Por Héctor Farina (*)
Siguiendo con el análisis de las mediaciones, ahora tomamos el caso de las “determinaciones institucionales”, que constituyen un nivel macro frente a los niveles individuales y los organizacionales. El nivel institucional examina las crecientes demandas institucionales que se imponen a los procesos de producción noticiosa, así como las relaciones entre los medios informativos y el medio ambiente social más amplio en el que ellas operan. Los medios tienen articulaciones institucionales políticas, económicas y culturales, entre otras.
Los medios de comunicación, y en este caso los diarios, mantienen vínculos de diversos tipos con numerosas instituciones, ya que al fin y al cabo se trata de empresas comerciales que operan como tales y hacen de las noticias su producto. Estas relaciones tienen incidencia en la producción noticiosa, pues marcan una línea o política editorial que sea afín a los intereses que persigue el medio. De ahí que ciertos criterios profesionales y organizacionales pueden ser dejados de lado si el nivel institucional así lo determina.
Los diarios no sólo asumen posturas editoriales en base a posiciones ideológicas, vínculos políticos o económicos, sino que trasmiten la presión de estos relacionamientos hacia la redacción y los periodistas, ya sea de manera directa o indirecta, de forma tal que se condiciona de antemano la producción de noticias. Es así que por motivos estructurales se cae en el parcialismo, la censura y la autocensura, el maniqueísmo, el servilismo y otras formas de tergiversación de las noticias que son utilizadas para el beneficio de los poderes fácticos. La “objetividad” y la “verdad” quedan entonces subordinadas a las conveniencias de los estamentos de poder con los que se relaciona la empresa periodística.
Una articulación política puede hacer que tal noticia se convierta en portada todos los días, que tal otra no exista o que sólo se siga algunos temas determinados mientras se deja de lado otros que también deberían ser importantes. Este tipo de articulaciones también permite saber de antemano qué periódico atacará al Gobierno y cuál saldrá en su defensa, quiénes verán una causa como buena y quiénes la verán como mala.
Y una de las formas de vinculación más usadas para influir sobre las noticias es la publicidad, ya sea estatal o empresarial. Los medios se ven amordazados, por complicidad y conveniencia, para hablar de ciertos temas, de manera que la construcción social de la realidad, que se hace por medio de las noticias, está orientada a no afectar a los intereses de las instituciones que “invierten”, que financian el funcionamiento de los medios. Con destinar fondos del Gobierno a campañas de propaganda se puede controlar la imagen proyectada desde los medios, mostrar lo bueno y esconder lo malo, y aparecer con un rostro muy distinto al que en realidad se posee.
Queda claro que el público debe exigir reglas claras de ética y comportamiento de los medios, que debe conocer la política editorial y el sistema de tratamiento de las informaciones, porque de lo contrario quedará supeditado a percibir la realidad que los medios construyen a favor de intereses ajenos. El negocio de los medios de comunicación debe radicar en la credibilidad de las informaciones que trasmiten y no en la venta de conciencias, la fabricación de ilusiones y las realidades de conveniencia.
El público debe dejar de consumir información dudosa e interesada, y condenar a los medios que se venden al mejor postor. Y los medios deben comprender que el negocio no está en vender falsedades, sino en construir credibilidad. Lo demás vendrá por añadidura.
(*) Periodista.
http://www.vivaparaguay.com/
domingo, 29 de julio de 2007
domingo, 22 de julio de 2007
Los medios y el filtro de noticias
Por Héctor Farina (*)
Como ya se ha visto, las mediaciones afectan y condicionan la producción de las noticias en diferentes niveles, lo que queda reflejado en la información final que recibe el público. Siguiendo con el modelo de análisis de Paul Hirsch (1977), que propone una división entre los niveles ocupacionales o individuales de los periodistas, la organización en su totalidad y el nivel interorganizacional, tomemos ahora el caso de la redacción u organización que procesa las informaciones que los periodistas obtienen.
En las salas de redacción de los diarios se dan mediaciones de las profesiones, de las burocracias, de la tecnología, de los patrones de propiedad y control, de los modos de producción, entre otros. La redacción determina las líneas y criterios que los periodistas deben tener en cuenta para la búsqueda y recolección de las noticias, de manera que se constituyen de antemano en un filtro para todas las informaciones.
Los criterios de la redacción establecen qué tipo de información es importante, qué es noticia para el medio, cuáles son los temas prioritarios a seguir y cuáles aquellos que no tienen trascendencia y que no son importantes para las publicaciones. Siguiendo estas líneas, los cronistas y los editores aplican los filtros a las informaciones para convertirlas en el producto final: la noticia.
Los editores de los periódicos funcionan como gatekepeers o seleccionadores de la información que será publicada, pero no sólo marcan las pautas para buscar las noticias sino para decir qué es lo noticioso dentro de la información que el periodista lleva a la redacción. Los criterios que aplican pueden basarse en su posición profesional individual, en la perspectiva de la misma organización o de las relaciones institucionales que afectan al medio como empresa.
Ahora bien, otras determinaciones mediadoras fuertemente influyentes son las económicas, que son determinantes para la búsqueda de las noticias. De la disponibilidad de recursos depende el hecho que se puedan realizar tales o cuales coberturas, investigaciones u otras actividades. Un diario puede decidir cubrir sólo ciertas fuentes de información, para minimizar los gastos, y dejar de lado deliberadamente otras, así como optar por no enviar a sus periodistas a giras, eventos internacionales o actividades no programadas que requieran una inyección extra de capital. Igualmente las mediaciones económicas se notan en las herramientas que poseen los periodistas para buscar la información, de manera que las noticias pueden variar mucho de un medio a otro, ser incompletas, inexactas o simplemente no existir debido a la falta de un vehículo, de una cámara o de un teléfono.
De los criterios de la redacción dependen en gran medida las noticias, más allá de la perspicacia individual de los periodistas y de las vinculaciones de los medios con los poderes políticos, económicos y culturales. Ahora bien, ¿el público conoce realmente los criterios de redacción que se aplican a las informaciones? ¿Sabe por qué un hecho puede ser importante para el periodista y el público pero no para el diario?
Es importante que la gente exija claridad de parte de los medios y que se conozcan los criterios que determinan las informaciones finales que se publican, ya que de otra manera tendríamos a un público pasivo y resignado, que se conforma con recibir la información que los medios quieren proporcionar, conforme a conveniencias que no son precisamente las de todos. Si los medios quieren vender información honesta, deberían empezar por la honestidad de presentar ante la gente los criterios organizacionales que se usan para la producción de noticias.
(*) Periodista
http://www.vivaparaguay.com/
Como ya se ha visto, las mediaciones afectan y condicionan la producción de las noticias en diferentes niveles, lo que queda reflejado en la información final que recibe el público. Siguiendo con el modelo de análisis de Paul Hirsch (1977), que propone una división entre los niveles ocupacionales o individuales de los periodistas, la organización en su totalidad y el nivel interorganizacional, tomemos ahora el caso de la redacción u organización que procesa las informaciones que los periodistas obtienen.
En las salas de redacción de los diarios se dan mediaciones de las profesiones, de las burocracias, de la tecnología, de los patrones de propiedad y control, de los modos de producción, entre otros. La redacción determina las líneas y criterios que los periodistas deben tener en cuenta para la búsqueda y recolección de las noticias, de manera que se constituyen de antemano en un filtro para todas las informaciones.
Los criterios de la redacción establecen qué tipo de información es importante, qué es noticia para el medio, cuáles son los temas prioritarios a seguir y cuáles aquellos que no tienen trascendencia y que no son importantes para las publicaciones. Siguiendo estas líneas, los cronistas y los editores aplican los filtros a las informaciones para convertirlas en el producto final: la noticia.
Los editores de los periódicos funcionan como gatekepeers o seleccionadores de la información que será publicada, pero no sólo marcan las pautas para buscar las noticias sino para decir qué es lo noticioso dentro de la información que el periodista lleva a la redacción. Los criterios que aplican pueden basarse en su posición profesional individual, en la perspectiva de la misma organización o de las relaciones institucionales que afectan al medio como empresa.
Ahora bien, otras determinaciones mediadoras fuertemente influyentes son las económicas, que son determinantes para la búsqueda de las noticias. De la disponibilidad de recursos depende el hecho que se puedan realizar tales o cuales coberturas, investigaciones u otras actividades. Un diario puede decidir cubrir sólo ciertas fuentes de información, para minimizar los gastos, y dejar de lado deliberadamente otras, así como optar por no enviar a sus periodistas a giras, eventos internacionales o actividades no programadas que requieran una inyección extra de capital. Igualmente las mediaciones económicas se notan en las herramientas que poseen los periodistas para buscar la información, de manera que las noticias pueden variar mucho de un medio a otro, ser incompletas, inexactas o simplemente no existir debido a la falta de un vehículo, de una cámara o de un teléfono.
De los criterios de la redacción dependen en gran medida las noticias, más allá de la perspicacia individual de los periodistas y de las vinculaciones de los medios con los poderes políticos, económicos y culturales. Ahora bien, ¿el público conoce realmente los criterios de redacción que se aplican a las informaciones? ¿Sabe por qué un hecho puede ser importante para el periodista y el público pero no para el diario?
Es importante que la gente exija claridad de parte de los medios y que se conozcan los criterios que determinan las informaciones finales que se publican, ya que de otra manera tendríamos a un público pasivo y resignado, que se conforma con recibir la información que los medios quieren proporcionar, conforme a conveniencias que no son precisamente las de todos. Si los medios quieren vender información honesta, deberían empezar por la honestidad de presentar ante la gente los criterios organizacionales que se usan para la producción de noticias.
(*) Periodista
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domingo, 15 de julio de 2007
Influencias individuales en las noticias
Por Héctor Farina (*)
El proceso de búsqueda, recolección, procesamiento y difusión de las noticias es un fenómeno complejo, afectado por diferentes tipos de mediaciones que condicionan las informaciones finales que recibe el público. Para hacer un análisis, tomemos el modelo propuesto por Paul Hirsch (1977), que presenta una división en tres niveles: los papeles ocupacionales o individuales de los periodistas, la organización en su totalidad (las empresas periodísticas) y el nivel interorganizacional e institucional.
En este caso, hablemos de las mediaciones que se dan a nivel individual y que condicionan la construcción de las noticias por parte de los periodistas. De acuerdo con Enrique Sánchez Ruiz (1992), una mediación es una conexión causal que puede ser observada en los procesos reales, cuando en virtud de un contacto en una zona de articulación, un proceso social es influido por otro(s), cambiando o reforzando el flujo de acontecimientos.
En un nivel individual o profesional de la producción noticiosa, los periodistas están condicionados por factores como su grado de preparación académica, su experiencia, su conocimiento especializado o no de la fuente o área de cobertura, sus prejuicios, su ideología, sus limitaciones de recursos y su dimensión ética –que marca una línea frente a la corrupción-, entre otros aspectos.
Los periodistas buscan todos los días información novedosa, llamativa y de interés general. Y en este proceso, tropiezan con mediaciones como los filtros humanos, como el caso de los funcionarios que no permiten el acceso directo a una fuente de información, como una autoridad del Gobierno, de manera que en muchas ocasiones las noticias pueden cambiar radicalmente dependiendo de si se tuvo o no acceso a la fuente, de si hay o no respuestas claras a las preguntas planteadas por el periodista.
Otras mediaciones son las que están dadas por la capacitación, el conocimiento y el grado de especialización en los temas que atañen al área de cobertura. Estas mediaciones tienen una incidencia directa, porque los grados de conocimiento influyen desde la misma pregunta que hace el periodista para obtener la información, y en la medida en que este tenga más preparación y conocimiento sobre los temas, tendrá otra perspectiva de análisis y buscará otro tipo de respuestas, así como presentará con más precisión las informaciones que reúna. También los prejuicios y las ideologías personales de los periodistas actúan como determinaciones mediadoras, pues se llega con predispoción hacia ciertos temas y se corre el riesgo de que las simpatías personales influyan en la interpretación de los hechos.
Por otro lado, las limitaciones de los recursos condicionan la producción de noticias, pero hay algo más importante: la dimensión ética de los periodistas. La actitud que asumen frente a las tentaciones de la corrupción, del poder, de los amigos y las conveniencias, es determinante para las noticias, ya que en la medida en que el periodista se aparte del camino de la ética, el público recibirá informaciones menos ciertas y menos honestas.
Es necesario comprender y valorar la dimensión individual de los periodistas, asumir el desafío de formar comunicadores más preparados, más éticos y menos limitados por sus propias precariedades o las impuestas por las empresas y el sistema institucional. Si no se crean las condiciones para tener periodistas especializados y honestos, si no reconocemos el esfuerzo y no premiamos a los que buscan superarse con dignidad, la ciudadanía seguirá recibiendo informaciones de baja calidad, con noticias de contenido dudoso y sufriendo una desinformación que podría ser evitada.
(*) Periodista
http://www.vivaparaguay.com/
El proceso de búsqueda, recolección, procesamiento y difusión de las noticias es un fenómeno complejo, afectado por diferentes tipos de mediaciones que condicionan las informaciones finales que recibe el público. Para hacer un análisis, tomemos el modelo propuesto por Paul Hirsch (1977), que presenta una división en tres niveles: los papeles ocupacionales o individuales de los periodistas, la organización en su totalidad (las empresas periodísticas) y el nivel interorganizacional e institucional.
En este caso, hablemos de las mediaciones que se dan a nivel individual y que condicionan la construcción de las noticias por parte de los periodistas. De acuerdo con Enrique Sánchez Ruiz (1992), una mediación es una conexión causal que puede ser observada en los procesos reales, cuando en virtud de un contacto en una zona de articulación, un proceso social es influido por otro(s), cambiando o reforzando el flujo de acontecimientos.
En un nivel individual o profesional de la producción noticiosa, los periodistas están condicionados por factores como su grado de preparación académica, su experiencia, su conocimiento especializado o no de la fuente o área de cobertura, sus prejuicios, su ideología, sus limitaciones de recursos y su dimensión ética –que marca una línea frente a la corrupción-, entre otros aspectos.
Los periodistas buscan todos los días información novedosa, llamativa y de interés general. Y en este proceso, tropiezan con mediaciones como los filtros humanos, como el caso de los funcionarios que no permiten el acceso directo a una fuente de información, como una autoridad del Gobierno, de manera que en muchas ocasiones las noticias pueden cambiar radicalmente dependiendo de si se tuvo o no acceso a la fuente, de si hay o no respuestas claras a las preguntas planteadas por el periodista.
Otras mediaciones son las que están dadas por la capacitación, el conocimiento y el grado de especialización en los temas que atañen al área de cobertura. Estas mediaciones tienen una incidencia directa, porque los grados de conocimiento influyen desde la misma pregunta que hace el periodista para obtener la información, y en la medida en que este tenga más preparación y conocimiento sobre los temas, tendrá otra perspectiva de análisis y buscará otro tipo de respuestas, así como presentará con más precisión las informaciones que reúna. También los prejuicios y las ideologías personales de los periodistas actúan como determinaciones mediadoras, pues se llega con predispoción hacia ciertos temas y se corre el riesgo de que las simpatías personales influyan en la interpretación de los hechos.
Por otro lado, las limitaciones de los recursos condicionan la producción de noticias, pero hay algo más importante: la dimensión ética de los periodistas. La actitud que asumen frente a las tentaciones de la corrupción, del poder, de los amigos y las conveniencias, es determinante para las noticias, ya que en la medida en que el periodista se aparte del camino de la ética, el público recibirá informaciones menos ciertas y menos honestas.
Es necesario comprender y valorar la dimensión individual de los periodistas, asumir el desafío de formar comunicadores más preparados, más éticos y menos limitados por sus propias precariedades o las impuestas por las empresas y el sistema institucional. Si no se crean las condiciones para tener periodistas especializados y honestos, si no reconocemos el esfuerzo y no premiamos a los que buscan superarse con dignidad, la ciudadanía seguirá recibiendo informaciones de baja calidad, con noticias de contenido dudoso y sufriendo una desinformación que podría ser evitada.
(*) Periodista
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domingo, 8 de julio de 2007
Bibliotecas medievales
Por Héctor Farina (*)
El desafío de impulsar una educación de primer nivel para formar una sociedad más preparada tropieza con numerosas limitaciones de diferente naturaleza, como la escasa inversión del Gobierno, la falta de una planificación educativa seria, las bibliotecas obsoletas, los docentes poco preparados, el escaso acceso a computadoras e Internet, el elevado costo de los libros, la falta de apoyo a la investigación científica, entre otros puntos resaltantes. Todo esto en el contexto de la pobreza y las precariedades que afectan al Paraguay.
De todas estas limitaciones, tomemos el caso de las bibliotecas para tratar de graficar cómo afectan directamente a la educación. Cómo primer paso conviene preguntarnos, ¿cuántas bibliotecas de acceso público hay en el país?, ¿qué tan fácil es acceder a ellas? y ¿qué tan actualizadas están?
Es evidente que en el Paraguay no existen muchas bibliotecas disponibles para la gente que quiere instruirse; al contrario, son más bien pocas, con ofertas limitadas, con enredados sistemas burocráticos que limitan el acceso a los libros, y sobre todo con escasa renovación y actualización de los textos. Las bibliotecas públicas, como las de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), la Biblioteca Nacional , y otras similares, se parecen más a cementerios de conocimientos fósiles, en donde si bien hay mucho que aprender, todo corresponde a la prehistoria y no a las necesidades de una sociedad en constante cambio. Son como las bibliotecas medievales, donde se escondía o “guardaba” el conocimiento para que sólo unos pocos tengan acceso. Allí están los tesoros de la antigüedad, los archivos milenarios, pero recluidos en espera de que alguien los rescate.
Queda claro que en el país existen muy pocas bibliotecas buenas al alcance de la gente y que para acceder a los libros se deben superar numerosos obstáculos. Por ejemplo, en las bibliotecas de las universidades o entidades privadas se tienen requisitos como la pertenencia a tal o cual grupo, el pago de aranceles y otras exigencias, de manera que, generalmente, estas opciones quedan limitadas para pequeños grupos que pueden cumplir con las condiciones establecidas.
Es evidente que el país necesita con urgencia una política educativa agresiva, que sirva para construir una sociedad más preparada. Y se debe empezar por poner la educación al alcance de la gente, por facilitarle el acceso a la cultura, a los libros.
Como ciudadanos debemos exigir que el Gobierno implemente una política de bibliotecas públicas, que estas se extiendan al interior del país y que se realice una actualización permanente de los libros. El Gobierno tiene recursos suficientes para destinar una parte de su presupuesto a la actualización de las bibliotecas obsoletas y a la compra de libros, así como puede tomar medidas que fomenten la impresión de textos educativos a bajo costo.
Y además de exigir al Gobierno que cumpla con su obligación de promover la educación, como ciudadanos podemos asumir una postura más crítica a favor de la cultura: por ejemplo podríamos exigir a las universidades y colegios que no cobren aranceles por el derecho de uso de las bibliotecas, si al final estas no son actualizadas, ya que no vale la pena pagar por algo que nos limita antes de ayudarnos.
Si sabemos que existen los recursos necesarios, ya sea que vengan del sector público o del privado, la consigna debe ser construir una política educativa que realmente ponga la educación al alcance de la gente. Ya basta de esconder los libros.
(*) Periodista
http://www.vivaparaguay.com/
El desafío de impulsar una educación de primer nivel para formar una sociedad más preparada tropieza con numerosas limitaciones de diferente naturaleza, como la escasa inversión del Gobierno, la falta de una planificación educativa seria, las bibliotecas obsoletas, los docentes poco preparados, el escaso acceso a computadoras e Internet, el elevado costo de los libros, la falta de apoyo a la investigación científica, entre otros puntos resaltantes. Todo esto en el contexto de la pobreza y las precariedades que afectan al Paraguay.
De todas estas limitaciones, tomemos el caso de las bibliotecas para tratar de graficar cómo afectan directamente a la educación. Cómo primer paso conviene preguntarnos, ¿cuántas bibliotecas de acceso público hay en el país?, ¿qué tan fácil es acceder a ellas? y ¿qué tan actualizadas están?
Es evidente que en el Paraguay no existen muchas bibliotecas disponibles para la gente que quiere instruirse; al contrario, son más bien pocas, con ofertas limitadas, con enredados sistemas burocráticos que limitan el acceso a los libros, y sobre todo con escasa renovación y actualización de los textos. Las bibliotecas públicas, como las de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), la Biblioteca Nacional , y otras similares, se parecen más a cementerios de conocimientos fósiles, en donde si bien hay mucho que aprender, todo corresponde a la prehistoria y no a las necesidades de una sociedad en constante cambio. Son como las bibliotecas medievales, donde se escondía o “guardaba” el conocimiento para que sólo unos pocos tengan acceso. Allí están los tesoros de la antigüedad, los archivos milenarios, pero recluidos en espera de que alguien los rescate.
Queda claro que en el país existen muy pocas bibliotecas buenas al alcance de la gente y que para acceder a los libros se deben superar numerosos obstáculos. Por ejemplo, en las bibliotecas de las universidades o entidades privadas se tienen requisitos como la pertenencia a tal o cual grupo, el pago de aranceles y otras exigencias, de manera que, generalmente, estas opciones quedan limitadas para pequeños grupos que pueden cumplir con las condiciones establecidas.
Es evidente que el país necesita con urgencia una política educativa agresiva, que sirva para construir una sociedad más preparada. Y se debe empezar por poner la educación al alcance de la gente, por facilitarle el acceso a la cultura, a los libros.
Como ciudadanos debemos exigir que el Gobierno implemente una política de bibliotecas públicas, que estas se extiendan al interior del país y que se realice una actualización permanente de los libros. El Gobierno tiene recursos suficientes para destinar una parte de su presupuesto a la actualización de las bibliotecas obsoletas y a la compra de libros, así como puede tomar medidas que fomenten la impresión de textos educativos a bajo costo.
Y además de exigir al Gobierno que cumpla con su obligación de promover la educación, como ciudadanos podemos asumir una postura más crítica a favor de la cultura: por ejemplo podríamos exigir a las universidades y colegios que no cobren aranceles por el derecho de uso de las bibliotecas, si al final estas no son actualizadas, ya que no vale la pena pagar por algo que nos limita antes de ayudarnos.
Si sabemos que existen los recursos necesarios, ya sea que vengan del sector público o del privado, la consigna debe ser construir una política educativa que realmente ponga la educación al alcance de la gente. Ya basta de esconder los libros.
(*) Periodista
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domingo, 1 de julio de 2007
Cumbres subterráneas
Por Héctor Farina (*)
La última Cumbre del Mercosur dejó exactamente lo que desde siempre se esperaba que deje: promesas de buena voluntad y postergaciones de los temas importantes para el Paraguay. Mientras los mandatarios en su acostumbrado gesto de diplomacia (hipocresía en términos comunes) emiten un “comunicado conjunto”, para llenar los espacios de la prensa, y posan como “hermanos” para las fotos, la realidad nos indica - más allá de estas representaciones mediáticas- que la situación de injusticia seguirá como si nada hubiera ocurrido, como si las cumbres no fueran otra cosa que un circo montado para distraernos de los verdaderos problemas.
Desde hace años que las cumbres del Mercosur no son más que ritos simbólicos que ya no representan la voluntad verdadera de hermanar a los países, ni de superar las injusticias ni las asimetrías. Son ritos que sabemos que van a quedarse en ritos, en actos simbólicos que ya nadie cree, en declaraciones retóricas hipócritas que no sirven ni como manto de piedad para cubrir la falsedad de los acuerdos que no se cumplen.
Un país empobrecido y sometido a groseras injusticias, que sufre la imposición de trabas a su desarrollo, que vive peleando por sobrevivir mientras sus “socios” tratan de asfixiarlo, ya no puede tolerar este tipo de teatros de la falsedad. El Paraguay ya no puede tener fe en promesas de cambio y en las “buenas intenciones” plasmadas en documentos. Ya no puede creer en socios del Mercosur como Brasil y Argentina, porque la realidad injusta que soportamos los paraguayos nos golpea en la cara todos los días, desde hace años.
Los paraguayos ya no podemos vivir de promesas, pues mientras se espera el cumplimiento seguimos soportando el robo de la energía eléctrica de Itaipú y el cobro de intereses delincuenciales por parte del Brasil; seguimos soportando las trabas que impone este país a las exportaciones paraguayas, al tiempo que invade el mercado paraguayo con sus productos de contrabando; se sigue esperando un comercio justo pero en contrapartida se tiene un intento de matar al comercio paraguayo, como en el caso de Ciudad del Este.
¿Cómo podemos creer en promesas oficiales, cuando la realidad nos indica que Argentina prefiere dejar que la producción paraguaya se pudra en la frontera antes que cumplir con los acuerdos de libre tránsito? Cómo se puede creer en este "socio", si con la represa de Yacyretá opera igual que el Brasil con Itaipú, es decir saca provecho a costa de empobrecer injustamente a un país ya de por sí empobrecido, como el Paraguay.
Sólo en un mundo kafkiano podría darse el absurdo de que ahora en más estos países decidan cumplir los acuerdos y portarse como los “hermanos” que dicen ser, en un gesto de fraternidad. Está claro que no habrá ningún cambio favorable para el Paraguay hasta que este decida tomar una actitud radical y firme con respecto a las injusticias: no debemos volver a negociar en tanto no cumplan lo que prometieron. De nada sirve que los acuerdos y comunicados conjuntos pinten un cuadro, cuando este es desmentido por las injusticias de todos los días.
El Paraguay debe dejar en claro que su soberanía y su dignidad no están en venta: si Brasil y Argentina no dejan de lado los abusos, no se debe tolerar que traten de comprarnos con promesas, que encima no se cumplen. El Paraguay debe hacer causa común con el Uruguay, otro país pequeño perjudicado en el Mercosur, y no apoyar más iniciativas en el bloque hasta tanto los países más grandes respeten los acuerdos y permitan un comercio libre de productos, hasta que dejen de imponer medidas que asfixian a las economías menores, y hasta que dejen de robar la energía y los recursos de los países por medio de la usura y los contratos leoninos. Si no tomamos esta actitud como país, los grandes seguirán en la cumbre y nosotros en el nivel subterráneo.
(*) Periodista
http://www.vivaparaguay.com/
La última Cumbre del Mercosur dejó exactamente lo que desde siempre se esperaba que deje: promesas de buena voluntad y postergaciones de los temas importantes para el Paraguay. Mientras los mandatarios en su acostumbrado gesto de diplomacia (hipocresía en términos comunes) emiten un “comunicado conjunto”, para llenar los espacios de la prensa, y posan como “hermanos” para las fotos, la realidad nos indica - más allá de estas representaciones mediáticas- que la situación de injusticia seguirá como si nada hubiera ocurrido, como si las cumbres no fueran otra cosa que un circo montado para distraernos de los verdaderos problemas.
Desde hace años que las cumbres del Mercosur no son más que ritos simbólicos que ya no representan la voluntad verdadera de hermanar a los países, ni de superar las injusticias ni las asimetrías. Son ritos que sabemos que van a quedarse en ritos, en actos simbólicos que ya nadie cree, en declaraciones retóricas hipócritas que no sirven ni como manto de piedad para cubrir la falsedad de los acuerdos que no se cumplen.
Un país empobrecido y sometido a groseras injusticias, que sufre la imposición de trabas a su desarrollo, que vive peleando por sobrevivir mientras sus “socios” tratan de asfixiarlo, ya no puede tolerar este tipo de teatros de la falsedad. El Paraguay ya no puede tener fe en promesas de cambio y en las “buenas intenciones” plasmadas en documentos. Ya no puede creer en socios del Mercosur como Brasil y Argentina, porque la realidad injusta que soportamos los paraguayos nos golpea en la cara todos los días, desde hace años.
Los paraguayos ya no podemos vivir de promesas, pues mientras se espera el cumplimiento seguimos soportando el robo de la energía eléctrica de Itaipú y el cobro de intereses delincuenciales por parte del Brasil; seguimos soportando las trabas que impone este país a las exportaciones paraguayas, al tiempo que invade el mercado paraguayo con sus productos de contrabando; se sigue esperando un comercio justo pero en contrapartida se tiene un intento de matar al comercio paraguayo, como en el caso de Ciudad del Este.
¿Cómo podemos creer en promesas oficiales, cuando la realidad nos indica que Argentina prefiere dejar que la producción paraguaya se pudra en la frontera antes que cumplir con los acuerdos de libre tránsito? Cómo se puede creer en este "socio", si con la represa de Yacyretá opera igual que el Brasil con Itaipú, es decir saca provecho a costa de empobrecer injustamente a un país ya de por sí empobrecido, como el Paraguay.
Sólo en un mundo kafkiano podría darse el absurdo de que ahora en más estos países decidan cumplir los acuerdos y portarse como los “hermanos” que dicen ser, en un gesto de fraternidad. Está claro que no habrá ningún cambio favorable para el Paraguay hasta que este decida tomar una actitud radical y firme con respecto a las injusticias: no debemos volver a negociar en tanto no cumplan lo que prometieron. De nada sirve que los acuerdos y comunicados conjuntos pinten un cuadro, cuando este es desmentido por las injusticias de todos los días.
El Paraguay debe dejar en claro que su soberanía y su dignidad no están en venta: si Brasil y Argentina no dejan de lado los abusos, no se debe tolerar que traten de comprarnos con promesas, que encima no se cumplen. El Paraguay debe hacer causa común con el Uruguay, otro país pequeño perjudicado en el Mercosur, y no apoyar más iniciativas en el bloque hasta tanto los países más grandes respeten los acuerdos y permitan un comercio libre de productos, hasta que dejen de imponer medidas que asfixian a las economías menores, y hasta que dejen de robar la energía y los recursos de los países por medio de la usura y los contratos leoninos. Si no tomamos esta actitud como país, los grandes seguirán en la cumbre y nosotros en el nivel subterráneo.
(*) Periodista
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domingo, 24 de junio de 2007
El Mercosur y sus injusticias de siempre
Por Héctor Farina (*)
La nueva Cumbre del Mercosur sorprende al Paraguay en una situación ya habitual desde que se inició el funcionamiento del bloque comercial: los acuerdos no se cumplen y continúan las eternas trabas para la exportación de los productos nacionales. Desde que se consolidó la alianza regional de países con la firma del Tratado de Asunción, en 1991, la suerte del Paraguay definitivamente no ha sido la mejor: mientras los países grandes se enriquecen y gozan de los beneficios del bloque, los países pequeños como el nuestro tienen que lidiar con miles de trabas injustas que agudizan las asimetrías y aumentan las desventajas.
El libre tránsito de los productos -uno de los supuestos logros en el Mercosur- se cumple sólo cuando los productos brasileños invaden el Paraguay, cuando el contrabando se adueña libremente del mercado nacional o cuando se permite el ingreso legal de los productos para respetar los acuerdos. Se cumple cuando la mercadería argentina ingresa sin obstáculos, cuando nadie dice nada porque pasan libremente vinos, aceite y otros productos de dudosa procedencia.
Pero el libre tránsito se termina cuando a nosotros nos toca exportar, cuando en nuestra ingenuidad creemos que los acuerdos se cumplen para todos, en igualdad de condiciones. El libre tránsito se vuelve relativo cuando un producto paraguayo tiene competitividad y puede hacerle frente a la producción del Brasil o la Argentina. El libre tránsito existe cuando podemos exportar materia prima para que ellos abastezcan sus industrias, pero se vuelve relativo cuando queremos exportar productos con valor agregado: entonces nunca se dan las condiciones porque siempre surgen “requisitos” nuevos (trabas) que no se pueden cumplir.
El Mercosur “funciona” cuando la industria metalúrgica brasileña invade el mercado paraguayo con sus productos terminados, cuando se lleva toda la materia prima y deja desabastecida a la industria paraguaya, cuando sus empresas pueden operar libremente en el territorio nacional. Pero curiosamente no funciona cuando los metalúrgicos paraguayos quieren exportar productos elaborados o hacer obras de ingeniería, montar tanques o tan siquiera vender clavos.
Tampoco funcionan los acuerdos cuando la industria plástica nacional les gana en competitividad y quiere vender sus productos. O cuando los ensambladores de motocicletas quieren aprovechar las ventajas de un mercado común. El resultado es el mismo: el libre tránsito de los productos está sometido a la decisión de los socios mayores, Brasil y Argentina, que pasan por encima de las reglas establecidas para imponer las propias, o para amoldar las reglas a su conveniencia.
Los resultados están a la vista: las empresas y los productores paraguayos no han mejorado gracias al bloque y continúan sufriendo la injusticia de la opresión de los “socios”. Si las autoridades paraguayas siguen manteniendo una política exterior pusilánime y entreguista, las cosas no cambiarán y seguirán proliferando las injusticias comerciales y las “Cumbres” que no sirven más que para fotos que ya nadie quiere ver.
A 16 años de la fundación del Mercosur, y ante una situación de empobrecimiento e injusticia, ya no se puede tolerar que todo siga bien en los acuerdos y mal en la realidad. Se requiere de posturas firmes y no sobornables, de actitudes contundentes, como por ejemplo no volver a negociar acuerdos que no se cumplirán, ni hacer concesiones en tanto los países grandes no respeten los derechos que legítimamente tenemos como socios del bloque.
(*) Periodista
http://www.vivaparaguay.com/
La nueva Cumbre del Mercosur sorprende al Paraguay en una situación ya habitual desde que se inició el funcionamiento del bloque comercial: los acuerdos no se cumplen y continúan las eternas trabas para la exportación de los productos nacionales. Desde que se consolidó la alianza regional de países con la firma del Tratado de Asunción, en 1991, la suerte del Paraguay definitivamente no ha sido la mejor: mientras los países grandes se enriquecen y gozan de los beneficios del bloque, los países pequeños como el nuestro tienen que lidiar con miles de trabas injustas que agudizan las asimetrías y aumentan las desventajas.
El libre tránsito de los productos -uno de los supuestos logros en el Mercosur- se cumple sólo cuando los productos brasileños invaden el Paraguay, cuando el contrabando se adueña libremente del mercado nacional o cuando se permite el ingreso legal de los productos para respetar los acuerdos. Se cumple cuando la mercadería argentina ingresa sin obstáculos, cuando nadie dice nada porque pasan libremente vinos, aceite y otros productos de dudosa procedencia.
Pero el libre tránsito se termina cuando a nosotros nos toca exportar, cuando en nuestra ingenuidad creemos que los acuerdos se cumplen para todos, en igualdad de condiciones. El libre tránsito se vuelve relativo cuando un producto paraguayo tiene competitividad y puede hacerle frente a la producción del Brasil o la Argentina. El libre tránsito existe cuando podemos exportar materia prima para que ellos abastezcan sus industrias, pero se vuelve relativo cuando queremos exportar productos con valor agregado: entonces nunca se dan las condiciones porque siempre surgen “requisitos” nuevos (trabas) que no se pueden cumplir.
El Mercosur “funciona” cuando la industria metalúrgica brasileña invade el mercado paraguayo con sus productos terminados, cuando se lleva toda la materia prima y deja desabastecida a la industria paraguaya, cuando sus empresas pueden operar libremente en el territorio nacional. Pero curiosamente no funciona cuando los metalúrgicos paraguayos quieren exportar productos elaborados o hacer obras de ingeniería, montar tanques o tan siquiera vender clavos.
Tampoco funcionan los acuerdos cuando la industria plástica nacional les gana en competitividad y quiere vender sus productos. O cuando los ensambladores de motocicletas quieren aprovechar las ventajas de un mercado común. El resultado es el mismo: el libre tránsito de los productos está sometido a la decisión de los socios mayores, Brasil y Argentina, que pasan por encima de las reglas establecidas para imponer las propias, o para amoldar las reglas a su conveniencia.
Los resultados están a la vista: las empresas y los productores paraguayos no han mejorado gracias al bloque y continúan sufriendo la injusticia de la opresión de los “socios”. Si las autoridades paraguayas siguen manteniendo una política exterior pusilánime y entreguista, las cosas no cambiarán y seguirán proliferando las injusticias comerciales y las “Cumbres” que no sirven más que para fotos que ya nadie quiere ver.
A 16 años de la fundación del Mercosur, y ante una situación de empobrecimiento e injusticia, ya no se puede tolerar que todo siga bien en los acuerdos y mal en la realidad. Se requiere de posturas firmes y no sobornables, de actitudes contundentes, como por ejemplo no volver a negociar acuerdos que no se cumplirán, ni hacer concesiones en tanto los países grandes no respeten los derechos que legítimamente tenemos como socios del bloque.
(*) Periodista
http://www.vivaparaguay.com/
domingo, 17 de junio de 2007
Los "logros" macroeconómicos
Por Héctor Farina (*)
Los empresarios, por medio de sus respectivos gremios, hicieron público su reclamo al Gobierno paraguayo de “mantener intactos” los logros macroeconómicos obtenidos hasta ahora, de manera que no sean destruidos por el electoralismo que está en boga con miras a las elecciones presidenciales del año próximo. Puesto que se ha desatado la “guerra” de proselitismo, populismo y despilfarro, tanto en el interior como en el exterior de los partidos y movimientos, los empresarios temen que el carnaval político se lleve la relativa estabilidad de los grandes números de la economía.
El temor de los empresarios está justificado, porque la experiencia nos dice que -como cumpliendo la profecía del eterno retorno- cíclicamente volvemos al punto en el cual los gobiernos de turno toman al Estado como botín para financiar las millonarias campañas que les permitirán permanecer unidos al poder, o ante la pérdida inminente de dicho poder buscan exprimir al máximo las ya empobrecidas arcas de un país rico. No es raro que se desvíen recursos sociales hacia el proselitismo, que priven de medicamentos a los hospitales para regalarlos en seccionales, ni que se meta mano a las reservas o a cualquier “lata” de donde puedan sacar fondos para sus campañas.
El empresariado tiene razón en su temor, pero su postura es muy endeble, cuestionable y pusilánime. El tenor tibio de la defensa se pierde en medio de los tantos discursos que caracterizan a las campañas proselitistas. Los políticos ni siquiera tomarán en cuenta las declaraciones coyunturales de los líderes empresariales, porque saben que al final estos mismos empresarios irán mansitos a ponerse de acuerdo con el gobierno al que le toque el turno de llevar las riendas del país.
Los empresarios piden ahora que se mantengan los “logros macroeconómicos”, pero no tuvieron el coraje de plantarse, exigir y trabajar para que esos logros se conviertan en mejoras reales para los ciudadanos comunes. Se quedaron conformes viendo que los grandes números los beneficiaban, en tanto nunca esa mejoría llegó a la microeconomía, es decir a los consumidores minoristas, a la gente. Apoyaron la ley de “impuestazo”, que impuso nuevos gravámenes a la población, ya que en ese momento mantenían un romance con el gobierno porque sus empresas facturaban entre 30% y 40% más. Mientras ellos ganaban dinero, poco les importó que el poder de compra de los consumidores sea cada vez menor, que los pequeños comercios, como los almacenes, vayan desapareciendo y que el ciudadano no sienta en su bolsillo las mejoras que ellos tanto defienden. No quisieron comprender que tener un consumidor empobrecido, a la larga sería lo peor para todos.
Si bien los números de la macroeconomía (inflación, tasas de desempleo, interés, ingresos, etc) son importantes para un país, por sí solos no garantizan una mejoría para sus habitantes. Recuerden el caso de México, que en 1994, al momento de ingresar al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA en inglés), tenía los mejores indicadores macroeconómicos, como la mayor captación de inversión extranjera directa del mundo, pero estos logros hicieron que, por otro lado, más de la mitad de la población mexicana, que ya era pobre, se empobreciera todavía más. Y poco tiempo después, pese a los “logros”, la economía mexicana se derrumbó (efecto tequila) y este país tuvo que quedar atado a los créditos internacionales para cubrir su déficit.
Si los empresarios paraguayos quieren logros para el país, deben exigir mucho más que un “mantenimiento” de la macroeconomía. Deben tomar actitudes desarrollistas que generen crecimiento para todos y no sólo hacer tibias declaraciones que serán olvidadas cuando el Gobierno los llame a negociar. El empresariado no tiene posturas firmes, pues basta con unas promesas oficiales para que se queden conformes y apoyen medidas que no benefician sino a unos pocos. No existe un destino de desarrollo claro, una política seria de los empresarios para el crecimiento del país, sino posturas tibias que se van cambiando y acomodando conforme a los intereses de turno y los beneficios de coyuntura.
(*) Periodista
http://www.vivaparaguay.com/
Los empresarios, por medio de sus respectivos gremios, hicieron público su reclamo al Gobierno paraguayo de “mantener intactos” los logros macroeconómicos obtenidos hasta ahora, de manera que no sean destruidos por el electoralismo que está en boga con miras a las elecciones presidenciales del año próximo. Puesto que se ha desatado la “guerra” de proselitismo, populismo y despilfarro, tanto en el interior como en el exterior de los partidos y movimientos, los empresarios temen que el carnaval político se lleve la relativa estabilidad de los grandes números de la economía.
El temor de los empresarios está justificado, porque la experiencia nos dice que -como cumpliendo la profecía del eterno retorno- cíclicamente volvemos al punto en el cual los gobiernos de turno toman al Estado como botín para financiar las millonarias campañas que les permitirán permanecer unidos al poder, o ante la pérdida inminente de dicho poder buscan exprimir al máximo las ya empobrecidas arcas de un país rico. No es raro que se desvíen recursos sociales hacia el proselitismo, que priven de medicamentos a los hospitales para regalarlos en seccionales, ni que se meta mano a las reservas o a cualquier “lata” de donde puedan sacar fondos para sus campañas.
El empresariado tiene razón en su temor, pero su postura es muy endeble, cuestionable y pusilánime. El tenor tibio de la defensa se pierde en medio de los tantos discursos que caracterizan a las campañas proselitistas. Los políticos ni siquiera tomarán en cuenta las declaraciones coyunturales de los líderes empresariales, porque saben que al final estos mismos empresarios irán mansitos a ponerse de acuerdo con el gobierno al que le toque el turno de llevar las riendas del país.
Los empresarios piden ahora que se mantengan los “logros macroeconómicos”, pero no tuvieron el coraje de plantarse, exigir y trabajar para que esos logros se conviertan en mejoras reales para los ciudadanos comunes. Se quedaron conformes viendo que los grandes números los beneficiaban, en tanto nunca esa mejoría llegó a la microeconomía, es decir a los consumidores minoristas, a la gente. Apoyaron la ley de “impuestazo”, que impuso nuevos gravámenes a la población, ya que en ese momento mantenían un romance con el gobierno porque sus empresas facturaban entre 30% y 40% más. Mientras ellos ganaban dinero, poco les importó que el poder de compra de los consumidores sea cada vez menor, que los pequeños comercios, como los almacenes, vayan desapareciendo y que el ciudadano no sienta en su bolsillo las mejoras que ellos tanto defienden. No quisieron comprender que tener un consumidor empobrecido, a la larga sería lo peor para todos.
Si bien los números de la macroeconomía (inflación, tasas de desempleo, interés, ingresos, etc) son importantes para un país, por sí solos no garantizan una mejoría para sus habitantes. Recuerden el caso de México, que en 1994, al momento de ingresar al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA en inglés), tenía los mejores indicadores macroeconómicos, como la mayor captación de inversión extranjera directa del mundo, pero estos logros hicieron que, por otro lado, más de la mitad de la población mexicana, que ya era pobre, se empobreciera todavía más. Y poco tiempo después, pese a los “logros”, la economía mexicana se derrumbó (efecto tequila) y este país tuvo que quedar atado a los créditos internacionales para cubrir su déficit.
Si los empresarios paraguayos quieren logros para el país, deben exigir mucho más que un “mantenimiento” de la macroeconomía. Deben tomar actitudes desarrollistas que generen crecimiento para todos y no sólo hacer tibias declaraciones que serán olvidadas cuando el Gobierno los llame a negociar. El empresariado no tiene posturas firmes, pues basta con unas promesas oficiales para que se queden conformes y apoyen medidas que no benefician sino a unos pocos. No existe un destino de desarrollo claro, una política seria de los empresarios para el crecimiento del país, sino posturas tibias que se van cambiando y acomodando conforme a los intereses de turno y los beneficios de coyuntura.
(*) Periodista
http://www.vivaparaguay.com/
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