayoría es joven y un tercio no sobrepasa los 15 años. Esta característica pasa a ser una ventaja, puesto a que la fuerza de trabajo viene renovada y con “energía” suficiente para emprender nuevos proyectos con innovación y creatividad.
A la vez, y de la mano con las TI, el gran número de gente joven con estudios habla inglés con fluidez, lo que transforma gradualmente a India en un importante destino para las grandes empresas a la hora de subcontratar servicios de atención al cliente.
DESARROLLO DEL SECTOR PRIVADO
A partir de 1991, la economía en la India dio un giro importante hacia la liberación del dinamismo del empresariado privado, al flexibilizarse las licenciaturas industriales, al eliminarse los controles administrativos frente a la adquisición de tecnología, y propulsar la expansión de la capacidad productiva del país, que antes era liderada por oligopolios familiares.
De este modo, sectores tales como la manufactura, la industria farmacéutica, la biotecnología, la nanotecnología, las telecomunicaciones, la construcción naval, la aviación y el turismo están mostrando un gran potencial, con altas tasas de crecimiento.
Además, cada vez es más importante el papel que cumple la inversión extranjera directa en la reactivación industrial de la India. En ese sentido, India es uno de los destinos más atractivos para invertir, después de Hong Kong y Singapur, afirma el Director Ejecutivo del ICRIER.
POTENCIA EN AGRICULTURA
India es el segundo productor mundial en el sector agrario después de China. Da empleo al 60% de la población y es el sector económico más importante del país.
Desde 1950, la agricultura en India ha tenido un crecimiento sostenido, debido a sus planes quinquenales y las constantes mejoras en el riego, la tecnología, la aplicación de las prácticas modernas en la agricultura.
Además, India es el mayor productor mundial de leche, anacardos, cocos, té, jengibre, cúrcuma y pimienta negra. A la vez, es el segundo productor mundial de trigo, arroz, azúcar y cacahuetes, y el tercero de tabaco.
CONTEXTO EXTERIOR FAVORABLE
La India cada vez se abre mayor camino en el mercado internacional gracias a dos factores que lo están favoreciendo en este momento. Por una parte, se está dando un “redescubrimiento del Sudeste Asiático”, donde China e India son los países que protagonizan esta cruzada. Por otra, gracias a los acuerdos bilaterales y de cooperación económica regional, en especial el Tratado Único de Cooperación Económica (CECA) con Singapur y el Tratado de Libre Comercio (TLC) con EU, India ha crecido sustanciosamente, pese a la crisis económica mundial que afectó a las grandes potencias internacionales.
Wilder Mayo
Redacciòn
Fuente: Diario La Primera
jueves, 31 de octubre de 2013
jueves, 29 de agosto de 2013
La verdad periodística
Este es un trabajo de estudiantes de la Licenciatura en Periodismo del Centro Universitario de la Ciénega, de Universidad de Guadalajara, en Ocotlán, Jalisco, México.
El tema: la verdad periodística. El entrevistado: Héctor Farina Ojeda, periodista y profesor universitario.
Los periodistas, no pueden manejar a su conveniencia la verdad, ya que esta es un bien público. Es por ello que el periodista debe verificar, confrontar y confirmar la información con diferentes fuentes, para eliminar el peligro del engaño.
Universidad de Guadalajara
Centro Universitario de la Ciénega
Equipo: guiónn, realización, producción, edición.
Fernando Melgoza Sepúlveda
Brenda García Luis
Colaboración:
Karla Esperanza Galván Quijas
Humberto Sandoval Delgadillo
Héctor Claudio Farina Ojeda, Coordinador de la carrera de periodismo en el Cuciénega.
El tema: la verdad periodística. El entrevistado: Héctor Farina Ojeda, periodista y profesor universitario.
Los periodistas, no pueden manejar a su conveniencia la verdad, ya que esta es un bien público. Es por ello que el periodista debe verificar, confrontar y confirmar la información con diferentes fuentes, para eliminar el peligro del engaño.
Universidad de Guadalajara
Centro Universitario de la Ciénega
Equipo: guiónn, realización, producción, edición.
Fernando Melgoza Sepúlveda
Brenda García Luis
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Karla Esperanza Galván Quijas
Humberto Sandoval Delgadillo
Héctor Claudio Farina Ojeda, Coordinador de la carrera de periodismo en el Cuciénega.
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sábado, 27 de julio de 2013
El periodismo digital y las nuevas tecnologías: entrevista a Héctor Farina, en Unicanal.
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miércoles, 24 de julio de 2013
Menos clases, menos oportunidades
Por Héctor Farina Ojeda (*)
La decisión del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) de extender el periodo de vacaciones de invierno, por una semana, nos habla claramente del país que tenemos y del que estamos construyendo para las siguientes generaciones. Alegando el frío y la lluvia -aunque de fondo pesa más una amenaza de huelga docente-, se pospuso el regreso de los estudiantes a clases, como una metáfora de la eterna postergación de la educación en Paraguay.
Con apenas 610 horas de clases al año, por debajo de las 800 horas recomendadas por la Unesco, con suspensiones periódicas que se deben a motivos tan variopintos como una lluvia, un festival, jornadas de capacitación docente no previstas, un asueto de último momento o hasta porque se prestaron las escuelas para alguna elección política, resulta muy complicado que se pueda mejorar la calidad educativa o tan siquiera cumplir metas mínimas para garantizar un buen nivel en la región.
Al ver la despreocupación con la que se abordan los temas educativos, la politización de la formación de generaciones enteras, y el escaso compromiso de los gobiernos y la gente, no resulta raro que el país sea el de menor carga horaria en la región, que la calidad educativa esté por los suelos, que el país no destaque en ciencia y tecnología, o que la competitividad sea una materia reprobada y que esto limite el desarrollo económico.
El tirano Stroessner solo invirtió el 1% del PIB en la educación, con lo que ancló al país en el atraso y la incompetencia, en tanto los gobiernos sucesivos ensalsaron lo educativo en sus discursos pero no han logrado un cambio que nos posicione como una nación educada y con visión de futuro. Se sigue jugando a la inversión miserable, al clientelismo, a las huelgas en perjuicio de estudiantes, y al simulacro como forma de hacer creer que todo está bien cuando en realidad se caen los cimientos de la sociedad.
Todavía estamos lejos de entender que menos horas de clases y menos educación equivalen a menos oportunidades, más pobreza, más desigualdad y más precariedad. Estamos lejos de los resultados económicos de Japón, Noruega, Finlandia o Singapur, debido a que no tenemos el mismo compromiso con la educación.
Me gustaría saber qué estrategias y planes aplicará el gobierno de Cartes para recuperar la educación y hacer de ella un trampolín para el desarrollo. Me gustaría ver si realmente habrá una apuesta nacional por lo educativo o si, nuevamente, volverá el juego de la mentira compartida, donde todos hacen creer que hacen, mientras todo se hunde. Quiero ver el presupuesto, la estrategia y la aplicación. De lo que hagan con la educación, depende nuestra economía.
(*) Periodista y profesor universitario
Desde Guadalajara, Jalisco, México
Publicado en "Estrategia", suplemento especializado en economía y negocios, del Diario La Nación, de Paraguay.
martes, 23 de julio de 2013
La costumbre de la imprevisión
Por Héctor Farina Ojeda (*)
Pensar anticipadamente en un problema, planificar primero y obrar en consecuencia son cosas lógicas para intentar prever y resolver conflictos, sobre todo cuando estos ya son viejos conocidos. Pero, en sociedades precarias en las que se vive a merced de la fragilidad del cambio, la imprevisión suele ser el factor común a la hora de enfrentar un problema: se nota cuando las lluvias -cíclicas- convierten a las calles en ríos, dañan el asfalto y dejan profundos baches, así como hacen colapsar la movilidad de ciudades completas. Como si llover fuera un hecho extraordinario en un país en donde llueve siempre, se finge el asombro y se opera en el caos, tratando cada quien de parchar la situación de la manera que mejor se le ocurra. Y cuando, realmente, se trata de un fenómeno extraordinario que altera el funcionamiento de una ciudad o un país, el daño suele ser desmedido y la respuesta se bambolea entre la desesperación y la incapacidad.
Vivimos en sociedades poco planificadas, en sociedades imprevistas. Sabemos de antemano y de memoria, que un país caluroso y húmedo como Paraguay reúne condiciones ideales para que se propague una enfermedad como el dengue. Pero, lejos de haber previsto el peligro y educado a la gente para que combata el mosquito, se reacciona sólo cuando el número de enfermos o muertos escandaliza. Nos asombramos, nos asustamos y empezamos a limpiar y cuidarnos, para que no nos toque a nosotros. Pero se esperó primero, con la calma de los que descansan al costado de un camino, a que los casos de enfermedad nos rodeen, afecten a un conocido, a un vecino o alguien cercano. No visualizamos lo previsible y cuando los hechos nos atropellan los tomamos como imprevistos y reaccionamos con la torpeza del que no sabe de dónde vino el golpe.
Era previsible que el transporte público en Paraguay colapsara, que los accidentes de motociclistas iban a disparar los índices de muertes en el tránsito y que, una vez más, las autoridades no sabrían cómo responder ni podrían ponerse de acuerdo en proyectos como el metrobús. Desde hace décadas vivimos en una precariedad grosera que condiciona al ciudadano a viajar al riesgo de su vida, en vehículos desvencijados, por calles llenas de baches, sin semáforos, y bajo la conducción de alguien sin educación para siquiera esperar que una anciana termine de subir al vehículo antes de acelerar. Sabemos que las unidades del transporte no deben, bajo ningún punto de vista, viajar con las puertas abiertas porque esto asegura que en caso de algún accidente, será fatal. Pero parece no preocupar, como si los accidentes no pudieran preverse y evitarse. Y la reacción sólo viene tras la desgracia.
Y todavía más curioso, cuando se confunde la reacción con la planificación. Cuando en el enojo de algún accidente que se pudo haber evitado, se vocifera, se cuestiona y se busca culpables. En lugar de la inteligencia racional, se deja que sea la emocionalidad de un momento difícil la que marque las reacciones que deberíamos tener como sociedad. En lugar de construir un sistema seguro para evitar la caída, funcionamos a partir del golpe, el dolor y la rabia del momento.
Todo esto lo podemos ver en nuestra economía, en los ciclos climáticos que condicionan un auge portentoso o una contracción brusca. O en las trabas a las exportaciones, que se dan con mucha frecuencia, pero que todavía no hicieron que el país tenga una planificación minuciosa y estratégica para enfrentar la mediterraneidad. Tan previsible como saber que una devaluación de la moneda brasileña o la argentina generaría un aluvión de contrabando, y tan imprevisible como ver a las autoridades tomando medidas ridículas como tratar de impedir que los productos baratos permeen la frontera y lleguen hasta un consumidor empobrecido y necesitado. Si lo hubieran previsto y planificado, tendríamos una economía competitiva, con productos de calidad y precios competitivos, por lo que no importaría si el contrabando viaje en avión, en canoa o a pie. Simplemente, no podría competir y no tendría sentido.
Tenemos que dejar de jugar a la sorpresa y el asombro fingido, para comenzar a construir una sociedad menos precaria, más prevenida y más planificada. Que ya no seamos víctimas del caos cuando el clima es hostil, cuando se cierra un mercado, se devalúa una moneda o cuando un modelo económico se agota. La previsión debe ser parte de nuestros pequeños actos cotidianos, en cosas tan sencillas como ahorrar unas monedas por si pasa algo. La pregunta es: ¿podemos dejar de vivir en la imprevisión y pasar a la planificación?
(*) Periodista y profesor universitario
Desde Guadalajara, Jalisco, México.
Publicado en "Estrategia", suplemento especializado en economía y negocios, del Diario La Nación, de Paraguay.
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lunes, 22 de julio de 2013
Los pequeños actos y la confianza
Por Héctor Farina Ojeda (*)
La buena coyuntura, los buenos indicadores, las bondades de la tierra, los bajos impuestos y el potencial de crecimiento son ventajas conocidas en algunos países, pero, curiosamente, a veces no son suficientes para lograr atraer inversiones, hacer funcionar emprendimientos a largo plazo o lograr credibilidad como economía sólida ante la comunidad internacional. Mucho de lo que hacemos todos los días afecta directamente a la confianza que se tiene en la economía y ello se nota a la hora de medir las inversiones, de ver reflejados los datos de ingresos por turismo, de dar cuenta de los emprendimientos o de la capacidad de innovación que se desarrolla.
Parece algo curioso pero en realidad es una tragedia. Cuando se piensa que es “normal” que toda ley o regla pueda ser interpretada, reinterpretada o contrainterpretada, en realidad estamos diciendo que no se puede confiar en la regla o en su ausencia, pues siempre habrá una justificación para relativizarla, ningunearla o eliminarla. Desde la irresponsabilidad consuetudinaria de no respetar los semáforos en rojo en horas de la madrugada (porque nadie los respeta a esas horas) hasta el “presupuesto” de los que infringen normas de tránsito, que ya calculan cuánto deberán pagar en concepto de coimas: los actos se acumulan y en su conjunto terminan dañando a un capital fundamental para cualquier sociedad, es decir, la confianza.
Con cada acto de corrupción, cada trampa, cada vez que un funcionario pide una “propina” o que el chofer no entrega el boleto para quedarse con el dinero, en el fondo lo que se hace es construir un sistema en el cual la confianza no importa mucho. Un sistema en donde todo se relativiza, en donde se puede torcer la norma, interpretar lo ininterpretable, en donde para tener un negocio hay que pagar coimas a diestra y siniestra, tiene efectos negativos en sectores como la inversión, el emprendimiento, la competitividad y la capacidad de innovación. Las economías en donde no hay un régimen de confianza son aquellas que no incentivan al ahorro o a la iniciativa individual. Se manejan en la informalidad, sin mayores garantías que las de la aventura.
La confianza en un país es un elemento fundamental para el crecimiento, para la inversión y el desarrollo. Lo podemos ver en Noruega, posiblemente el país más confiable del mundo, en donde las instituciones, las normas y la gente son altamente confiables y ello genera no solo un estado de bienestar y seguridad para la población, sino que deriva en la construcción permanente una sociedad con calidad de vida elevada.
Al contrario, debido a actos y actitudes tendientes a lo no correcto, en países como Paraguay no podemos ponernos de acuerdo ni siquiera en un proyecto de metrobús, pese a que todos sabemos que el transporte público es una afrenta cotidiana para los ciudadanos. Desconfiamos del proyecto, de quienes lo implementarán, del que hace el presupuesto y del que lo ejecutará; se desconfía de la obra, de su costo y su impacto. Se desconfía de cualquier iniciativa porque la idea de que el pícaro o el transa están detrás es permanente. Y esto nos lleva a la certeza más que la duda de que alguien se quedará con el dinero, desviará recursos, inflará gastos o, de alguna u otra manera, les tomará el pelo a todos para sacar un beneficio personal.
La confianza en una sociedad es fundamental para pensar en una mejor calidad de vida. Hay que reconstruir en la gente la capacidad de confiar en el sistema, en el otro, para lograr que se puedan impulsar proyectos y edificar sin el temor de que alguien nos vaya a engañar. Nos hace falta una profunda educación de valores para dejar de ser la sociedad del Perurima para ser una confiable, seria y por la que valga la pena apostar.
(*) Periodista y profesor universitario
Desde Guadalajara, Jalisco, México
Publicado en "Estrategia", suplemento especializado en economía y negocios, del Diario La Nación, de Paraguay.
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domingo, 21 de julio de 2013
De los pequeños actos al impacto económico
Por Héctor Farina Ojeda (*)
Los actos cotidianos, por pequeños y aceptados que parezcan, tienen un enorme poder en cuanto a la construcción de la economía en una sociedad. En un curioso libro llamado “Estampas de Liliput. Bosquejos para una sociología de México”, del sociólogo Fernando Escalante Gonzalbo, hay una descripción sobre la peculiar forma de relacionamiento social que se da en la sociedad mexicana, que se define como la teoría del muégano (un dulce pegajoso), que consiste en una cadena de favores basados en lazos familiares, compadrazgo, amiguismo o simple complicidad entre dos partes interesadas en beneficiarse mutuamente por encima de las normas o reglas establecidas.
Cuando los actos, que pueden considerarse como “folclóricos”, “culturales” o como parte de un comportamiento cotidiano visto como normal suman sus efectos, el impacto en la economía es muy significativo. De pequeñas aberraciones, excepciones, favores o vivezas se llega a conformar un sistema que limita, condiciona y corroe a las estructuras económicas. Lo podemos ver en el mercado laboral, cuando mediante un pequeño favor se premia con un cargo a un amigo o un pariente, poniendo la relación personal por encima de la capacidad o la idoneidad para una determinada función. Lo vemos todos los días en los puestos de la administración pública, en donde en forma estéril se busca explicar los motivos por los cuales alguien no apto termina siendo la máxima autoridad de un ente, mientras que en la realidad la explicación se encuentra detrás de una cadena de favores y costumbres tan inverosímiles como perniciosas.
Pasa en las esferas políticas, en donde más vale uno malo “pero de los nuestros” que uno bueno que no sea del grupo, facción, movimiento o partido. La aberración se disfraza de picardía bajo expresiones cínicas como “chancho de nuestro chiquero” para dar a entender que las normas no sirven para acatarse sino para relativizarse en beneficio de pocos y perjuicio de qué importa cuántos. Pequeños actos o pequeñas omisiones se vuelven costumbre y sistema, a tal punto que no importa el origen sino que “así se hacen las cosas”.
Ocurre lo mismo en las universidades, cuando se invoca la costumbre de llegar tarde como excusa para no cumplir como estudiante, como maestro o funcionario. “Hora paraguaya”, decimos en Paraguay, y “hora tapatía” me dicen en Guadalajara, para justificar una pequeña falta que se ha instaurado como norma. Relativizar la norma se vuelve la norma (para pasar por encima de la norma), como cuando un estudiante solicita de “favor” que se le conceda una mayor calificación, en tanto el maestro “reparte” calificaciones altas para quedar bien con los estudiantes, los que a su vez lo evalúan bien y hacen que –de paso- la universidad pueda presumir indicadores que den cuenta de la “excelencia” en el proceso de enseñanza-aprendizaje, en donde todos aparecen como contentos.
La relativización de la norma en pequeños actos nos ha llevado a ver como “normales” las propinas para acelerar trámites, las coimas para no pagar la multa, el estacionar en lugares prohibidos “sólo por cinco minutos” o en convertir a las universidades en un requisito para obtener un título y no en una instancia de formación. Cuando con un “atajo”, “arreglo” o cualquier sistema de cadena de favores premiamos al que no sabe, al corrupto, al inepto y al arribista, en realidad estamos castigando a la economía, la que se ve socavada y permeada por vicios difíciles de erradicar.
El resultado de estos “pequeños vicios” es un fuerte daño a la competitividad, lo que se refleja en por qué países como Paraguay siempre aparecen como rezagados en los estudios a nivel mundial; se nota en la baja productividad de un país que trabaja mucho pero produce poco, precisamente porque no se premia al que sabe ni al que se instruye, sino al que se valió de un favor para ocupar un espacio que no merece. El daño se nota en un país que no tiene capacidad de innovación, pues al frente de la economía, de las empresas o las instituciones no se encuentran los que están preparados sino los acomodados. Por eso tenemos economías precarias, cansinas, poco productivas, sin capacidad de innovación y sin visión.
Cuando alguien les diga que deben hacer algo indebido porque “así es como todo funciona”, deberían responder que en realidad “así es como todo funciona mal”, por lo cual en lugar de destruir economías con pequeños actos, debemos construir con los actos correctos.
(*) Periodista y profesor universitario
Desde Guadalajara, Jalisco, México
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